Crimen organizado se apoderó del país

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Se habla, desde el Gobierno, de la alardeada “marca país”, que en los últimos tiempos se vio empañada por sucesos políticos o delictivos que echan por tierra la idea de captar inversionistas, interesados en desarrollar su capital en el Paraguay.

Como si no bastase el conflicto político, últimamente se sumó la inseguridad ciudadana, donde el crimen organizado pareciera que se posiciona con fuerza en el territorio nacional, con raíces de poderosos grupos delictivos del Brasil, como los denominados Comando Vermelho (CV) y el Primer Comando Capital (PCC).

Esto quedó demostrado con lo sucedido en la madrugada del lunes en Ciudad del Este, cuando un grupo comando de 40 hombres asaltó la sede de la empresa de caudales Prosegur, llevándose un botín de 40 millones de dólares. La banda criminal sitió la capital departamental, hizo lo que quiso, y los organismos de seguridad del Gobierno ni se hicieron sentir (sic).

El panorama socio-político y económico del Paraguay no es de lo mejor. Se intentó violar la Constitución, la corrupción dispara de manera alarmante y la ola delictiva creció de forma vertiginosa, posicionando a esta República entre los países de mayor inseguridad en Latinoamérica.

Esto hace que la mirada puesta en Paraguay por importantes inversionistas se desvanezca, porque la inseguridad, en todo sentido, ahuyenta a cualquier empresario interesado en colocar su dinero en esta nación sudamericana. La confianza ha perdido fuerza, y tampoco el Gobierno trabaja para devolver la credibilidad y así captar a potenciales capitalistas.

La gestión de Cartes ha entrado en picada, desde que el mismo se obsesionó por la reelección presidencial, quien empujado por un grupo de personas de su entorno más inmediato le hizo pisar la línea roja y estaba a punto de quebrar el estado de derecho, al intentar por la vía ilegal la aprobación de un proyecto de enmienda, que está prohibida en la actual Carta Magna del Paraguay.

Hoy recobrando la razón, el mandatario debe dedicarse a arreglar un poco su desaliñada casa, que abandonó casi en tu totalidad para priorizar una ambición personal, que finalmente no se concretó, por presión de la ciudadanía y fuerzas exógenas. Ésta última habría sido la mayor presión que hizo declinar en su intención a Horacio Manuel Cartes Jara.

Es urgente y necesario que retorne la tranquilidad en la ciudadanía. Hoy pareciera que estamos en poder de bandas criminales, donde la seguridad se tornó un artículo de lujo en el Paraguay. El miedo se apoderó del pueblo, mientras el sistema de control del Gobierno no funciona y no actúa. Se nota una alta ineficiencia de quienes están al frente de la Policía Nacional y el Ministerio del Interior.

 

Llamativamente ha crecido de manera superlativa el crimen organizado en el Paraguay, que tiene como principal epicentro a la capital  amambayense, Pedro Juan Caballero, y que lentamente va trasladándose a otros distritos fronterizos, como Ciudad del Este, y si el Gobierno no toma medidas rápidas se irá expandiendo por todo el territorio nacional.

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