Escribe: Luis Alen.
El caso Messer está complicando sobremanera el fin de mandato de Horacio Cartes y su intención de seguir en el Parlamento con suficiente poder como para condicionar la gobernabilidad del próximo gobierno. Mientras crecen las sospechas de que el poder cartista ha venido alentando la consolidación de un feroz lavado de dinero proveniente de la corrupción política en Brasil, existe el peligro de provocar el enojo de Donald Trump, a lo que no desearía estar expuesto para nada el nuevo gobierno de Marito.
El caso de mega lavado de dinero del “Lava Jato”, con epicentro en el vecino país pero que cuenta con fuerte ramificación en el nuestro, hasta el punto que ya se puede hablar en lenguaje folklórico de un “Lava Fato” criollo, podría ser un factor clave para que los estrategas del equipo Añetete de Mario Abdo revean su sorprendente sumisión a los dictados de HC, y así no provean los votos para aceptar la renuncia a la presidencia de Cartes, evitando así su posterior juramento como senador activo en la nueva legislatura que inicia sus sesiones el 1 de julio próximo.
Con este cambio de actitud, estarían alineándose a los deseos del “gran país del Norte”, de tender de una buena vez hacia el final de la gran “lavandería” de dinero sucio en que se ha convertido lamentablemente el Paraguay.
Cuando fue aceptada la imposición cartista de la vicepresidenta Alicia Pucheta, se daba por descontado además que el siguiente paso sería la presentación de la renuncia por parte de Horacio y su aprobación por la misma cantidad de votos en el Congreso que recibiera la ex ministra de la Corte Suprema. Pero, ¡oh sorpresa! el esperado anuncio de HC en coincidencia con su mensaje por el Día de la Independencia y el Día de la Madre, no aconteció, develando que no se tienen los votos, que casi con seguridad corresponderían a los de Colorado Añetete.
¿Qué pasó? ¿Hasta aquí llegó el abrazo republicano entre Cartes y Abdo? Sin embargo, voceros del cartismo se apresuraron a salir en coro por los medios a asegurar que los votos están y que sólo faltaría ajustar algunos detalles. Los abdistas, por su lado, no se animaron ni siquiera a decir “esta boca es mía”, por lo que todo queda a cargo de las especulaciones de los analistas y de los corrillos políticos de café.
La cuestión está en el quórum que aporten los senadores, un total de 23, para realizar la sesión del Congreso, porque con Diputados no existiría ese problema, a juzgar por la votación habida en ocasión de la elección de Pucheta. Un total de 27 senadores avalaron a la candidata impuesta por HC, de los cuales siete fueron de Colorado Añetete. Si éstos en bloque o en su defecto cinco de ellos, se abstuvieran de asistir a la próxima sesión, Cartes no tendría los votos necesarios para asegurar que le acepten la renuncia, por lo que tendría que continuar hasta el 15 de agosto y esperar jurar con el nuevo Senado posteriormente, si es que también logra reunir los votos necesarios.
Entra el factor EE.UU.
El “tsunami” Messer ha sobrevenido para HC en el momento menos adecuado para su pretendido refuerzo a su poder político y para su simultánea maniobra de blindaje judicial, todo con el fin de aventar los malos presagios de una andanada de procesos que se le vienen encima.
Como no podía ser de otra manera, y repitiéndose la historia, el factor “Embajada Americana” ha entrado de nuevo como principal jugador entre bambalinas del poder paraguayo, con el agravamiento de las señales de que el país se ha convertido con Cartes en un centro internacional de lavado de dinero, que, como se sabe, se constituye así en un elemento principal para proveer de recursos financieros no sólo a las organizaciones del crimen organizado sino también a los movimientos terroristas, principalmente de Medio Oriente, que son enemigos acérrimos de la potencia norteamericana.
Los datos de la próspera “lavandería” de Messer y compinches ligados al poder de turno en Paraguay, por supuesto que no pasan desapercibidos para Estados Unidos, pese a las palabras de tranquilidad de su nuevo embajador, recientemente asumido, quien al referirse al impactante escándalo, en forma apresurada salió a decir que el caso sólo atañe a las relaciones de dos países vecinos, es decir, Brasil y el nuestro.
