Ciudadanía no debe volver a elegir a quienes les han robado por años

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Escribe: Luis Alen.

El ejemplo de los estudiantes de la UNA, que lograron desalojar a la cúpula universitaria del rectorado y a varios decanos de facultades, debiera servir de ejemplo a los ciudadanos que votarán en las elecciones del 15 de noviembre, para un necesario cambio. El “efecto dominó” tan temido por el mismísimo Gobierno de Horacio Cartes.

Tiene que haber una especie de “voto protesta” en contra de los gobiernos locales acusados en su mayoría por malversación de fondos o de manejo administrativo desprolijo, sin alguna rendición de cuentas que se parezca aunque sea un rudimentario informe sobre objetivos y resultados en la gestión.

La reelección de algunos intendentes con numerosas denuncias de corrupción, como en el caso emblemático de Ciudad del Este, ya sería el colmo del desinterés de los votantes por su propia suerte, ya que no va a ser la primera vez que, como se suele decir, la ciudadanía apuesta nuevamente por sus verdugos, o, para simplificar, por quienes le roban sus sueños, su futuro o su progreso.

Es verdad que la oposición muchas veces no ha sabido estar a la altura de lo que se esperaba de ella en términos de buena gestión o de transparencia en su administración, pero tratándose de CDE y después del unicato Z de casi 15 años, es el momento del despertar ciudadano, para dar oportunidad a un cambio que se avizora podrá ser el cimiento de una nueva época para la principal urbe del este del país.

La campaña se calienta

Después de varios meses de un tranquilo devenir en la campaña, de pronto ésta se calienta con un presidente Cartes poniendo toda la carne en el asador a favor de los candidatos colorados, especialmente en aquellos lugares en donde el caballo del comisario parece renguear, como en Asunción y algunas localidades del departamento Central.

Hasta surgen episodios aislados de violencia asesina, como en Caazapá, lo que demuestra que, de repente, el oficialismo no se siente seguro de una victoria contundente que lleve a pintar de rojo la mayoría de los 249 municipios de la República, lo que sería indudablemente un apoyo fundamental para HC, dada su intención de intentar el rekutú junto a la otra cuestionada candidatura izquierdista de Fernando Lugo.

Aparte de poner nuevamente de manifiesto que Cartes no tiene reparos en aportar en forma generosa a la campaña electoral colorada, como ya ocurriera en la interna y en las generales de 2013 e incluso antes de éstas, cabe preguntarse cómo es posible que la oposición o la misma disidencia colorada, aún no se ponen a integrar una comisión parlamentaria investigadora del origen de los recursos utilizados por HC para financiar el proselitismo colorado.

El presidente podrá decir que es dinero de su bolsillo, pero de igual manera quedan por aclarar dos cosas: si ese aporte es o no legal de acuerdo con lo dispuesto por la Ley de Financiamiento Político, y, por consecuencia, de dónde proviene el dinero, de las finanzas personales de HC o de negocios del grupo de sus empresas con el propio Estado, o peor aún, de algunas actividades ilícitas de las que se le acusa al propio jefe de Estado.

A Cartes no le cabe otra alternativa que seguir sumando victorias en su andar invicto por las lides electorales, y de allí su identificación con la suerte de los candidatos comunales colorados. Pero, ¿qué pasará si pierde en Asunción o no logra “coloradizar” las alrededor de 100 comunas en poder de la oposición actualmente?

La riesgosa apuesta de HC

Asediado por la “primavera” estudiantil, las protestas crecientes de campesinos y trabajadores, la falta de resultados ante la delincuencia desbordada y el EPP, el desinfle del crecimiento económico y la creciente deuda externa ligada al déficit fiscal, una derrota electoral será probablemente el principio del fin del cartismo, que así difícilmente se animará a intentar el inicio del proceso para la reelección en 2018.

Todo esto explica la fuerte apuesta de HC, que ve como su único camino continuar con la acumulación de poder, sin importarle el buen o mal gerenciamiento de su Gobierno, especialmente el área económica y en obras de infraestructura, que ya tienen una lentitud desesperante, a pesar de todos los recursos externos puestos a su disposición con los bonos soberanos, por US$ 2.000 millones, en dos años, de los cuales aún no fueron usados casi US$ 500 millones.

A estas alturas, y por acción u omisión del propio presidente, las elecciones del 15-N se van convirtiendo en un virtual plebiscito de la gestión presidencial, con denuncias que se acumulan en contra del proceder de HC de inmiscuirse nuevamente en la contienda política y descuidando el delicado frente de la gestión gubernamental, que cada día más se va llenando de una imagen de inmovilismo que ya ni las encuestas pagadas por el gobierno lo pueden disimular.

Y más daño a la honorabilidad y decoro de la investidura presidencial lo hace también el guiño ex profeso del jefe del Ejecutivo al apoyar candidaturas municipales acusadas de graves actos de corrupción. Si aún no están condenados por la Justicia, como es la justificación hallada para no levantar “calumnia y difamación”, por lo menos en homenaje a la ciudadanía estos políticos debían haber dado un paso al costado y renunciar, a la espera del veredicto de los jueces.

 

Y no sólo eso, sino también extremar los recaudos para la recuperación del dinero del pueblo que ha sido malversado. Que ya parece mucho pedir después de tantos años de corrupción en la administración pública, donde son poquísimos los casos en que hubo alguna devolución de lo robado al erario nacional.

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