Tardó, pero llegó. El pueblo esteño y altoparanaense hace tiempo que viene clamando por la transparencia y el cambio de autoridades en esta región fronteriza del país.
Y el último domingo 17 de diciembre se concretó el anhelo de todo un pueblo, la caída del perverso clan Zacarías, que viene manteniendo en zozobra a la ciudadanía esteña ya hace más de 16 años.
Cuántos años que viene pisoteando, burlando y sometiendo a su capricho y antojo a la ciudadanía honesta de este distrito fronterizo, y el pasado domingo 17 le respondió en las urnas con un ¡basta ya!.
De esta forma comienza el principio del fin de un clan político, que se apoderó de la comuna de la capital del Alto Paraná, segunda en importancia a nivel país, y que hoy se encuentra, la citada institución, a la deriva y en total desolación.
El pueblo altoparanaense dio su veredicto en las urnas, dejando un mensaje claro, nunca más burla, humillación y robo asqueroso del dinero público y de los contribuyentes, para beneficio de una banda de facinerosos, que se anidó en la municipalidad desde el 2001.
Hoy está llegando a su fin, y quienes mañana tomen el poder deben ser muy celosos de la institucionalidad de la república, y cumplidores de la palabra empeñada, “pacto o alianza no se dará sobre la impunidad”. Este es el mensaje directo que dio el candidato ganador de las internas coloradas, Mario Abdo Benítez, a todos aquellos corruptos que hoy gozan de la “protección” del propio presidente de la República, Horacio Cartes, como es el caso del clan Zacarías.
El pueblo esteño no sólo exige la salida del poder municipal de este grupo político, sino que los responsables del latrocinio cometido a lo largo de más de 16 años reciban su merecido de una justicia justa y equitativa, y no como la que protege a Javier Zacarías Irún, Sandra McLeod y toda su camarilla de rufianes.
Desde el 2001 este clan maneja la segunda institución municipal más importante de la república como un negocio privado. Esto permitió convertir al jefe del clan, Javier Zacarías Irún, en un hombre acaudalado, sin que haya conocido de trabajo y sin haber creado empresas, que se conozca de manera pública hasta hace poco tiempo atrás.
Una rosca mafiosa, instalada en los sucesivos gobiernos de turno y actual siempre protegió a la familia Zacarías de cualquier investigación. Nunca se permitió el ingreso de la Contraloría General de la República (CGR) al recinto de la comuna paranaense para una auditoría de gestión contable. Sí, el Tribunal de Cuentas, anualmente, se dedicó blanquear la podredumbre de la gestión de este clan político, como lo hizo días atrás, cuando aprobó la desastrosa rendición de cuentas de Sandra McLeod, rechazada por la Junta Municipal.
Es hora que las instituciones empiecen a funcionar, y que sus administradores dejen de ser funcionales para apañar las fechorías de las autoridades corruptas y ladronas. El domingo el pueblo expidió el primer certificado de defunción a los inmorales, y el 22 de abril se producirá el sepelio. Corrupción Q.E.P.D.




























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