Mita`i chury

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Escribe: José Martínez.

Un niño es la imagen más bella del adulto. Un mita`i, es esa promesa que deja entrever lo que aportará mañana. Un niño amado, será el pequeño que el tiempo trasformará en fundamentos sobre los que se construirá un mundo casi feliz.

Así lo entienden los papás ocupados en la tarea de amarlos, amamantarlos y educarlos. Pero muchos, a más de traerlos al mundo se han desobligados de la tarea amorosa de construirlos para ese mañana.

Autoridades municipales y nacionales, el Código de la Niñez y la Adolescencia, dicen con el discurso mentiroso sobre estos pequeñuelos que se ven por las calles, improvisando alguna ocupación, abandonados en veredas o solos llorando en sus casas, que tienen derechos, pero  no se acuerdan que todos nosotros, sin pudor o culpas los incumplimos sin castigo.

Esto es así, a pesar de contar con padres, tíos, abuelos y existan las instituciones de velar por  leyes que los proteja.

La ley Nº 1.680 es clarísima, nosotros, incluido el poder político de la república, los castigamos con el más despreciable y cruel olvido, los estamos condenando a un futuro de miseria que nos dolerá a todos. Seguimos indolentes e insensibles, dejamos que los infantes del Paraguay pobre, crezcan y se conviertan en el más amargo trago social que hoy agobia al país, ¿qué haremos mañana?, nada. Entonces será tarde. Un reo juvenil, es harina de otro costal.

El dolor de ver a los  niños de la calle tan frágiles y desprotegidos es amenazante, aún convencidos de que daríamos la vida por los hijos de nuestro hogar.

En grandes contradicciones vive la república, amamos a nuestros pequeños, pero no a los que están fuera del límite de nuestra casa. Todos hemos aceptado esa realidad, insensibles al dolor y la miseria que golpean sin piedad a los niños pobres, los que visiblemente muestran hambre, falta de salud, de amor, de niñez.

Muy a pesar de existir el código de la Niñez y la Adolescencia, Ley de la nación,  todos somos golpeadores de los derechos de los mita´i que viven en el Paraguay, nuestra crueldad desfigura el rostro inocente de los kunumi que trajinan las calles, aunque algunos duerman en una casa, sin amor, sin juguetes, sin pan, sin educación, sin salud.

Somos una sociedad desvergonzada e inconsciente, cada niño en tal situación, mañana será un adulto conflictivo y proclive a equívocos de la adultez. Y para muestra, veamos el sistema carcelario de la nación, donde albergamos el error que cometimos con ellos.

La sociedad debería dar importancia a los niños de la patria, castigar con fuerza a los intendentes que se roban el dinero de las meriendas escolares, gestando con rapidez un sistema que concrete la atención a su educación, inclusive mucho antes de que estén en las aulas.

Se debería prestar celosa atención a la calidad educativa que desarrollan maestros, que en muchos casos, son mala compañía para los infantes.

La red jurídica de la república que establece la protección de nuestra niñez, debería ser  respetada, no ser el cúmulo de leyes, alejados de la dura realidad, en la que  viven los niños del Paraguay.

 

 

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