El clan Zacarías no contento con la persecución ejercida contra detractores políticos, correligionarios y funcionarios municipales que no comulgan con sus ideas, ahora su artillería descarga contra sus propios parientes, como lo ocurrido, días atrás, con Miguel “Iche” Arrúa, primo hermano de la intendenta de Ciudad del Este, Sandra McLeod de Zacarías, quien fue desalojado de su puesto de venta, ubicado en el microcentro.
Un clan perverso, liderado por Javier Zacarías Irún, que no perdona a nadie, menos aun para aquellas personas que cuestionan su política persecutoria. La última víctima es “Iche” Arrúa, hijo de la familia que le cobijó en su hogar a la hoy flamante jefa comunal de la capital del Alto Paraná, Sandra McLeod, tras quedar huérfana, luego de la trágica muerte de sus padres en un accidente de tránsito.
“Iche” Arrúa ya es un consuetudinario perseguido de su prima hermana, Sandra McLeod, quien hace un poco más de 3 años atrás, ordenó el cierre de su local de juego de azar, para permitir que gente de su entorno explote dicho negocio. Es más, en su momento, el afectado denunció que le pidieron en la Junta Municipal unos 4 mil dólares americanos para interceder sobre la medida adoptada por el ejecutivo comunal.
Con esta actitud está demostrada que a este grupo, que maneja la municipalidad local desde el 2001, no le interesa el problema social de la ciudadanía, sino su prioridad radica en seguir llenándose los bolsillos a costa del sector más humilde. El último desalojado del microcentro, pariente sanguíneo y cercano a la intendenta, fue alcanzado por el plan de reordenamiento urbanístico.
Sin embargo, hasta hoy no se observa en la práctica tal proyecto, por lo que lejos en constituirse en mejoramiento urbanístico, el sector más bien pasó a convertirse en un vertedero de basuras y desorden generalizado. Según la denuncia, la intendenta había lanzado dicho programa al solo efecto de complacer el pedido de un grupo de empresarios, molestos por la presencia de vendedores informales frente a sus respectivos negocios.
Hoy, en nombre de ese plan, la administración de Sandra McLeod ha dejado a centenares de familias en la calle y sin trabajo. El clan Zacarías no tiene un mínimo de sentimiento humano para proceder al desalojo de cualquier trabajador, y lo más grave de todo esto es que no tiene un proyecto de reubicación para esta gente, que hoy deambula por la ciudad clamando por espacio laboral, para seguir dando de comer a sus hijos.
Está más que claro que la ciudadanía ya se cansó de este clan perverso, que nada de beneficio ha generado a la población esteña, en 12 años de gobierno municipal. Javier Zacarías Irún siempre se acostumbró a realizar promesas de todos los colores, pero en la práctica nunca cumplió, a no ser cuando se avecina la campaña electoral, donde está en juego el interés político, para seguir manteniéndose al frente de la institución comunal.
Esa hipocresía del clan ha penetrado muy hondamente en la población y ésta terminó perdiendo la paciencia y la credibilidad en este grupo que maneja la municipalidad como un negocio privado, y lo peor de todo, los recursos de la institución significó para sus integrantes un salto importante en su crecimiento económico, que hoy está a la vista de propios y extraños.
El enriquecimiento del clan Zacarías alguna vez será investigado y deberán rendir cuentas de sus actos ante la justicia. Este clan dominante no tiene piedad ni de sus parientes.





























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