Juego del “gato y el ratón”

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Los permanentes entredichos entre la cuestionada intendente de Ciudad del Este, Sandra McLeod de Zacarías y una mayoría de los concejales comunales, más parece a un juego del “gato y el ratón”, sin generar, hasta ahora, ningún beneficio importante para la población paranaense.

Muy por el contrario, lo único que produce es más desconcierto e impaciencia en la ciudadanía esteña, que desde hace años viene luchando por la transparencia administrativa de la municipalidad y por ende conseguir el anhelado crecimiento de esta localidad fronteriza, que se ha quedado en el tiempo, a raíz de un grupo de autoridades egoístas y apátridas.

Hoy se puede decir con absoluta certeza que el ejecutivo municipal se encuentra acéfalo. La jefe comunal se maneja con absoluto hermetismo a la hora en que debe abordar y afrontar las problemáticas de la institución, que atraviesa por profunda crisis económica, sin que se pueda saber a dónde fueron a parar los recursos genuinos de la comuna, que tiene un presupuesto anual  que supera los 53 millones de dólares (305.000 millones de guaraníes aproximadamente).

Sandra McLeod está acostumbrada a la lisonja y la adulonería por parte de su rebaño. Esta práctica aprendió, con nota excelente, de su marido Javier Zacarías Irún, cuyos acólitos son totalmente genuflexos a sus órdenes. Pero, como no hay mal que dure cien años, tras una década y media, el clan perdió el control de la Junta Municipal, a lo que le es difícil acostumbrarse, de vivir y trabajar en el disenso. (sic).

Durante 15 años se oyó en la municipalidad de Ciudad del Este la misma cantinela, pero el clan Zacarías se resiste a convivir en la pluralidad. El jefe del clan, como lleva en su cromosoma el autoritarismo, no acepta y no quiere permitir que la Junta Municipal solicite algunos informes al ejecutivo comunal.

Durante una década y media, el clan sólo se limitó a ordenar y no cumplir órdenes. Pero hoy las reglas de juego se invirtieron, y necesariamente este grupo dominante deberá ajustarse a las disposiciones legales, establecidas en la ley.

Los habitantes de este distrito fronterizo están ansiosos de observar resultados en terreno. Pero las autoridades municipales no pasan de las discusiones bizantinas, que lo único que produce es un mayor desconcierto en la comunidad.

Los ediles de este nuevo mandato tienen la obligación de rectificar rumbo. Hay muchas cosas torcidas que tienen que ser enderezadas, a pesar de la titánica oposición del clan Zacarías, que prioriza la defensa de sus intereses particulares sobre los generales.

Ya van más de dos meses (15 de diciembre/2015) de la asunción de las nuevas autoridades comunales, sin que hasta hoy se haya sentido en terreno importantes concreciones, más allá del tire y afloje, entre concejales y la intendenta Sandra McLeod, quien está sumida en una iliquidez de caja, que le imposibilita honrar las cuentas pendientes, tanto con funcionarios, proveedores y los préstamos bancarios. ¿Y a dónde fue a para el dinero público?.

 

La jefa municipal tiene la obligación de responder y aclarar esto. Pero van 15 años que nadie obtiene respuesta al respecto, y tampoco las instituciones pertinentes (Contraloría, Fiscalía, etc.) se preocupan en investigar, porque el clan se mueve en la más absoluta impunidad. Llegó la hora de la sacudida y que termine el juego del “gato y el ratón”.

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