Cartismo y ZI unidos imponen régimen autoritario y represivo

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Escribe: Luis Alen.

La alianza entre el cartismo y el clan Zacarías necesariamente debía desembocar en el ensayo del plan autoritario a nivel país, poniéndolo en práctica para empezar en Ciudad del Este, con la desproporcionada parafernalia represora demostrada por la trilogía policial, fiscal y judicial contra un concejal municipal y dos abogados del foro esteño.

Tanto el concejal Celso “Kelembú” Miranda, como los profesionales del derecho Jorge Brítez y Paraguayo Cubas, sufrieron en carne propia la represión, por haber protestado en sede fiscal contra el notorio favoritismo de los “representantes de la sociedad” hacia el clan que controla CDE y el Alto Paraná, lo que ya fue demostrado con creces en cuanta carpeta fiscal se abrió en la que se investigan trapisondas cometidas por Javier Zacarías Irún, su esposa Sandra la intendenta y en la gobernación presidida por Justo Zacarías Irún.

Envalentonado con el apoyo cartista a la gestión de la intendenta, ZI ordenó “bajar línea” a los opositores que son críticos a sus tropelías en CDE, poniendo en evidencia que tanto el zacariísmo como el cartismo están en la misma dirección de reprimir cualquier posición que desafíe su consigna de mantener el poder a cualquier costo.

La orientación autoritaria es la marca registrada del cartismo, que se alió al zacariísmo con el fin de imponer en primer lugar su agenda de reelección al Partido Colorado, y luego a todo el país, con un lenguaje autoritario que recuerda los discursos del stronismo, rematando con una fuerza represora en la que se utiliza a la Justicia con miras a amedrentar a los posibles rivales en el camino que le lleve al “nuevo rumbo” al poder político total, sin importar la Constitución ni las leyes que están para garantizar el equilibrio de poderes y los derechos ciudadanos.

Otro ejemplo de la práctica stronista que están utilizando quienes desean el “rekutú” de Horacio Cartes fue lo ocurrido con los universitarios que tomaron el rectorado de la Universidad Nacional de Asunción (UNA) la semana pasada, en protesta por la falta de reformas en el estatuto que permita la igualdad entre los estamentos. Se notó, a propósito, la rápida acción de los fiscales que imputaron a los líderes estudiantiles por su protesta.

El recurrir a un libreto autoritario no puede sorprender, desde el momento que el cartismo está mostrando su lado más oscuro, al querer imponer la reelección pese a la oposición de la mayoría de la clase política, acudiendo al expediente de la enmienda, que es vedado por la Constitución.

A la vez, exhibe su vena antidemocrática al manipular hasta lo máximo al Ministerio Público y a la Justicia, tal vez tras haber aprendido del clan Zacarías cómo realizar el “trabajo” de esquivar toda auditoría y control a través del blindaje fiscal-judicial.

Al todo o nada

Los asesores y gerentes de HC no están conformes con acatar la no reelección dispuesta en el Senado y por la convención del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), decidiendo como toda respuesta “bajar línea” mostrando el rostro más autoritario del Gobierno cartista en sus tres años de gestión, que al principio pintaba con muy buenos auspicios democráticos, pero que después fue inclinando la balanza hacia la imposición de su poder, comenzando con el Partido Colorado y siguiendo después con los demás actores políticos y sectores sociales.

El cartismo se erige así en el supuesto único factor de poder en la República, queriendo poner a todas las demás fuerzas fácticas a sus órdenes. Pero resulta que está cosechando su propia siembra, al no haber obtenido un consenso con los demás sectores políticos y sociales en los primeros tiempos de su gobierno, con el fin de arribar a un amplio acuerdo que hubiera conducido a la Convención Constituyente con el objetivo de reformar la Constitución y allí plantear el tema de la reelección. Pero ahora ya es tarde, no habiendo tiempo y después de haberse crispado el ambiente político con las señales dadas por el cartismo de que prefiere imponer antes que dialogar.

La prueba de que la lucha por el poder resulta “al todo o nada”, es el claro mensaje lanzado con el entramado que se armó tras conocerse la conexión con la mafia del narcotráfico en el caso de la liberación del joven Arlan Fick, que había estado en poder del EPP por varios meses en 2014 y que finalmente fue dejado en libertad por sus captores tras recibir éstos “instrucciones” y hasta cuantiosos billetes “verdes” de parte del capo preso Jarvis Ximenes Pavâo, que cuenta evidentemente con amplias redes en el submundo del hampa y por lo visto con fluidos canales de comunicación con exponentes del Gobierno.

