Escribe: Luis Alen.
El acontecimiento político relevante de los últimos días fue la denuncia realizada por el diputado Ramón Duarte, del Frente Guasu, sobre la bravuconada del presidente Horacio Cartes en una reunión social, en la que se despachó en forma descontrolada contra sus opositores de la disidencia colorada y especialmente de la izquierda, a la que identificó como aliada o propiciadora del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP).
La desubicación presidencial comenzó con el hecho de que el lugar elegido por HC fue una reunión social de cumpleaños de uno de los parlamentarios presentes juntamente con sus familiares. El mismo Duarte estaba acompañado por su hija menor de edad.
La destemplada actitud del jefe de Estado no hubiera pasado a mayores si es que no fuera acompañada, deliberadamente o no, de evidentes signos de estar alcoholizado y por la forma prepotente en que hizo parar la música para luego dirigirse a los presentes con fuertes epítetos, la mayoría de ellos dirigidos al Frente Guasu y específicamente al diputado de dicha agrupación política presente en la cita social.
Duarte dijo en la sesión de la Cámara de Diputados, que Cartes no hizo honor precisamente a su investidura presidencial, sino que, al contrario, profirió toda clase de palabras y frases amenazantes, por lo que responsabilizó al presidente de lo que le pueda pasar a él y a sus familiares a partir de ahora.
Si HC sorprendió a todos en la reunión y hasta hizo llorar al diputado en la sala de sesiones, puso de manifiesto a la vez lo que ya ha venido advirtiendo esta misma columna desde principios de año, cuando se pudo observar el verdadero rostro del “nuevo rumbo”, que es la insaciable búsqueda del poder total por parte del cartismo.
En realidad, lo que le hizo llorar al diputado Duarte no fue precisamente el tono amenazante de HC en presencia de su hija, sino la impotencia que se nota en la oposición honesta y en la sociedad, ante el avance de la hegemonía autoritaria, una especie de stronismo de nuevo cuño, que están protagonizando Cartes y su equipo de gerentes y asesores empotrados en el Gobierno.
El verdadero nuevo rumbo
El presidente Horacio Cartes eligió el camino del control total del Estado y los negocios, al percibir probablemente que no tenía otra alternativa ante amenazas reales de desestabilización, como representan tanto el EPP como el poder narco. Pero la emergencia de estos desafíos al poder del Estado le vinieron como anillo al dedo a HC con el fin de consolidar a su vez un plan de permanencia en el poder vía reelección, siendo la injerencia directa en la interna del partido Colorado, desarrollada a lo largo de 2015, parte de una estrategia destinada a tal fin.
Cuando se hablaba de la presencia de los gerentes y asesores del Grupo Cartes como “eminencias grises” detrás de los directivos de ministerios y entes estatales al principio de la administración cartista, se entendía esto no como un deseo de copamiento del Gobierno con fines hegemónicos del empresario-presidente, sino como una desinteresada incursión de los técnicos de confianza que en el sector privado han tenido experiencia exitosa en la gestión de las empresas del jefe de Estado.
Evidentemente que administrar un país es muy diferente a gestionar empresas privadas. Tras dos años de gobierno, está claro que no fue precisamente la buena gestión el objetivo esencial de los gerentes al crear una especie de gabinete paralelo, sino de coadyuvar al fin principal de hilvanar todos los hilos del poder a través del control de los negocios estatales, llevando a cabo así la subordinación al poder de HC de las fuentes de recursos que antes manaban hacia los políticos, que pasaron a depender así de la buena o mala voluntad de los gerentes según la cara de los clientes.
Una prueba de que los buenos resultados no eran la prioridad de la gestión de los gerentes de HC, ha sido la drástica reducción de la inversión pública en obras, rutas e infraestructura, en el primer año de gobierno, con resultados altamente desfavorables para un crecimiento mayor de la economía, en momentos en que los recursos eran imprescindibles para aliviar los efectos de la recesión en los países vecinos y la contracción económica mundial.
Al frenar el drenaje de recursos hacia quienes detentaban anteriormente el poder, léase liberales y luguistas, se infringió a su vez un grave daño a la economía del país, que prácticamente se paralizó en varios sectores.
