El presidente electo Horacio Cartes da muestras de que está dispuesto a cumplir con su promesa de una gestión diferente al frente del Estado, por la forma en que afronta su primer problema, como es el caso de su relación con la “tropa” colorada, que no perdió tiempo para empezar a mostrar las uñas horas después del triunfo demoledor del domingo 21 de abril.
En lo que pareció ser su primer resbalón al encarar el asunto, ya que adelantó nombres para su futuro gabinete apoyándose en resistidos personajes de la época anterior colorada, el flamante Jefe de Estado electo ensayó más bien una hábil jugada lanzando un globo sonda que luego le dé suficientes réditos como para fortalecer su capital político cimentado en los inéditos 1.100.000 votos que obtuvo en los comicios. Es que Cartes sabe que su liderazgo en el partido Colorado no sólo salió fortalecido con el 60 por ciento de los votos en las internas de diciembre, sino que también fue catapultado con el apoyo ciudadano en la reciente votación, al conseguir que por sobre el caudal del voto duro republicano le votara una masa de más de 300 mil votos procedentes de otros partidos e independientes.
Semejante apoyo popular conlleva sin lugar a dudas el compromiso de estar a la altura de la esperanza ciudadana, que ya no desea más de lo mismo al frente de la conducción del país. De allí que es esperar que Cartes siga adelante con su plan de integrar una “selección nacional” para llevar a cabo la renovación en la gestión gubernamental, con miras a lograr la eficiencia y la excelencia que conduzcan por el “nuevo rumbo” que supere el atraso y la pobreza de vastas capas de la población.
La “presentación” de los mismos de siempre sirvió por un lado para mostrar la repulsa de la ciudadanía hacia quienes cometieron graves errores en gobiernos anteriores, con denuncias de corrupción a cuestas y otras yerbas de por medio, pero por otro lado le vino a Cartes como anillo al dedo para fortalecer su liderazgo partidario, indicando de paso que sólo él va a definir quiénes formarán parte de su gabinete. La misma presidenta del partido, Lilian Samaniego, tuvo que salir a aclarar que es el presidente quien nomina a sus ministros, como establece la Constitución.
Ahora que las aguas se calmaron y ya nadie discute en el partido que es el presidente electo quien manda sobre la “tropa”, el mismo Cartes no se apura en dar nombres para sus colaboradores inmediatos, puesto que anunció que sólo en agosto, días antes del 15 de dicho mes, dará a conocer la lista completa del gabinete.
Es lo que se esperaba del nuevo Gobierno encabezado por HC, porque la confianza ciudadana está puesta en él y no sobre los exponentes de la política caduca que condujo al país a estar al borde de la ruina.
Otro dato no menor es que, a pesar de la mayoría colorada en la Cámara de Diputados, en el Senado el Gobierno de Cartes deberá llegar a composiciones con otros sectores, sin descartar tampoco que otro riesgo latente sea que los reclamos republicanos desemboquen en bancadas rebeldes. No hay que olvidar también que es una promesa electoral cartista la renovación de la Corte Suprema y del Poder Judicial.
Todo esto indica que no le será fácil a Cartes la relación con el partido ahora oficialista, pero la obligación de realizar una gestión diferente y eficiente en el Gobierno, tendría que primar en la consideración del presidente en la toma de decisiones, más allá de las inevitables concesiones a los viejos representantes de la política prebendaria y corrupta, que algo van a tratar de pellizcar como pago a su adhesión obligada a la fórmula de HC.
Un cartista de primera hora como el vicepresidente electo, Juan Afara, reafirmó que la intención del equipo de Cartes es satisfacer la expectativa ciudadana de un Gobierno diferente al actual y a los anteriores, porque, de lo contrario, el electorado le volverá a conceder el camino de la llanura al partido Colorado dentro de cinco años.
El estar conscientes de que el voto “castigo” vino para quedarse, es lo más saludable que ha ocurrido en la política del país después de mucho tiempo en la larga transición democrática desde 1989.
Escribe: Luis Alen
lusialgo@yahoo.com




























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