Escribe: Luis Alen.
Tras el escándalo por el acta de Itaipú que a punto estuvo de llevar a la destitución de Marito Abdo y Hugo Velázquez, reapareció con todo el temido pacto de impunidad del Gobierno con Horacio Cartes. El capítulo tres del juicio político se ha puesto en marcha, para que HC y equipo amparen supuestamente la presidencia abdista, pero con un “chaque” constante para así garantizar la propia impunidad del cartismo.
Evita el abdismo el juicio político, por el momento, pero habría sido obligado a correr con el costo de dejar impunes a personajes como Javier Zacarías Irún y otros próceres cartistas que deben rendir cuentas a la Justicia.
Después de pedir disculpas a la ciudadanía, el presidente debe cumplir con su promesa del “caiga quien caiga”, pero el renovado abrazo republicano no le deja mucho margen contra el cartismo y sus impresentables, empezando por HC y ZI.
El entorno del presidente y el mismo jefe de Estado, se hallan en la cuerda floja, pero HC no es definitivamente quien puede decir que mantiene a Abdo en su puesto, porque es determinante también el apoyo de Brasil, Estados Unidos y la Unión Europea, que dieron a conocer su apuesta por la estabilidad política en el Paraguay, antes que cualquier otra cuestión.
Escenario preocupante
El espectáculo circense que dio el Gobierno de Marito en los últimos días no podía ser más deplorable en términos de propiciar las burlas de todo tipo en las redes sociales y la ciudadanía. Y lo peor, una vez convertido en teatro de opereta para maquillar el salvataje de personajes de la peor calaña moral, ha perfilado un escenario muy preocupante para el país.
El segundo acto del sainete llamado “juicio político”, que tuvo lugar entre el miércoles y el jueves de la semana pasada, pareció montado sólo para otorgar la tan ansiada patente de corso a HC y sus adláteres, entre ellos Javier Zacarías Irún, quienes de ahora en más, al amparo del renovado pacto de impunidad abdo-cartista, difícilmente pagarán de buenas a primera sus cuentas pendientes con la Justicia.
Esto ha ocurrido por la pusilanimidad y dejadez extrema del abdismo, que teniendo en sus manos el timón de la República, se puso a coquetear hace meses con el cartismo y el llanismo liberal, sin apuntar a acuerdos con el resto de la oposición, pacto social de por medio, para definitivamente derrotar a la mafia enquistada aún en el poder.
Al conocer la decisión de Horacio Cartes de apoyar el juicio político por el creciente escándalo del acta de Itaipú, la noche del miércoles, Marito asumió el desafío con un: “Acepto la pelea, ¡por un Paraguay sin mafias!”, como avisando que, por fin, se propondría arremeter contra HC y sus compinches, supuestamente conjurados en la aventura de la vuelta al poder a través de una posible presidencia liberal de Blas Llano, el titular del Senado y segundo en la línea de sucesión ante la eventual acefalía por la salida obligada tanto del presidente y del vicepresidente Hugo Velázquez.
La mano amiga de afuera
Pero ya era demasiado tarde para ir contra HC y bajarle con todo las medidas antimafia. Las cartas estaban echadas y sólo cabía acudir a quien tenía la solución: Jair Bolsonaro, el presidente de Brasil, quien viendo que resultaba ya inevitable el juicio político, corrió en ayuda de Marito, accediendo a dejar sin efecto, por ahora, el acta bilateral del 24 de mayo.
Pero también sabía que quien tenía la sartén por el mango era el cartismo, por lo que hizo apresar a Darío Messer, el hermano del alma de Horacio, quien se escondía en el departamento de una amiga en Sao Paulo, como un mecanismo de presión clave sobre HC. Al mismo tiempo, la cancillería brasileña advirtió que una salida de Marito por el “impeachment” llevaría automáticamente a aplicar la cláusula democrática del Mercosur con la suspensión del Paraguay del organismo regional, como ya ocurriera en 2012 con la destitución de Fernando Lugo.
