Escribe: Luis Alen.
El gran responsable de la votación contraria en Diputados a la intervención de la municipalidad de Ciudad del Este es el presidente Horacio Cartes, quien con tal de mantenerse en el poder y contar con el apoyo de Javier Zacarías Irún, hace tabla rasa de su promesa de luchar por la transparencia en el manejo del Estado y decide no acompañar el pedido generalizado del pueblo esteño para realizar la investigación de las denuncias contra la administración municipal del clan.
En vísperas de la votación en la Cámara Baja sobre la intervención a la municipalidad de Ciudad del Este, el senador disidente colorado Enrique Bacchetta destapó la olla y denunció que el presidente Horacio Cartes entrega a cada diputado 37 millones de guaraníes mensuales, el equivalente al escándalo del “mensalâo” brasileño. Este “extra” que se añade a la suculenta dieta y accesorios monetarios de los legisladores, puede ser de un monto mayor aún, dependiendo de la “importancia” del asunto puesto a consideración.
Era “vox populi” que los diputados estaban recibiendo una especie de gratificación según su lealtad al Ejecutivo, siendo lo afirmado por Bacchetta sólo la confirmación del rumor, aunque le cabrá asumir al senador la responsabilidad de sus dichos, más aún cuando se sabe que toda coima es difícil de demostrar con pruebas, como ya le espetó el titular de la ANR, el diputado Pedro Alliana.
Lo que Bacchetta quiso decir además es que existen razones bien crematísticas para explicar la sumisión obediente de los diputados colorados y algunos opositores a las directivas provenientes del Ejecutivo, como ya se demostró en varios casos de proyectos de ley del interés de HC.
La liberación de votos
Pero lo que más llamó la atención fue la “liberación” de los votos colorados en el caso de la intervención a la comuna del Este, que es como decir una “votación a conciencia”, tal como la definió el diputado Alliana.
Haciendo caso a lo afirmado por Bacchetta, esta vez por lo visto la orden del Ejecutivo era dejar libre la “negociación” de los diputados entre ellos y con el directamente afectado, Javier Zacarías Irún, el líder colorado esteño cuya esposa intendenta tenía a su administración al borde de ser intervenida y por ende suspendida su gestión, tal como lo establece la Constitución.
Según los dichos de Alliana y Bacchetta, antes que nada HC se ahorró de dar una orden que supondría probablemente algún “estímulo suplementario” a los diputados, pero también cabría la posibilidad de que Zacarías Irún, con tal de salvarle a su esposa y al clan en el poder esteño, también tuviera la oportunidad de negociar con los diputados.
En una palabra, Diputados se habría convertido en un verdadero “mercado persa”, en el que el valor de los votos habría superado todo lo que se ha manejado antes en el recinto de la Cámara Baja. Esto, siempre de acuerdo a lo denunciado por Bacchetta.
Podría ser también que la liberación de los votos por parte de HC habría sido un mensaje anticipado para indicarles a los diputados que la orden del Ejecutivo era votar por la intervención, a pesar de la posición contraria del titular de la ANR, que anticipó el rechazo a la solicitud de la junta municipal de Ciudad del Este.
La posición de defensa al clan Zacarías, por parte del Partido Colorado, contradice directamente la lucha por la transparencia en la administración estatal, emprendida por el presidente Cartes, ya que existen varios puntos por aclarar entre las denuncias de gruesas irregularidades cometidas en la gestión de los Zacarías en CDE y que fueran arrimadas a la Cámara de Diputados.
Incoherencia de HC
El resultado final de la votación, contraria a la intervención, ha resultado un baldazo de agua fría a la política de lucha contra la corrupción en el Estado, que era una bandera enarbolada por HC para presentarse como la alternativa con miras a liquidar las corruptelas de la clase política.
En efecto, Zacarías Irún es uno de los exponentes típicos de la política criolla que a lo largo de los años ha logrado blindar su gestión con el beneplácito de la Contraloría, la Fiscalía y el Poder Judicial.
Lo que Cartes no tuvo fue la firmeza de presentar la intervención como un deber para con la promesa hecha a la ciudadanía de mantener su compromiso con la transparencia.
El hecho de que HC haya “liberado” los votos en vez de dar una orden directa para que los diputados colorados voten a favor de la intervención, resultó para éstos una sugerencia válida para inclinarse a favor del clan Zacarías, a estar por el resultado de la votación.
Con ello también quedó confirmado que HC y Zacarías han llegado hace tiempo a un pacto de no agresión que permitiera al presidente Cartes continuar con sus trámites para la reelección, iniciando los procedimientos de enmienda o reforma constitucional sin ser cuestionado por el liderazgo encabezado por Javier Zacarías Irún.
El clan Zacarías se salvó y mantiene el poder en Ciudad del Este, pero esta victoria en el fondo representa un retroceso político para ZI, cuyo liderazgo ha sido muy afectado y dependiente de HC, no quedándole otro recurso que seguir adherido al cartismo, dando su aprobación a las intenciones de reelección de Cartes.
En cuanto al titular del Ejecutivo, esta votación confirma el doble discurso que lleva a cabo HC con respecto a la lucha por la transparencia y en contra de la corrupción en la administración pública. Contraría su discurso reciente contra la clase política, pues las irregularidades denunciadas al clan Zacarías representan fielmente todo el cúmulo de falencias que son denunciadas a diario en el manejo de las instituciones estatales, sobre falta de rendición de cuentas en el Fonacide, carencia de comprobantes sobre ingresos y gastos administrativos, licitaciones amañadas y sobrefacturación en la adquisición de bienes o servicios.
En suma, HC tuvo que sacrificar su imagen de crítico y contrario a la corrupción política, en aras de su proyecto reeleccionario, con lo cual igualmente vino a sustentar con hechos lo que ya se presumía que haría cuando necesitara recurrir al apoyo de los liderazgos partidarios de peor pelaje como el de ZI, con tal de mantenerse en el poder.




























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