El calendario nos convoca hoy a una conmemoración que trasciende la simple acumulación de los días. Un 7 de julio de 2005, el entonces Semanario Primera Plana asomaba por primera vez a la vida pública. Hoy, veintiún años después, aquel bautismo de tinta y papel cumple un aniversario más de existencia indoblegable, consolidado como un faro de resistencia civil y compromiso inquebrantable con sus principios fundacionales.
El trayecto no ha estado exento de tempestades. Sostener una línea editorial independiente en tiempos de zozobra es un acto de valentía que suele concitar el asedio de presiones exógenas. Sin embargo, frente a los intentos de torcer nuestro rumbo, este medio ha elegido el camino de la firmeza, bregando sin descanso por una nación profundamente comprometida con la democracia, la transparencia y el respeto irrestricto al estado de derecho.
La historia reciente nos demuestra que cada administración de turno trae consigo la sombra de sectores retrógrados; organizaciones del poder fáctico que intentan perpetuar la impunidad y anteponer los intereses sectarios por encima de la Constitución y las leyes. Esta degradación institucional, que lamentablemente ha echado raíces en Paraguay y en varios rincones de América Latina, constituye un sistema perverso que urge erradicar. Postergar esta depuración democrática solo condenará a nuestra patria al aislamiento internacional, asimilándola a modelos tiránicos como los que tristemente flagelan a naciones hermanas del hemisferio.
Nacido bajo el calor regional pero con una innegable proyección nacional, Primera Plana ha sabido transitar por el sendero de la tolerancia y la verdad. Incluso frente a desafíos inéditos como la crisis sanitaria global del Covid-19, el medio demostró su capacidad de resiliencia: hace poco más de seis años,cuando el papel físico se despidió para dar paso a una renovada arquitectura digital. Cambió el formato, alteró el soporte, pero la esencia permaneció intacta.
En una realidad lacerante donde la corrupción amaga con institucionalizarse, donde la ética parece confinada a los diccionarios y los valores se invierten de forma grotesca, este medio renueva su promesa de coherencia. Los antivalores de la época no han hecho mella en nuestro espíritu. Al contrario, han templado nuestro carácter y agudizado nuestro combustible moral para seguir construyendo un Paraguay más justo.
El porvenir ciertamente deparará senderos tortuosos y barreras que simularán ser infranqueables. Lejos de amedrentarnos, esos obstáculos redoblarán nuestros esfuerzos para honrar el pacto social suscrito con la ciudadanía aquel julio de 2005. Continuaremos enarbolando la bandera de la libertad de expresión y de opinión, vigas maestras sobre las cuales se edificará, tarde o temprano, la aurora de una nueva patria.
A veintiún años de nuestra aparición, la marca Primera Plana es ya una huella indeleble en la construcción ciudadana. Al abrazar la era digital, renovamos nuestro pacto de fidelidad con los lectores internautas, asegurándoles que nuestra voz seguirá siendo libre e invariable.
Vaya nuestro más profundo agradecimiento a los auspiciantes que confían en nuestro proyecto, a los compañeros de trabajo que sostienen este ideal día a día, y a todos aquellos que hicieron posible el nacimiento de este bastión periodístico.
Por el pasado compartido y el futuro que nos desafía: ¡Salud para todos!





























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