Cada vez es más visible cómo el clan Zacarías se va desinflando, por el gran rechazo que tiene por parte de un vasto sector de la población esteña y altoparanaense, que ya se siente cansada de los improperios, prepotencia y el latrocinio que perpetra este grupo político, desde hace más de 16 años.
Es tan grande el descontento de la ciudadanía contra los que detentan el poder en esta capital departamental, que cada vez se percibe más la reacción negativa en las redes sociales, en los medios de prensa, y en la calle, entre la gente común. En el único sector donde se sigue tapando el descontento de la población hacia este clan perverso es en el Poder Judicial, donde goza de una absoluta impunidad.
Y como si fuera poco, el mismo gobierno de Horacio Cartes otorga una desembozada protección a Javier Zacarías Irún y a sus secuaces, para que continúen aplicando sus fechorías en perjuicio del pueblo trabajador esteño. Este clan no tiene sosiego y continúa esquilmando las arcas de la comuna paranaense, ante la mirada complaciente de las autoridades e instituciones que deberían velar por el control de las cosas públicas.
A pesar de la pésima imagen que representa el clan Zacarías en la sociedad esteña y altoparanaense, el presidente Horacio Cartes continúa apostando en la figura del cuestionado Javier Zacarías Irún, acusado de liderar junto a su esposa, la actual intendente, Sandra McLeod, el vaciamiento de los recursos de la municipalidad de este distrito fronterizo de la república.
De este constante abuso de poder por parte de este tenebroso clan ya van más de 16 años, cuando, por primera vez, tomó las riendas de la municipalidad en el 2001. Desde ese año hasta la fecha, en la institución nunca ingresó un solo organismo de control, para así desvendar los misterios que encierra el segundo municipio más importante del Paraguay.
La apuesta de Cartes por el clan Zacarías es más que vidriosa, y la ciudadanía local cuesta encontrar un motivo valedero, del porqué el presidente se alió con un político, en los últimos años, muy rechazado por la sociedad esteña, a raíz de su envolvimiento con hechos de corrupción. Pareciera que al mandatario poco le importa la moral y la reputación de las personas, para que se haya jugado por el clan Zacarías.
Tarde o temprano Cartes recibirá “factura” por la desatinada postura asumida. Es más, se pasa enfatizando todos los días la transparencia de gestión en la función pública, pero, descaradamente, como una clara hipocresía hacia el pueblo, se pasa abrazado con gente tenebrosa, como el clan Zacarías, un grupo político que ha dejado en ruinas la comuna de la capital del Alto Paraná.
El mandatario, si verdaderamente ama a su gente y a su pueblo, pensando en un mejor Paraguay, debe desligarse de los lastres de la política nacional. De lo contrario, la ciudadanía le perderá totalmente credibilidad, como viene ocurriendo desde poco tiempo después de asumir el poder gubernamental. No puede tener doble discurso, diciendo una cosa, y haciendo otra.
Cartes ha perdido el respeto del pueblo paraguayo al estar rodeado de políticos muy cuestionados por hechos de corrupción y otros delitos, que ponen en dudas su moral y su reputación. A poco más de un año del fenecimiento de su mandato, el presidente tiene un fuerte cuestionamiento de la ciudadanía nacional, y que al mismo no parece preocuparle, y antes que buscar mejorar su imagen, cada vez más deteriorada, la atiza más. Para tratar de redimirse, definitivamente tiene que comenzar despegándose de los políticos corruptos.




























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