A pesar de los golpes recibidos a lo largo de estos años, la capital del Alto Paraná se resiste a morir. No obstante, el clan Zacarías, literalmente, acabó con Ciudad del Este. Y esto no es un invento, sino es una inquietud generalizada de la ciudadana, expresada permanentemente en las movilizaciones y manifestaciones que se realizan por las calles paranaenses.
Este jueves el segundo municipio más importante de la república recuerda su 60º aniversario de creación, que se concretó un 3 de febrero de 1957. Pasaron seis décadas de aquel hecho histórico, cuando esta localidad fronteriza comenzó con todo, pero hoy la realidad la pinta de cuerpo entero, sobre la difícil situación socio-económica que atraviesa esta región del país.
Hoy la suerte del comercio local camina por la cornisa, y su futuro es cada vez más incierto, atendiendo que no hay un plan estratégico trazado por el Gobierno para conseguir la revitalización de la economía, a pesar de la urgencia en buscar encontrar el camino de la salvación de este distrito fronterizo.
Ciudad del Este pareciera que está marcada por la traición, porque, justamente, aquellas personas que más se beneficiaron con las bonanzas de esta comunidad, hoy la ignoran y la abandonan a su suerte. El municipio paranaense es castigado con la ignominia de sus propios hijos, que crecieron y se beneficiaron económicamente con las burbujas generadas por el vertiginoso crecimiento comercial que experimentó la zona. Ahora, apenas quedaron vestigios de esos momentos inolvidables.
Nunca nadie se preocupó por el desarrollo de esta región fronteriza, a no ser para quitar ventajas personales de carácter económico, como lo viene haciendo desde el 2001 el clan Zacarías, que con el apoderamiento de la municipalidad, a su cabecilla lo convirtió en uno de los emergentes nuevos millonarios de los últimos años en el país.
El Gobierno de Horacio Cartes no puede ser tan irresponsable en no ocuparse de la realidad crítica que enfrenta la capital del décimo departamento, situación que viene arrastrando desde casi dos décadas atrás, y que ningún otro gobierno anterior demostró voluntad política para revertir el grave problema económico.
No puede estar priorizando las cuestiones políticas sobre los graves conflictos sociales y la cruda recesión comercial, que viene arrastrando esta localidad fronteriza, que en los últimos años llevó al cierre de centenares de comercios y el despido de miles de trabajadores, que quedaron en la calle.
Cartes, en lo que queda de su gobierno (20 meses) tiene que buscar honrar la palabra empeñada aquel 15 de agosto del 2013, cuando prometió industrializar esta región, para que los habitantes de la zona no sean tan dependientes del comercio. Sin embargo pasaron 3 años y 4 meses y ningún proyecto de emergencia ha presentado el poder ejecutivo, para tratar de paliar la profunda crisis, que pareciera no tener fin.
El presidente de la República ha tomado decisiones no muy oportunas para el rescate de Ciudad del Este. Al contrario, abonó su desacierto al pactar con el grupo político (clan Zacarías) que, justamente, es el que posibilitó la profundización de la crisis en los últimos años. Cartes hizo una apuesta riesgosa al abrazarse con la cabeza política del clan, Javier Zacarías Irún, a quien una mayoría de la población esteña responsabiliza del descalabro financiero de la municipalidad, pero que a pesar de las denuncias existentes, las autoridades competentes y el propio Gobierno ha puesto cerrojo para evitar cualquier investigación de la galopante corrupción que hay en la comuna paranaense. El clan Z acabó con el sueño de la gente que lo catapultó en la política.




























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