El salvavidas de Bolsonaro a su amigo Marito surtió efecto y en la mañana del jueves, un HC compungido le comunicaba a Hugo Velázquez -que estaba en su casa negociando su salvataje- la decisión de dar marcha atrás porque “ya no tenía sentido el juicio político, tanto a Abdo como al vicepresidente, en vista que se había vuelto a fojas cero en el contencioso por la contratación de potencia con Eletrobras en la Itaipú, ante el retiro del acta bilateral”.
En forma astuta, Cartes capitalizó a su favor tanto el escándalo de Itaipú como la inminente caída de Marito, ya que si no era posible avanzar de nuevo hacia el poder total cobrando al presidente una deuda por su victoria en las elecciones internas contra su candidato Santi Peña en 2017, por lo menos con su retiro del proceso de juicio le iba a tener a Abdo bajo control para evitar que se llegara a profundizar en sus cuentas judiciales, tanto en el caso Messer, por lavado de dinero, o en los otros asuntos pendientes, como el contrabando de cigarrillos de su empresa Tabesa, ya declarado así por la aduana, u otros casos que podrían surgir eventualmente.
El cartismo no se olvidará tampoco de exigir la recompensa por la renuncia a votar por el juicio político, a favor de sus componentes impresentables que buscan afanosamente librarse de la vara de la Justicia. La ciudadanía debe estar expectante por las exigencias de impunidad que vendrán, por ejemplo, de Javier Zacarías Irún y su “troupe” familiar, además del ya beneficiado con prisión domiciliaria, Óscar González Daher, y varios más en la lista.
Todo queda latente
No debe quedarse tranquilo Marito porque aparentemente tiene cerradas las filas coloradas en el Parlamento para evitar su salida, pero deberá afrontar las consecuencias políticas de sus acciones u omisiones, tanto en el controvertido asunto de la contratación de potencia en Itaipú; el intento de negociado con la energía a través de una empresa brasileña que involucra a su entorno familiar y al vicepresidente Velázquez; y en el no menos clave tema de estar supeditando su gobierno a una eventual bajada de pulgar de HC, lo que puede obligarle a constantes concesiones al cartismo, condicionando a su gobierno en lo que le resta de su mandato.
De allí que la postura, hasta si se quiere meramente testimonial, del PLRA y de otras fuerzas opositoras, de promover el juicio político sin tener los votos en Diputados y en el Senado, lo único que alimenta es la presión que de ahora en más ejercerá HC sobre Marito para cumplir su promesa de luchar contra la corrupción y la impunidad.
Todo queda así en estado latente, con Brasil que seguirá exigiendo cumplir con la mayor retirada de energía “vinculada” de Itaipú, con el riesgo de aumentar las tarifas de electricidad para el consumidor paraguayo, y con un HC que condicionará siempre su apoyo a la gestión de Marito a cambio de impunidad, lo que no es buena carta de presentación para la evaluación que se viene en materia de lucha contra el lavado de dinero y el crimen organizado que financia a grupos irregulares, tanto en la frontera como más allá.
Marito posiblemente capeará el nuevo temporal del pedido de juicio político en Diputados, que también afecta a Velázquez y a su hermano Benigno, con la salida de éste del ministerio de Hacienda. Pero en el caso del vicepresidente, continuará pegado a éste, porque no puede impulsar su salida sin que también le caiga encima el hachazo de los legisladores.
Tiempos difíciles para el presidente, que tendrá que coexistir con varios factores de desestabilización de su gobierno, por no haberse librado a tiempo de la amenaza HC, que ahora se hizo realidad, aunque se debe convenir que un lazo bastante fuerte con el cartismo venía ya hace rato de la mano de Benigno y cuya función como nexo con Horacio se ha despedazado abruptamente por la crisis de Itaipú y el negociado pretendido con la venta de la energía al Brasil a través de empresarios privados ligados al poder, tanto en el vecino país como aquí.




























Facebook Comentarios