Al fracaso opositor contribuyó poco apoyo de “independientes”

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El poder detrás del trono: Horacio Cartes y Juan Carlos “Calé”Galaverna, en el festejo del triunfo colorado el domingo pasado en la junta de gobierno de la ANR. El lema de Santiago Peña, el nuevo presidente es: “Santi al gobierno, HC al poder”.

Escribe: Luis Alen.

La oposición dividida tendió la alfombra roja para el triunfo arrollador de la ANR el pasado domingo 30 de abril, resaltando en todo el proceso electoral el poco aporte de los “independientes” a la causa del cambio político, como fue el caso del líder altoparanaense Miguel Prieto, intendente de Ciudad del Este, favoreciendo así la chance de los colorados que confirmaron el continuismo de la mano de Horacio Cartes, quien fortalece así su condición de “Patrón” del poder fáctico y legal, pese a las denuncias de Estados Unidos en su contra.

 

Tardíos son los lamentos como la denuncia de un posible masivo fraude electoral, que ahora esgrimen los seguidores de Paraguayo Cubas para desconocer los resultados del TREP, que es la transmisión rápida de resultados preliminares a la espera del juzgamiento definitivo de las actas comiciales.

Llama la atención la reacción intempestiva de los “payistas” en contra del veredicto del Tribunal Electoral, que incluso fue aceptado por el candidato opositor mejor posicionado Efraín Alegre de la Concertación Nacional a la vista de sus magros números frente a la ANR, después de reconocer su derrota la noche del mismo domingo casi en simultáneo a los festejos en la casa de los colorados por el nuevo presidente electo Santiago Peña.

Porque este resultado, que ya fue avalado incluso por la comunidad internacional, se veía venir desde el momento que la oposición no logró unirse detrás de un solo candidato y de un programa común ya el año pasado, desaprovechando la oportunidad histórica para desalojar del poder a la ANR, y especialmente a HC, quien fue el gran ganador de la jornada electoral.

La Concertación Nacional, pese al reconocimiento de la derrota por parte de Alegre, solicitó a la Justicia Electoral la verificación del 10 por ciento de las mesas en cada local electoral, tomando en forma aleatoria los boletines de voto resguardados en el sobre N° 4 a cargo de los juzgados electorales, así como una auditoría internacional del software informático utilizado en las máquinas de votación.

Todo ello para dar mayor transparencia al juzgamiento de las actas electorales, pero la razón principal sería disminuir la tensión provocada por el reclamo del “payismo”, que se ha convertido en la tercera fuerza política, arañando el segundo lugar del liberalismo y poniendo en riesgo en el futuro hasta al mismo primer lugar colorado, si es que Payo lleva a cabo un liderazgo que le conduzca después a negociaciones políticas exitosas en el Congreso, donde su esposa Yolanda Paredes fue elegida para el Senado junto a otros cuatro integrantes de Cruzada Nacional.

Los resultados demostraron, por otra parte, que una oposición unida derrotaría fácilmente a la ANR, ya que sumando los votos de Alegre y Cubas se sobrepasaría los 1.500.000 votos, que es la mayoría necesaria para ganar con el 51 por ciento del total de votantes que asistieron masivamente a la histórica jornada democrática.

Los votos para Santi Peña fueron 1.292.079, unos 90 mil más que la votación de 2018 para Marito Abdo, con un 43 por ciento de los votos, casi igual al porcentaje alcanzado en segundo lugar, hace cinco años, por la alianza opositora liderada también aquella vez por Alegre, quien ahora tuvo una estrepitosa fuga de votantes del orden de 300.000 sufragios, lo que le resultó fatal, quedando prácticamente sólo con su voto “duro” liberal y alcanzando nada más que un 28 por ciento del total (830.842 votos) con Payo Cubas pisándole los talones con el 23 por ciento (692.663 votos)

 

Sin aporte “independiente”

La estrategia de Efraín Alegre con la Concertación era por supuesto captar el voto independiente y el juvenil, pero llamativamente no ocurrió tal cosa, de acuerdo a los resultados del domingo 30. Con el acompañamiento de Soledad Núñez y la promesa de un decisivo aporte en votos del movimiento Yo Creo en Alto Paraná, liderado por el intendente de Ciudad del Este, Miguel Prieto, se esperaba que los votantes descontentos con el sistema, los independientes y los jóvenes, formarían una arrasadora marea anti-ANR. Sin embargo, esto no aconteció.

Quien hizo una muy buena elección fue en cambio Payo Cubas, lo que lleva a pensar que al no integrarse a la Concertación, el polémico abogado y exsenador nacional más bien favoreció la chance colorada y de Santi Peña, es decir de su mentor HC, al dividir a primera vista los votos opositores, toda vez que ni Euclides Acevedo ni José Luis Chilavert tuvieron el más mínimo apoyo popular como sí lo tuvo Cubas ampliamente.

El gran problema opositor fue la imposibilidad de superar los personalismos para construir una alternativa seria y vencer así la hegemonía colorada de 70 años, incluido el paréntesis luguista de 4 años, con lo cual se podría edificar otro modelo de Estado diferente al actual ligado al prebendarismo, la concentración de la riqueza y que sea más progresista, volcado a satisfacer las ansias de un mejor nivel de vida para la gran mayoría de la población pobre y marginal de la República.

