Con los últimos hechos irregulares que se hicieron públicos, pareciera que la corrupción va tomando cuerpo en el Gobierno de Horacio Cartes, a pesar de que el mandatario en cada discurso insta a combatir este terrible flagelo, que tanto daño causa a la sociedad entera.
Desde cualquier ángulo que se mire, se dará cuenta que existe una marcada incoherencia del actual Gobierno en cuanto al combate a la corrupción. Por un lado, Cartes habla de transparentar las instituciones públicas con la eliminación de los miles de “planilleros”, que cobran sin trabajar. Pero por otro lado, curiosamente, sigue bancando a algunos políticos y funcionarios de su Gobierno, como el caso de Javier Zacarías y la ministra Martha Lafuente (cocido de oro), por citar algunos.
En el caso del primero citado, Zacarías Irún, desde el 2001 que está instalado al frente del segundo municipio más importante de la República, Ciudad del Este, tiempo que le sirvió para acumular una incalculable fortuna a él, a su familia y a su entorno más inmediato, gracias a los recursos públicos.
A pesar de las reiteradas denuncias realizadas contra el clan Zacarías ante las instancias pertinentes, a 15 años de gestión comunal, nadie osó a abrir una investigación contra este grupo político, que se empotró en el poder municipal, desde noviembre del 2001. Lejos de destapar la podredumbre sumergida bajo la alfombra, la justicia le otorgó impunidad al clan Zacarías.
El presidente, para tener credibilidad en lo que dice, no debe dejar dudas de su accionar ante la ciudadanía. Sin embargo, Cartes no transmite esa credibilidad manifestada en sus permanentes discursos, donde sostiene que la prioridad de su Gobierno es “limpiar de corruptos” el país. ¿Si esto fuera cierto, porqué continúa asintiendo a muchas personas salpicadas por graves hechos de corrupción?
La corrupción data de tiempos inmemoriales, por lo que en 5 años de gestión no se va pretender acabar con este flagelo social. Pero es importante demostrar a la población que existe voluntad política para luchar contra este mal, y que eso no se limite nada más en un populismo barato, que pareciera ser la actitud de este Gobierno, que continúa encubriendo a muchas personas de su entorno, envueltas en cosas irregulares.
La ciudadanía ya dejó de ser tonta, para continuar soportando los discursos populistas de sus autoridades. Acabó esa tolerancia que tenía cautivada a la población, que sueña con una nación más progresista y llevadera. El Paraguay continuará esperando la nueva aurora, por un futuro mejor de sus habitantes.
Y para que eso ocurra cada gobernante en el poder tiene que demostrar una sincera voluntad política, empezando acabar con los privilegios, que hoy inundan cada gobierno de turno, y el de Cartes no es la excepción. El presidente hasta ahora no ha convencido en su campaña contra la corrupción, por la pronunciada incoherencia denotada en su gestión.




























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