Cartes ante el desafío de normalizar las relaciones con Brasil y Argentina

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El nuevo Gobierno será finalmente, una vez que asuma, el que tendrá que decidir el reingreso de Paraguay al Mecosur y a la Unasur. Es que Horacio Cartes sabe que la normalización de las relaciones con sus vecinos y con el resto de Sudamérica, servirá mucho para el éxito de su administración.
Cartes hubiera deseado que el actual Gobierno sea el que normalice dichas relaciones, pero está visto que Federico Franco no tiene la menor intención de hacerlo y deja todo el trabajo a la nueva administración que comenzará a regir los destinos del país desde el próximo 15 de agosto.
La crisis en el Mercosur ha tenido como protagonistas principales a Venezuela y Paraguay a partir del juicio político del 22 de junio pasado, con la salida del poder de Fernando Lugo y el inmediato ingreso del país caribeño al acuerdo regional prácticamente “por la ventana”, saltando el requisito de la aprobación parlamentaria paraguaya, aprovechándose los otros miembros de la suspensión aplicada al Gobierno de Asunción.
La velada y supuesta invitación realizada al presidente venezolano Nicolás Maduro para que asista a la toma de posesión de Cartes, por parte del entorno del mandatario electo, ha causado el rechazo de la mayor parte de la ciudadanía, patentizada en la repulsa manifestada en las redes sociales, pero no por ello hay que dejar de analizar la conveniencia de una “real politik” en el área sudamericana.
Sabiendo ya que sólo el nuevo Gobierno podrá decidir qué hacer con el Mercosur y la Unasur, Horacio Cartes ha señalado que el Paraguay no puede prescindir de un buen relacionamiento con sus vecinos, habiendo tantas cuestiones pendientes, especialmente en Itaipú con los brasileños y en el caso de los argentinos con la revisión de los términos financieros del Tratado de Yacyretá.
Con los últimos acontecimientos en Mercosur y la Unasur, el Gobierno de Federico Franco había llegado a identificarse en la OEA (Organización de los Estados Americanos) con la órbita manejada por el Gobierno de los Estados Unidos y con los países del área del Pacífico, Centroamérica y el Caribe. Es una especie de definición ideológica y demostración de mantenerse fiel a los intereses del Gobierno de Washington, como una lógica adhesión al viejo aliado norteamericano, más aún en momentos en que se blindaba el Paraguay ante las presiones bolivarianas.
Sin embargo, a nadie escapa que los reales intereses paraguayos están en sus relaciones económicas y fronterizas con Brasil, Argentina y Bolivia, países que ahora se encuentran en las antípodas de la definición ideológica paraguaya hacia la derecha, el área del Pacífico y los intereses norteamericanos en la región.
El presidente electo Cartes reconoce claramente que sin un trato de igual a igual con los vecinos, y con un relacionamiento capaz de superar las actuales trabas políticas que evitan llegar a acuerdos favorables en materia económica, comercial y energética, su Gobierno tendrá severos inconvenientes para mejorar el desempeño económico con miras a superar los altos niveles de pobreza que todavía subsisten en el país.
Para realizar estas urgentes tareas con los vecinos, no existe otro camino que el reingreso al Mercosur y la Unasur, solucionando de paso el problema del reconocimiento de la entrada de Venezuela al bloque regional mercosuriano a través de la aprobación en el Senado paraguayo.
En aras de estos logros políticos y económicos, Horacio tendrá que demostrar sus verdaderos quilates de estadista como líder del mayor partido político del Paraguay. Deberá aprovechar para ello el ingente caudal de adhesión ciudadana que supo reunir, lo que le dota de una gran legitimidad para decidir el mejor camino para el Paraguay en las relaciones con sus vecinos sudamericanos.

Escribe: Luis Alen
lusialgo@yahoo.com

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