La incómoda verdad sobre los niños paraguayos, es ese drama que no vemos, porque nos hemos acostumbrado a desviar la mirada cuando ellos son maltratados, explotados, abusados o prostituidos a plena luz del día y ante nuestra hipócrita y cómplice ceguera.
A nuestro endurecido corazón le es difícil imaginar siquiera lo que un niño sufre con todas las indecibles experiencias de cerca de 500 mil niños que, según una encuesta de la Dirección de Estadística, Encuestas y Censos reveló, están en situación de trabajo infantil.
Estos están obligados realizar tareas laborales de gente grande, o explotados sexualmente para que puedan comer. No son aquellos que bajo la guía protectora y amable de sus padres acompañan como aprendices de alguna actividad, se trata de niños que en situación de calle son atrapados por el mercado laboral ilegal y dentro de esa corriente, se hacen víctimas de atropellos que denigran su condición de infantes y pierden la oportunidad de prepararse para la adultez.
A más de las actividades físicas superiores a su fuerza, son agriamente maltratados y heridos emocionalmente.
Cada día miles de niños y niñas y adolescentes del Paraguay se despiertan para vivir otra jornada de sufrimiento, son los niños sin infancia. Cabe preguntar ¿Qué tipo de adultos serán?
Los niños y adolescentes incorporados ilegalmente a la actividad laboral legal o ilegal, generalmente pertenecen a hogares desestructurados, de hecho el mal abrigo de la faena fuera de sus casas, les resulta más llevadero que el infierno y el hambre dentro de ellas.
El 61% de los niños y adolescentes paraguayos es víctima de violencia y maltratos en el hogar, ejercidos por los padres, según una encuesta difundida por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
La investigación reveló que los castigos físicos y la violencia emocional, como las humillaciones verbales, son considerados formas culturalmente aceptables de “educación”. Del total de niños encuestados, 35 por ciento reportó ser víctima de castigos físicos graves, 13 por ciento de violencia leve y otro 13 por ciento de violencia psicológica. “Los maltratos graves eran golpes con objetos, cintos, palos, arreadores, patadas, quemaduras y algún tipo de asfixia”, aclara el informe.
El maltrato infantil está penado por ley, pero ¿quién defiende a los niños del Paraguay?
ONGs, Secretarías gubernamentales, municipales, organizaciones religiosas y hasta observadores internacionales se ufanan de trabajar a favor de nuestros niños, pero el 61% de los niños paraguayos está sufriendo algún tipo de abuso. Lo que se siente aquí es que hay mucho ruido y pocas nueces, y mucho menos de conciencia, sobre la importancia que representa la infancia para el futuro del país.
Escribe: José Martínez





























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