Cartes y la reelección: Una hipótesis

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Escribe: Henrique Ferreira Bueno; Fb: /CortazarPy; Tw: @HenriQFB

Nuestro actual Presidente, Horacio Cartes realmente no quiere, y nunca quiso la reelección presidencial. O Cartes quiso la reelección y la oposición, que tiene más fuerza en el Senado, en jugada magistral, el 25 de agosto pasado se encargó de enterrar toda posibilidad.

El tema reelección, como una repetición hasta el infinito, desde la caída de la dictadura de Stroessner hasta nuestros días aparece con cada presidente electo; las voces de nuestras conciencias y las voces que quieren erigirse como nuestras conciencias susurran: reelección es igual a dictadura.

Nuestro país no es más democrático por no tener reelección. Todos los presidentes del ’93 hasta ahora gastaron sus 5 años en acomodarse a la pulseada con el Congreso, el Estado paraguayo funciona como en piloto automático; el gobierno de Cartes es el único presidente de la democracia con un Congreso favorable y con las FFAA bajo su entera voluntad; igualmente así continua acomodándose a los resortes de la dinámica de la política paraguaya.

El tema reelección es hoy una cortina de humo; el objetivo no es lograr la reelección para Cartes. Cartes entró a la arena política con un proyecto de usar al Partido Colorado para modificar los resortes estatales, hacer más flexible el diseño institucional, achicar el Estado, disminuir la cantidad de “aduanas” partidarias dentro del aparato del Estado, para que ciertos sectores empresariales (su sector) puedan acumular riquezas ahorrando el gasto por el pago de “impuestos” a los “intermediarios”.

El sueño de Cartes es el sueño de Zucolillo: un país gobernado sin partidos.

Para seguir ese proyecto Cartes no necesita ser presidente nuevamente, puede colocar un delfín; pero debe fortalecer un núcleo político propio sin debilitarse; todos los presidentes tuvieron un desbande en sus plataformas políticas cada vez que se acercaban las elecciones, el primer objetivo del tratamiento de la enmienda para la habilitación de la reelección presidencial presentada en Diputados era identificar quiénes serán los fieles al proyecto y quiénes no.

El segundo objetivo (luego de que gracias a votos liberales se lograra postergar el tratamiento de la enmienda y no archivar como buscaba la oposición) es a través de un mandato partidario disciplinar a los congresistas colorados y por otro lado sancionar a los disidentes, para así crear espacios en las futuras listas al congreso para los afines al proyecto económico y político cartista.

El tercer objetivo es el “control de daños”: ante la posibilidad de ruptura interna hay que eliminar al candidato presidencial atrás de quien podrían refugiarse los disidentes. Teniendo en cuenta el gran control político que se tiene sobre la Corte Suprema, no será difícil obtener una respuesta favorable para cerrar de una vez la posibilidad de cierto ex presidente de poder reelegirse, y así terminar con la “chicana” de que un presidente puede ser reelegido porque no terminó su mandato (artilugio semántico para bobos).  

Y por último, hacer de cuenta que el delfín de Cartes, el nuevo colorado, en su árbol genealógico tiene algún parentesco con Bernardino Caballero, y que es tan colorado como cualquier colorado: el pueblo colorado necesita de su comedia para que el rey pase la corona al nuevo príncipe. Por cierto un príncipe débil para que pueda ser gobernado por los verdaderos comandantes del proyecto, así como el presidente colo’o Hércules (sic) Alliana.

 

Es una hipótesis. Sólo el viento tendrá la respuesta. Lo cierto es que Cartes “alquila” al Partido Colorado para su proyecto, la ANR es solo un accidente en su camino. 

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