Tomar el poder fronterizo

Jarvis se decidió a revelar lo negociado con gente del Gobierno, tras haber sido acusado por medios del Grupo Cartes y por algunos personeros gubernamentales, que estaba detrás de un supuesto plan para liquidar físicamente a HC. Sea cierta o no ésta última versión, lo cierto es que el poderoso narco reaccionó contando todo lo que sabe de las andanzas cartistas conducentes a tomar el control de las rutas del tráfico, ya sea con el ánimo de neutralizar el poder cada vez mayor de las mafias, o con el fin de convertirse en el verdadero factor de poder en la frontera.

Pavâo hasta amenazó con dar a conocer documentos comprometedores y grabaciones que prueban la relación con el gobierno, no sólo en el caso Arlan Fick sino también para la adquisición de equipos de escucha a ser utilizados en labores de inteligencia para las fuerzas militares y policiales (la Fuerza de Tarea Conjunta), supuestamente destinados a ser usados en el Norte en la lucha contra la guerrilla del EPP.

Pero, finalmente, estos equipos estarían siendo utilizados en labores de espionaje a nivel nacional, para seguir la pista de las actividades de políticos, dirigentes sociales, religiosos y hasta empresarios, según las denuncias que aparecieron en medios de prensa.

La “bomba” que hizo explotar Pavâo fue aparentemente con el ánimo de evitar su extradición al Brasil, ya que prácticamente chantajeó a HC anunciándole que daría a conocer los documentos que revelan el trato con el Gobierno en el caso que se hiciera andar el procedimiento judicial para enviarlo al vecino país, donde está condenado por narcotráfico a 18 años de prisión.

Por supuesto, los voceros gubernamentales rechazaron las expresiones y amenazas de Pavâo, pero ni Cartes ni sus gerentes o asesores salieron a contestar las afirmaciones del capo, flotando en el ambiente político la virtual confirmación de que el Paraguay se encuentra realmente sumido en una guerra por el control del tráfico, y en la que está envuelto nada menos que el mismo Gobierno de HC.

Autoritarismo y narcopolítica

Lo que estaría escapando del análisis de varios observadores del escenario político nacional es que la postura autoritaria, que ya venía exhibiendo HC desde el año pasado con la imposición de su candidato en la junta de gobierno de la ANR, viene acompañada de la guerra con las mafias de frontera, como una demostración de fuerza que presagia la imposición y el autoritarismo como sello del “rumbo” cartista.

Habrá que ver hasta dónde puede llegar la apuesta del cartismo en la búsqueda del poder total de la República, ya que ahora se le plantaría nada menos que la mafia de frontera, con posibles desestabilizaciones que podrían poner en riesgo el buen clima para las inversiones en la economía, que tendrá un crecimiento mayor al 4 por ciento del PIB en este año y el próximo, al conjuro de la recuperación que empieza a ocurrir en el Brasil.

Lo que los asesores del presidente le deberían decir es que resulta preferible para mantener el buen ritmo económico, con consecuencias favorables en el plano social, que el cartismo renuncie definitivamente a su afán de la reelección y se proponga realizar un buen gobierno que posibilite llegar a 2018 con un programa de inversiones públicas y privadas que garanticen un desempeño aceptable de los indicadores económicos y sociales en el siguiente período de gobierno, para bien de todos los habitantes del país y para beneficio de las empresas del mismo Grupo Cartes.

La mayor parte de los actores de la clase política se han dado cuenta hace tiempo de la jugada de HC en busca del poder total, con un proceder netamente autoritario y represivo, utilizando de paso la Justicia y la Fiscalía.

Pero lo que no esperaban es el grado muy elevado que ya alcanzó la escalada en el enfrentamiento con la cúpula de las mafias de frontera, lo que en alguna forma pondrá a prueba la capacidad de unificar criterios, tanto en la disidencia colorada como en el resto de la oposición, acerca de los métodos a utilizar para hacer frente a la imposición cartista.

 

En el caso que logre neutralizar las rutas del narcotráfico, para bien o para mal, es indudable que el poder cartista será mucho mayor, dejando el camino expedito hacia el logro de la tan anhelada reelección.

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