El nuevo gobierno que se va a instalar en el país a partir del 15 de agosto del 2018 tendrá como uno de sus principales compromisos ante la ciudadanía, combatir y acabar con la corrupción, que desde décadas viene carcomiendo el tejido social del pueblo paraguayo.
Este mal endémico ya ha causado tanto daño a los habitantes de esta parte del hemisferio sur, generando a su paso más pobreza y miseria para el Paraguay. Es sabido que no es un patrimonio exclusivo de nuestro país, pero las nuevas autoridades que tomarán el poder, próximamente, deberán demostrar una sincera voluntad política de cambiar esta práctica, y no como sus antecesores, que no avanzaron en nada en esta materia.
Sea Mario Abdo Benítez o Efraín Alegre el ungido por el pueblo paraguayo el próximo 22 de abril como presidente de la República tiene la sagrada obligación de quitar del abismo al Paraguay. La ciudadanía ya está cansada de más de lo mismo, y ya no está para soportar otros 5 años más de engaño, de burla y humillación por parte de sus autoridades.
Es hora de que aparezca un gobernante patriota, que sirva al pueblo y no servirse de él, como viene ocurriendo en cada sucesión de gobierno. Muchas promesas cuando se toma el poder, y ni el 10 por ciento es ejecutado. Pero la madurez cívica que viene adquiriendo en los últimos años la ciudadanía, ha permitido y llevado a exigir sus derechos, y lo más importante, a defender la institucionalidad de la república, como ocurrió en este gobierno de Horacio Cartes.
Se debe dejar de lado, definitivamente, el color, la religión o la divergencia coyuntural, priorizando la capacidad, el talento y la idoneidad de la persona. El próximo gobierno debe tener en agenda como tema principal el combate a la corrupción, para lo cual tiene que poner fin a la impunidad, que es terriblemente perjudicial para el desarrollo y crecimiento de una nación. El Paraguay, desde años, está corroído por este flagelo social, sin que ningún gobierno haya levantado la bandera de lucha contra este aterrador mal.
El presidente de la República que se sentará en el sillón del Palacio de López desde el 15 de agosto tiene el compromiso de honrar ese histórico sitio, con tareas conspicuas que vayan en beneficio del pueblo paraguayo. Ya no es época de discursos panegíricos, sino es tiempo de acción y de ejecución. Basta de promesas grandilocuentes, que sólo enerva más y hierve más la sangre de la raza guaraní, que ya no está para seguir tolerando a los mentirosos y corruptos.
El compromiso de un gobierno está muy por encima de cualquier abrazo o alianza coyuntural. No se puede seguir permitiendo que se siga dilapidando los recursos públicos como viene ocurriendo tanto en este gobierno como en los anteriores. Las instituciones responsables deben actuar y no ser cómplices de los facinerosos, que se enriquecen con la plata del pueblo.
Si se permite impunidad por parte de las autoridades, ellos son tan cómplices como los vaciadores de las arcas del Estado. Es hora de poner fin a los corruptos, y para eso a la hora de recibir el castigo, no debe haber padrinazgo, parentesco o amigos. El bandido es bandido y debe pagar por sus hechos. Próximo gobierno tiene que acabar con los corruptos.




























Facebook Comentarios