
Escribe: Henrique Ferreira
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Hago parte de la porción de gente del país que hincha por el Ciclón de Barrio Obrero, Cerro Porteño. La semana pasada, cuando el árbitro pitaba el final del partido quedé embotado por una sensación de pesadumbre, no hablé, taciturno en mi mente reproducía todas las jugadas que pudieron haber cambiado el destino de ese juego. La maldición de las semifinales nuevamente.
En medio de la tristeza, se vio una expresión de desconsuelo, la del capitán de Cerro porteño, Rodrigo Rojas, caído en el gramado, desmoronado, en llanto, sus compañeros trataban de levantarlo, y él solo se levanta y camina lentamente hacia el vestuario.
Francamente me impactó esa imagen. Hoy en día el fútbol está altamente mercantilizado, ir de un club a otro es algo desapasionado, vestir una casaca es indiferente, correr por el dinero lo es todo.
Rodrigo Rojas, formado en las inferiores del Club Olimpia, lloró al ser eliminado vistiendo la casaca de Cerro. Me dije “qué buen mensaje”; los niños que aman el fútbol van a recibir eso como que a parte del dinero es importante sentirse mal por no dar alegría a todo un pueblo que nos sigue, nos alienta y acompaña.
Un hincha de fútbol, sin pensar, se identifica con unos colores por acercarse más a los valores que uno tiene, a su propia historia de vida, cuando un jugador hace un gol el hincha se siente, se ve él mismo haciendo ese gol, cuando logra llevar el pan al hogar.
El fútbol, como alguna vez dijo Ángel Cappa, es el arte de los pobres, es como se relaciona con la estética, con la producción espiritual.
En este martes amanecimos impactados, creímos que se trataba de una broma de humor negro, pero era cierto: el avión de Chapecoense Futebol Clube se había estrellado, sobrevivieron cinco personas.
Un club que hace pocos años estaba en la cuarta división del futbol brasileño, todos, cuando un equipo del interior llega a lo más alto, de alguna manera nos hacemos hinchas de él. Sabemos no por certeza, sino por sentimiento, que el cariño que tenía el pueblo catarinense de Chapecó por su club era inmenso, que de alguna u otra manera la gran mayoría de los chapecoenses empujaron a ese club a la cima.
Chapecó representa todo aquello que los humildes de la tierra desean, de las profundidades de la tierra a lo más alto de la gloria.
Días antes el entrenador de Chape, al lograr el paso a la final, decía que si hoy moría lo haría con la más grande alegría. Para nosotros, que deseábamos verlo campeón, fue como pasar del sueño a la pesadilla; el arquero Danilo salvó el arco en el último minuto, de entrar ese gol no llegaban a la final, hoy falleció en Colombia luego de ser rescatado, no aguantando la letalidad que le infligieron las heridas.
Mientras se escribe estas líneas, el Club Atlético Nacional anunciaba que la Copa Sudamericana debe ser dada al Chapecoense; esa solicitud se hizo luego de que los jugadores de dicho club en unanimidad y sin dudas comunicaran este deseo a su dirigencia.
El fútbol no es dinero, sino es humanidad.




























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