
Escribe: Luis Alen.
El anuncio del varias veces demorado acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, que avanzará gradualmente hacia un escenario amplio de desgravaciones arancelarias entre los dos bloques económicos más importantes del mundo, se realiza en un momento oportuno para reimpulsar la economía paraguaya, amenazada este año por una desaceleración previsible que no fue advertida a tiempo por las autoridades del país.
Resulta una buenísima noticia la posibilidad de incentivar exportaciones agrícolas y ganaderas hacia Europa, por parte del Paraguay, pero más aún lo es para lo que se viene como atracción para las inversiones europeas aquí, por la evidente competitividad paraguaya tratándose de bajos costos impositivos, la mano de obra excedente barata y, por sobre todo, la posibilidad de contar con energía abundante para procesos industriales electrointensivos.
A nadie escapa la importancia del acceso fluido a un mercado como el europeo, para procesos de industrialización de la materia prima local o de los países vecinos, con el acople de la electricidad disponible en las represas de Itaipú y Yacyretá. Son atractivos en los que estarán interesados los empresarios nacionales y extranjeros, con lo cual se abren amplias posibilidades para la retomada del crecimiento de la economía y la mayor creación posible de empleos, a través de las inversiones que podrán instalarse en nuestro territorio.
Vencer el cortoplacismo
A la vista del impulso que podrá tener el comercio con la Unión Europea, y a la vez con el resto del mundo por “efecto contagio”, el Paraguay debe llevar a cabo de una buena vez la planificación de mediano y largo plazo para la utilización plena del 50 por ciento de la energía que le corresponde en Itaipú y Yacyretá.
Para ello, se debe desterrar la práctica atávica del cortoplacismo en los manejos de los sucesivos gobiernos desde 1989, que en toda la época de la transición democrática sólo se han dedicado a planificar a un año/plazo, o han incurrido en gruesos errores de previsión de ciclos económicos recesivos, casi siempre motivados por suspensiones o cortes abruptos de obras durante los cambios de autoridades, como ha ocurrido llamativamente con la recesión de 2018-2019, casi similar a la ocurrida en 2013-2014, coincidentes con los relevos de gobiernos.
A propósito, parece que por fin las autoridades energéticas se han sacudido de su letargo de años, al promover un urgente llamado a las empresas interesadas en la adquisición de la ANDE de energía eléctrica en demanda máxima de potencia superior a los 100 MW (megavatios)
Y es que la ANDE reconoce que debe empezar a planificar la demanda de energía del gran consumo relacionado con la industrialización del país, que es el único expediente válido para que en un lapso de cinco o diez años, se llegue a utilizar toda la potencia disponible en las represas y, paralelamente, se empiece a prever también la instalación de más generadoras de electricidad, sean ellas hidroeléctricas, térmicas (en base a gas natural), o las renovables como solares y eólicas, es decir en este último caso teniendo el viento como fuente de energía.
Este llamado de la ANDE puede responder a un cambio de mentalidad auspicioso del Gobierno, que ya no está dispuesto a aceptar la presión de los países vecinos para que éstos mantengan prácticamente cautivo el excedente energético de nuestro país, utilizándolo como “reserva” para sus necesidades de energía barata, pero a la vez causando un perjuicio enorme al Paraguay, que ve transcurrir los años sin aprovechar la electricidad “ociosa” que bien le podría servir para catapultar su economía hacia niveles de mayor desarrollo industrial.
Lo bueno es que, aparentemente, con el anuncio de la ANDE también se hace el llamamiento para prever ya la demanda potencial de consumo de aquí a 2023 e incluso más adelante, con lo que se está dando una señal clara a Brasil y a la Argentina de que el Paraguay está dispuesto a planificar su desarrollo en base a todo su potencial de energía a disponer de aquí a, por ejemplo, el año 2030. Y no como ocurría anteriormente, de una mera previsión anual del crecimiento de la demanda en base al incremento inercial del Producto Interno Bruto (PIB)
Esta posición muy conservadora y a tono con las prioridades de los vecinos, vigente hasta hoy, tendrá que ser revisada radicalmente desde ahora, y más aún porque ya se nota que no convence el “globo sonda” lanzado por el presidente Jair Bolsonaro, en la última reunión con Marito Abdo, en Foz de Yguazú, en ocasión de la palada inicial para el segundo puente sobre el Paraná, cuando el mandatario anfitrión habría lanzado supuestamente la advertencia de que el Brasil no aceptaría la disminución en la “cesión” de energía paraguaya y, más todavía, porque el tiempo de “vida útil” de la represa de Itaipú no pasaría de 25 o 30 años.
En realidad, lo preocupante es que tanto el Brasil y la Argentina la mayor parte del tiempo no llegan a utilizar una buena cantidad de la energía paraguaya excedentaria, y más aún en los tramos de bajo consumo como en el horario nocturno, que podrían ser usados incluso a un costo muy conveniente por industrias que se instalen en el país.
De allí que resulta muy auspicioso que la ANDE encare con un nuevo empuje, ausente antes, la planificación del uso de la energía por parte de las electrointensivas.
El mismo presidente Marito Abdo fue enfático al expresar en una entrevista televisiva el domingo pasado, que su gobierno no aceptará ninguna imposición de los vecinos a la hora de defender los intereses nacionales sobre la afirmación de nuestra soberanía energética.




























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