
Escribe: José Martínez
Interpretada como la exposición de los bajos instintos sexuales de la humanidad, la pornografía, recibe un repudio generalizado por su conexión directa con la prostitución y es la aventura desenfrenada y secreta de la que ninguna figura pública sale bien parada.
Expuesta, genera opiniones de repulsión y condena, en particular en los sectores que guardan una supuesta fidelidad al decoro y a las buenas costumbres, aun que en ésta cofradía de moralistas la actitud solo sea de fachada.
Woody Allen, el cineasta y actor norteamericano, alguna vez referenció que las escenas pornográficas guardan menos violencia que cualquier serie de dibujitos infantiles y por ello consideraba que lo segundo no era menos dañino que lo primero.
En alusión a un video pornográfico que se viralizó en las redes y que involucra a un conocido político, las opiniones y debates en torno a él, expusieron la afectada e hipócrita sensibilidad de la gente que se autoproclama, de bien.
Ésa misma gente que sorprendentemente permanece absolutamente ajena a las groseros atropellos de los derechos de los niños y las niñas que son prostituidos a consecuencia de la expulsión social de sus familias.
Esa gente que por omisión o comisión directa, permite, facilita, promueve o legaliza los caminos de la explotación laboral y sexual de muchos y que no se inmuta ante la despiadada violencia que genera el hambre, la pobreza y la falta de oportunidades en niños y jóvenes del Paraguay, en ellos todo lo dicho, genera menos repudio que el video que muestra en escenas íntimas al aludido político.
No hemos viralizados videos en las que se ven a niñas en escenas sexuales con adultos, a niños violados o aborígenes prostituidos, imágenes de jóvenes paraguayas en la vidriera del sexo en internet etc.
La prostitución a la que son obligadas en España y Argentina las mujeres paraguayas como consecuencia de la falta de oportunidades trabajo y capacitación, el robo grosero de la plata pública en las instituciones del Estado, el contrabando y la vergonzosa desfachatez de muchas autoridades son contenidos que deberían movernos a la indignación, y no tan solo, un video que a lo sumo lo que muestra es un aspecto que por ser de carácter íntimo, solo debería ser de competencia para los involucrados.
El político venido a Sex Star, es mayor de edad y las escenas que fueron vistas se hicieron con su consentimiento por lo que el hecho no tiene desde ningún punto, una connotación delictuosa, salvo la edad de sus compañeras de aventura que aun está por constatarse y además, de él se conocen peores cosas y ninguna de las mismas merecieron la descalificación o el interés que ha despertado este material y no fueron viralizados jamás.
Si lo pornográfico consentido entre adultos, es repulsivo, pruebe a ver qué le parece la pornografía que muchos compatriotas están obligados a hacerlo y analicemos también las causas por la que llegaron a ese extremo.




























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