En coincidencia, y para no incomodar al irascible tío Donald con los números del “Lava Jato” sucursal Paraguay, HC se apresuró en mudar la embajada en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, siguiendo el reciente ejemplo norteamericano, muy criticado por el resto de los países del mundo, ya que sólo Guatemala y Honduras, con sus gobiernos que buscan quedar bien con Trump, accedieron a semejante movida que pone en primera línea a nuestro país en el conflictivo Medio Oriente, saliendo de una posición anterior más parecida a la neutralidad en el pleito palestino-israelí, sin provocar la animosidad árabe pero tampoco sin salir de la órbita de entendimiento con la potencia hegemónica o de las buenas relaciones con el Estado judío.
Por supuesto que esto no cayó muy bien en Marito y en su equipo, porque, por más que aún se está en fase de transición hacia el nuevo gobierno, HC ni siquiera consultó con la gente de Añetete para finiquitar la mudanza. Como denotando su rechazo ante tal medida inconsulta, el futuro canciller ya confirmado, Luis Castiglioni, reclamó que el nuevo equipo de gobierno debió por lo menos ser consultado antes de la movida cartista.
La medida por lo visto era de suma urgencia para Cartes, con el claro objetivo de mitigar el enojo de Washington no sólo por los números de la “lavandería” que nada más serían la punta del “iceberg” de un colosal negociado mafioso, sino por la protección evidente de Cartes a Darío Messer y su banda para perpetrar semejante daño a las instituciones del país, utilizando todo el aparato estatal-judicial-financiero oficial para tan deleznable y delictuoso fin.
No avalar la impunidad
Si aportan los votos para aceptar la renuncia de HC, con lo cual allanan el camino de Horacio para su jura como senador, los de Colorado Añetete con Marito a la cabeza, quedarán muy mal ante el Tío Sam (o Donald), por más que el embajador se esmere diplomáticamente en avisar que el caso Messer es un “asunto” que atañe sólo a las relaciones judiciales paraguayo-brasileñas.
Es que se da por descontado en las agencias de Washington (antidroga y antilavado de dinero) que un fortalecimiento del poder de HC ya desde el Congreso, imposibilitaría en forma determinante la investigación imparcial de fiscales y jueces para desmontar el entramado de las redes de protección a los criminales que tomaron nada menos que el centro del poder en el Paraguay para llevar a cabo sus fechorías de lavar el dinero procedente de los diferentes tráficos ilegales, y encima servirían además para consolidar el poder de bandas como el PCC (Primer Comando da Capital) o de la milicia libanesa pro-iraní Hezbollah, declarados contrincantes en el escenario de los intereses estratégicos de la potencia mundial.
Marito deberá viajar ahora a Estados Unidos, junto a su vicepresidente Hugo Velázquez, a realizar consultas con las altas esferas de Washington. Lo único que faltaría es que el presidente electo se presente con el hecho consumado del fortalecimiento del poder cartista y, por consiguiente, de la continuación de los esquemas de protección al lavado y a los crímenes ligados a él.
Le preguntarán también en la capital norteamericana dónde ha quedado su promesa a los electores de luchar contra la impunidad con que cuentan hoy los delincuentes internacionales amparados, como se evidencia en el caso Messer, por los “amigos” empotrados en el gobierno paraguayo.
Además de los datos ya conocidos de la protección fiscal y judicial, saltarán los informes de los lazos estrechos y de “familia” de HC con Messer, así como la información de que abogados que actualmente ocupan cargos principales en el gobierno le gestionaron al brasileño su nacionalidad paraguaya otorgada el año pasado por la Corte Suprema, así como que sus cuantiosos bienes embargados serán administrados por la Senabico (Secretaría de Bienes en Comiso), cuya titular es esposa de un abogado asesor de HC en la Presidencia.
Por de pronto, el mensaje de salutación de Donald Trump por la independencia paraguaya ha tenido la virtud diplomática del hablar entre líneas, cuando dijo que agradecía el “compromiso democrático” del gobierno saliente de HC en la posición en bloque asumida en el hemisferio contra el gobierno dictatorial de Nicolás Maduro en Venezuela.
Es decir, un “muchas gracias por los servicios prestados”, como evidente despedida a Cartes, dando la bienvenida al nuevo poder de Abdo. Evidentemente, no surtió el mínimo efecto el teatral gesto de tratar de agradar al tío Donald con el traslado de la embajada de Tel Aviv a Jerusalén.























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