El segundo municipio más importante de la República, Ciudad del Este, pareciera que quedó en el tiempo, y hoy apenas es un recuerdo imborrable de la mente de aquella gente que tuvo la dicha de apreciar con sus propios ojos el crecimiento socio-económico de esta localidad fronteriza.
A dos meses de la culminación del año 2015 el panorama se presenta cada vez más sombrío, sin que hasta ahora aparezca la panacea apropiada para revertir esta crisis, que la tiene a mal traer a la otrora capital mercantil de la República.
La ciudad se encuentra abandonada a su suerte, y para peor, por sus propios “hijos” que vieron la luz en medio de una bonanza económica inimaginable, pero hoy varios de ellos son aventajados comerciantes y empresarios, que ignoran la agobiante situación que enfrenta, justamente, la ciudad que les dio vida y un acomodado bienestar económico y familiar.
Cuánta ironía rodea a estos “vástagos” malagradecidos, que hoy clavan por la espalda al “padre de la criatura”, sin importarles mucho la suerte que lo depara. La capital del décimo departamento atraviesa por una de sus peores crisis, de los últimos 20 años.
Este distrito fronterizo fue utilizado como algo desechable, especialmente por aquellas personas que obtuvieron los mayores beneficios personales, tanto en términos económico y político. Hoy, lejos de arrepentirse o de apiadarse de este momento dramático, se ríen de la desgracia de Ciudad del Este, sin el menor remordimiento de conciencia.
Pero en medio a este drama social existen los hijos agradecidos que buscan la fórmula indicada para tratar de rescatar de su desgracia a esta comunidad fronteriza, y así devolverle su añorada sonrisa, que tanta falta hace, especialmente para quienes aun creen en la anhelada recuperación comercial de Ciudad del Este.
El Gobierno de Horacio Cartes continúa con su ingratitud para con los habitantes del segundo municipio más importante del país. La angustia por la que atraviesa el distrito no logró sensibilizar a las autoridades de turno, que hasta ahora no han buscando ensayar algún plan de salvataje para la región, situación que cada día se torna más insostenible y dramática.
Cartes prometió convertir Ciudad del Este en una zona industrial, para así dejar de despender económicamente del comercio, rubro del que dependió siempre esta localidad fronteriza, pero que siempre lo practicó con informalidad, así, el sector mercantil paranaense está pagando caro por esta situación.
Sin embargo, hasta ahora el Gobierno no ha movido un dedo para intentar el reordenamiento económico de esta ciudad, que hoy sufre de la desolación y de la ingratitud de quienes tienen el sartén por el mango, pero que no hacen absolutamente nada para revertir el problema.
Se tiene que poner mano a la obra e intentar recuperar el tiempo perdido. La capital del Alto Paraná deberá recuperar su vivacidad comercial, que posibilitará devolver la tranquilidad a sus pobladores, que hoy viven y conviven con un futuro incierto, por el drama social y económico que enfrenta el país y especialmente Ciudad del Este, que pareciera que se ha quedado en el tiempo.




























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