El comercio de la capital esteña va cerrando lentamente un año para el olvido, coinciden en afirmar diferentes sectores comerciales y empresariales, al afirmar que la perspectiva para el 2016 tampoco es muy alentadora, debido a la alta dependencia brasileña.
Es difícil estimar cuánta gente perdió su empleo, porque no todos terminan denunciando en el Ministerio del Trabajo. Se sabe que fácilmente supera los dos mil y en los últimos años se habla de cerca de 10 mil personas que perdieron su puesto de trabajo, por disminución de personal y otros directamente por cierre de local.
Esta es la cara dura de la crisis comercial de Ciudad del Este, que no tiene como adsorber esa mano de obra en otro sector, que no el mismo comercio. Todos siguen de cerca la crisis económica y política del Brasil, teniendo en cuenta que el 95 por ciento de los compradores provienen de este país. Se sabe que el ingreso de los consumidores cayó, a lo que se debe sumar el arrastre de deudas a través de tarjetas de créditos, el aumento del desempleo y la desvalorización de la moneda brasileña ante el dólar.
En las calles del microcentro pese a todo hay sectores que se muestran optimistas y esperan que las cosas mejoren en el 2016. Sostienen que es cuestión de tiempo que Brasil vuelva a recuperarse de la crisis y que el consumidor se recupere, por lo menos mínimamente, lo cual beneficiará a Ciudad del Este, donde pese al alto costo del dólar, una variada gama de productos siguen manteniendo precios ventajosos.
Por otro lado, la crisis interna de la ciudad es otro factor que preocupa a varios sectores comerciales y empresariales, que no intervienen directamente para evitar dar lugar a una mayor polarización. Muchos sostienen que la comuna debe iniciar un proceso de pacificación y por sobre todo de transparentación, a fin no dejar dudas, como hoy evidentemente lo tiene gran parte de la población y eso está demostrado por los números que arrojaron las últimas elecciones.
Hay temor que los conflictos internos terminen por perjudicar la imagen de la ciudad, ahuyenten a inversionistas y el peor de los temores, que obras públicas terminen paralizadas. El 2016 consideran que es un año que se puede aprovechar para seguir construyendo una Ciudad del Este urbanísticamente más amigable y esto en gran parte se explica porque el 2017 de nuevo es un año eminentemente electoral, donde se sentarán las bases para lo que será las elecciones generales del 2018.
Muchos empresarios, que prefieren no identificarse para no tener problemas con el clan Zacarías, sostienen que llegó la hora de moderar la soberbia y sentarse a buscar un punto de coincidencia con todos los sectores de la ciudad, de manera a seguir construyendo una ciudad progresista, que tiene muchos problemas urbanísticos aún por resolver.




























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