Brasil rechaza Acaray: un motivo más para ir a generación térmica

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Escribe: Luis Alen.

Tanto Argentina como Brasil obstaculizan la exportación de la energía generada por la represa Acaray, a precios de mercado, por el temor que tienen de que el Paraguay termine solicitando más electricidad de las hidroeléctricas binacionales de Yacyretá e Itaipu.

El Ministerio de Minas y Energía de Brasilia acaba de sincerarse, explicando la postura oficial del Gobierno vecino sobre las posibilidades que tiene el Paraguay de exportar su excedente energético.

Sin rodeos, los brasileños afirman que existe un “riesgo” en la operación planteada por la firma Mercosul Energy, que propuso importar 200 MW de la represa Acaray de la Ande, a un precio de US$ 120 MWh, y que comparando con el de US$ 60 MWh que paga Brasil en Itaipu, resulta el doble, poniendo en evidencia la injusticia que se comete con nuestro país al regir un precio en la binacional muy por debajo del mercado mayorista.

El “riesgo” es una intromisión directa del Gobierno  brasileño en la política energética paraguaya, cuando señala que “después del análisis, entendemos que esa importación altera el balance energético de aquel país (Paraguay), desplazando energía que podría ser destinada a su mercado propio, de esa forma aumentando el riesgo de disminuir la cantidad de energía disponible de Itaipu para el Brasil”.

Añade que, cuanto mayor es la cantidad de electricidad que Brasil recibe de Itaipu, menor es el costo de la tarifa que paga, agregando que de concederse la autorización solicitada, se estaría desvirtuando el modelo de comercialización vigente en el mercado brasileño.

El “sincericidio” del Gobierno de Brasilia demuestra a las claras la nula voluntad de los vecinos de cumplir con el acuerdo Lula-Lugo del 25 de julio de 2009, que estableció la libre comercialización de la energía excedente del Paraguay, tanto en Itaipu como en otras fuentes de generación.

Indica también la total sujeción de la política energética paraguaya a los dictados de los intereses brasileños.

Lo mismo ocurre con la Argentina, que utiliza casi la totalidad de la generación de Yacyretá. En varias oportunidades, los argentinos tampoco autorizaron el paso de la energía de Acaray por las redes del país vecino –en igual cantidad de 200 MW-  con destino al Uruguay, también con seguridad por el “riesgo” de que Paraguay termine solicitando mayor cantidad de energía de la usina binacional.

Romper la dependencia

Aparece así con total nitidez que el Paraguay no tiene otra opción que romper la dependencia de los países vecinos en materia energética, ya que las represas binacionales se convirtieron en factores que obstaculizan el desarrollo nacional, en vez de constituirse en palancas para el crecimiento del país.

La única salida es modificar la matriz energética nacional aumentando la generación térmica de electricidad, a través de la importación del gas boliviano, o por medio del mismo hidrocarburo extraído alguna vez en cantidades comerciales en el Chaco paraguayo.

Con el incremento de la capacidad generadora térmica, tanto el Brasil como la Argentina ya no pondrían trabas para las exportaciones de energía hacia el mercado regional y se tendría también la reserva necesaria como para atender el constante crecimiento de la demanda interna motivada por el incremento del Producto Interno Bruto en la economía.

Tanto la crisis económica como los costos más bajos de la generación hidroeléctrica de Itaipu y Yacyretá, inciden notablemente para que Brasil y Argentina destaquen como un “riesgo” para su seguridad energética que el Paraguay se proponga utilizar más la energía que le corresponde en las binacionales.

 

Por lo tanto, la planificación del Gobierno paraguayo y de la Ande debe proponerse en los próximos diez años el aumento significativo del parque generador térmico, de tal forma a combinar en la matriz energética tanto la electricidad procedente de las hidroeléctricas como de la generación a partir del gas natural o del petróleo.

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