Nadie puede ignorar la muerte económica de la capital comercial del Paraguay, Ciudad del Este. La crisis que no ha tenido pausa en esta zona fronteriza, está dejando en la más absoluta desolación a este distrito, que años atrás se constituía en el principal oxígeno para los pobladores del lugar.
Técnicamente está muerta esta ciudad, otrora capital mercantil del país. Sin embargo, las autoridades locales, regionales y nacionales ni se inmutan en la gravedad de la situación y la recesión se torna cada vez más dramática, sin que surja desde el sector gubernamental un plan de salvataje para Ciudad del Este.
Esta localidad fronteriza ya se ha desangrado en demasía. Ningún sector, excepto de la ciudadanía, ha demostrado a los largo de los años, una real voluntad política para buscar el desarrollo sostenido de la capital del Alto Paraná, que hoy se encuentra sumergida en la más profunda crisis, nunca antes enfrentada. Es urgente que el Gobierno encuentre la fórmula salvadora, que lleve a rescatar a la región del dramático momento que vive.
El presidente de la República no puede seguir indiferente al momento que experimenta la mayor meca comercial y económica del Paraguay. Hasta hace pocos años atrás, Ciudad del Este significaba más del 40 por ciento del presupuesto general de gastos de la nación. Hoy, eso apenas constituye un recuerdo lejano.
La zona va quedando sola, abandonada, justamente por aquellas personas que se enriquecieron y se aprovecharon de las bondades económicas de la capital departamental, pero, como agradecimiento, la ignoran. Qué ironía.
Ciudad del Este, aparte de estar abandonada a su suerte, se encuentra en manos de un grupo de apátrida, que desde hace 15 años administra el municipio como un negocio particular, sin que nadie le haya molestado, hecho que le permitió al clan Zacarías convertir en un verdadero carnaval el dinero del pueblo.
Los últimos dos gobiernos y el actual (Duarte Frutos, Lugo y Cartes) se pasaron y se pasan priorizando las componendas políticas por encima de las necesidades y los intereses de la ciudadanía, para que este grupo perverso convierta la capital departamental en una zona donde no rige, peligrosamente, el estado de derecho. ¿Por qué tanta ignominia con Ciudad del Este?
La capital del Alto Paraná pasó a convertirse en una zona sin ley, en un territorio dominado por la prepotencia y arrogancia del principal amo de la ciudad, que se llama Javier Zacarías Irún, quien no respeta las instituciones constituidas, llámese Ministerio Público o Poder Judicial, donde la mayoría de sus integrantes se subyacen a él y cumplen sus órdenes.
Basta recordar el rosario de denuncias que pesa sobre la pareja Zacarías por irregularidades en la gestión pública. Pero hasta hoy ningún fiscal ha osado en imputarle a Javier o a su esposa Sandra, tampoco un juez tuvo el coraje de procesarles. Entonces, desde años se está ante una anarquía total en esta región fronteriza del país.
Y lo más triste de todo esto, es que el Gobierno de Horacio Cartes mira atónito la barbarie que comete el clan Zacarías, sin que tan siquiera el presidente emita un comentario al respecto. Sin embargo, curiosamente, habla para combatir la corrupción y transparentar la gestión pública. Pero a la vuelta de la esquina se abraza con uno de los políticos más corruptos del país, que desde hace 15 años viene robando el sueño y la ilusión de todo un pueblo. Ciudad del Este hace tiempo que murió técnicamente y nadie del sector gubernamental levanta la voz.




























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