Los colorados también quedaron nada más que con su voto “duro”, sin el aporte renovador de la juventud, lo que indica que la gran mayoría del cambio se volcó hacia Payo Cubas, quien logró así aglutinar el voto descontento con el sistema y el voto castigo de los mismos republicanos. 

Miguel Prieto trató de explicar el fracaso opositor culpando de alguna forma a Efraín Alegre de no aceptar las condiciones de Payo Cubas, entre ellas ir a una encuesta para definir la cabeza de la dupla presidencial, pero con ello se demuestra una vez más que privilegiar el “ego” de la dirigencia resultó en una apuesta nefasta que no condice con la gran responsabilidad de poner en primer lugar al país.

Pero también apareció con toda nitidez que el electorado independiente, joven y el inclinado por la figura de Cubas, no tuvo en cuenta que “la única solución” ofrecida por el payismo de Cruzada Nacional, era elevar la figura de Payo hasta alcanzar una relevancia mayor a la hora de negociar espacios de poder en el próximo Congreso, con el fin de lograr la gobernabilidad que necesitará imperiosamente Santi Peña, teniendo en cuenta la previsible división colorada entre el cartismo y el abdismo ahora posiblemente liderado por el senador electo Luis Pettengill. Esto, pese a que la ANR contaría con mayoría propia tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados.

Quedó así para una próxima oportunidad la verdadera “única solución” de un programa concertacionista de gobierno que incorpore realmente a la gran mayoría de la población a los beneficios del crecimiento económico y social inclusivo, como era la propuesta gubernamental esbozada por el equipo de la Concertación de Efraín, como fruto del exigente trabajo de elaboración del plan de gobierno, con el aporte de casi 200 expertos de primer nivel en todas las áreas económicas, sociales, culturales y políticas.

La propuesta de gobierno fue presentada pocos días antes de las elecciones, siendo tal vez otro error de la dirigencia opositora el no poner a consideración de los votantes con mucha antelación, varios meses antes, un programa que pueda tender a una solución de los numerosos problemas de la vida cotidiana de los paraguayos, que van desde el bajo ingreso hasta un transporte público deficiente, que son todos legados de gobiernos colorados poco inclinados a mejorar la calidad de vida de la población mayoritaria, que es usada sólo como clientela para ganar elecciones, lamentablemente.

 

La próxima tarea

Luego del fracaso de la oposición en las elecciones generales, lo mejor que se puede proponer en esta instancia es la aceptación de los resultados y empezar un laborioso proceso de consolidación democrática y social, porque los opositores en ambas cámaras del Parlamento, así como en las juntas departamentales, pueden tener sin embargo un protagonismo de primer nivel para acordar con el gobierno central y con los gobiernos departamentales los planes de acción que impulsen el desarrollo nacional.

Es el caso del Movimiento Yo creo de Miguel Prieto, que por ejemplo tendrá relevancia en la junta del Alto Paraná, donde el gobernador electo colorado cartista César “Landy” Torres no tendrá mayoría propia, debiendo negociar con la oposición para la aprobación de sus planes y rendiciones de cuentas.

No es un secreto que Prieto aspira a constituirse en una figura nacional, que bien podría tener mucha influencia para la conformación del nuevo frente opositor para las próximas justas electorales. 

Pero a la vista de la experiencia última, resalta que la primera condición para que se pueda vencer a la ANR es evitar de ahora en más los personalismos e ir a la conformación de un frente unido que ponga en primer lugar al país y a la consolidación de la democracia económica y social que tenga como primera misión la inclusión de la ciudadanía en un proceso de desarrollo armónico y sostenible en el tiempo.

La presión de las manifestaciones y cierres de rutas del payismo, sólo para culpar al supuesto fraude como la explicación del triunfo colorado, sin asumir las fallas en el proceso de unidad opositora y las falencias en el apoyo de los “independientes” como los de Prieto, no es la salida adecuada al problema de la exclusión social.

La gran tarea que viene es la búsqueda de la verdadera solución, como es la superación de los personalismos y la ida a un programa común bien explicado al electorado para sacar al país del atolladero en que se encuentra.

El discurso efrainista antimafia, contra la corrupción y la impunidad, dirigido básicamente contra el Patrón HC, ha sido necesario para insistir en el fortalecimiento de las instituciones, principalmente la Fiscalía y el Poder Judicial, pero lo que la ciudadanía está exigiendo también es la urgencia de superar los números de la pobreza, la falta de empleos, la informalidad y el poco acceso a los beneficios del progreso económico. 

Allí está la clave de un programa opositor que aglutine todo el clamor antisistema que encarna Payo Cubas y al que Miguel Prieto también podrá sumarse, pero superando las consideraciones personalistas, con el fin de construir un nuevo bloque opositor único que pueda triunfar en los próximos comicios. 

De momento, sólo queda calmar los nervios de los manifestantes, con una autocrítica que incorpore la promesa de la construcción de un proceso diferente en la oposición, participativo y que vigile de cerca la gestión gubernativa colorada que se inicia, de tal forma a acompañar también la posibilidad que Santi Peña se vaya desprendiendo de la atadura de permanecer sujeto a los intereses del Patrón, es decir su mentor Horacio Cartes.

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