Otra demostración de la verdadera naturaleza del nuevo rumbo cartista, es el reconocimiento de Cartes de que financió la campaña política colorada con su propio bolsillo. Deslizó una verdad a medias cuando dijo que ya no se utilizan recursos del Estado en las contiendas electorales, lo que se demostró con el escaso oxígeno de los disidentes colorados y de la paupérrima exposición de fuerza económica del resto de la oposición.
Sin embargo, no todo salió de la billetera de HC, porque el cartismo también se benefició con el control de los recursos del Estado y por la presencia de los gerentes de HC en los entes públicos, en los que pueden digitar los distintos negocios y contrataciones que se realizan a partir del uso de las inversiones estatales.
El copamiento del poder
Una vez que el cartismo prácticamente asegurara su protagonismo hegemónico en la política, ganando la interna colorada de julio y desmantelando toda posibilidad de oxigenación económica por parte de la oposición, la consecuencia casi natural es que el empresariado prácticamente se halla con mucho temor de que alguna manifestación contraria al poder de HC le signifique la pérdida de potenciales negocios emanados del Estado.
Con esta situación deviene el control total sobre el poder ejecutivo de la República, de los demás poderes del Estado y la economía. Falta sólo saber cómo acometerá el duro escollo de la inseguridad, que es cada vez mayor y con una sociedad sumida en el temor por la ola de asaltos violentos a mano armada en plena luz del día, al mismo tiempo que se tiene la sensación de que el EPP ganó la guerra con las fuerzas policiales y militares en el norte.
De la ofensiva hacia el poder total de HC también forma parte la compra de medios, como una comprobación de que resulta necesario controlar una parte importante de la prensa, de forma tal a ir asegurando la permanencia en el poder.
Hasta aquí hasta parecería lógico que Cartes tratara de reforzar su poder ante los desafíos del EPP, el poder narco o la inseguridad galopante en las ciudades, o hasta para frenar el repunte de la izquierda en las encuestas, ante el fracaso en la gestión de gobierno.
El problema está en que el proceso político actual controlado por el presidente se enmarca en un plan autoritario que se orienta a ir controlando todos los sectores de la sociedad, con el ánimo de eliminar cualquier disidencia fuerte que le impida hacer realidad su idea de haber llegado para quedarse en el gobierno de la República más allá de 2018.
Si a ello se agrega que HC reaccione en forma desequilibrada, apareciendo subido de copas en una reunión social como ha sido la denuncia del diputado Duarte, se está en presencia de un peligroso proceder que pondría en zona de quiebre a la misma democracia, por el riesgo de que el jefe de Estado tome decisiones sin estar en plena posesión de sus facultades mentales.
Se tendría así el cóctel explosivo conformado por el poder autoritario y el alcohol, con lo que no está fuera de lugar lo dicho por el senador Hugo Richer, del Frente Guasu, que sugirió a HC realizarse un estudio médico sobre su adicción, con un posterior tratamiento. Si no lo hace, según refirió, se podría acusar al presidente de no estar a tono con su alta investidura y su obligación de servir a la nación estando en sus cabales.
Por ahora en la disidencia colorada y en la oposición se dice que es una enfermedad, la que exhibe el presidente, pasible de tratamiento y cura. Pero para el cartismo y sus voceros de prensa, la oposición armó un melodrama barato con miras a descalificar al Gobierno y de paso sumar adherentes para las elecciones. Incluso se llegaron a mofar del llanto del diputado, pese a que éste demostrara sobradamente que sí estaba en posesión de sus facultades mentales al realizar la denuncia contra HC, y que sólo fue presa de la emoción al mencionar a su familia.
Cabe preguntarse, después del intento del Gobierno de poner paños fríos al incidente, qué otros episodios similares podrían producirse en el futuro con el presidente “enfermo”, y si en el Congreso se animarían a proponer una comisión investigadora para conocer los pormenores del avance autoritario y hegemónico de Cartes con su gabinete paralelo de gerentes, el origen y el destino de su dinero en la política, sus negocios fronterizos como el cigarrillo y el tema de su capacidad para dirigir el país teniendo presente una causal de inhabilidad que podría provenir de su posible mal estado de salud.























Facebook Comentarios