Desesperación oficialista

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Los números para nada favorecen al sector oficialista para las internas del próximo 17 de diciembre, lo cual genera preocupación, hasta desesperación, en la carpa cartista.

Esto no constituye ninguna sorpresa para la ciudadanía, atendiendo el fuerte rechazo que tuvieron desde un principio los principales dirigentes de Honor Colorado, comenzando de su líder, Horacio Cartes, que como presidente de la República ha causado una tremenda decepción al pueblo paraguayo.

La esperanza que tenía la ciudadanía en este gobierno se sepultó muy rápido cuando Cartes comenzó a demostrar desprecio y poco valor hacia el sector más humilde, que es una gran mayoría en el Paraguay. El jefe de Estado nunca cumplió lo que prometió en campaña, ni cuando fue investido presidente de la República, el 15 de agosto del 2013.

El jefe de Estado nunca se preocupó por la suerte y devenir del pueblo. Se pasó priorizando sus intereses particulares o sectarios, otorgando oportunidad e impunidad a su entorno para enriquecerse con grandes favores, como licitaciones o apoderamiento de los recursos de instituciones públicas, como lo viene haciendo desde el 2001 el clan Zacarías en Ciudad del Este.

Cartes, primero,  compró el partido colorado para ser candidato, y ahora está comprando el país, convirtiendo esta república en una Sociedad Anónima, donde lo único que importa a quienes maneja las riendas del poder, es agrandar sus cuentas bancarias, aquí en el país y en el exterior.

El presidente de la República hace tiempo que perdió credibilidad y respeto del pueblo paraguayo, cuando comenzó a rodearse de impresentables. Poco le importó y le sigue importando que el Paraguay transite por el sendero del desarrollo. Se preocupa más en que sus negocios privados sigan teniendo éxitos y que su entorno más inmediato continúe bebiendo de la sabrosa miel del poder.

Esta burla y afrenta hacia el humilde pueblo paraguayo puede tener su “devolución de factura” en las urnas el próximo 17 de diciembre,  cuando se realicen las internas presidenciales. La ciudadanía ya no está para aguantar tantos pisoteos a la dignidad humana. Ya está cansada e intolerante por la constante injusticia que sufre por parte de sus autoridades.

El sector oficialista es consciente que está perdiendo la batalla electoral, pero por la propia torpeza de sus dirigentes, que han menospreciado y se burlaron de la gente, ya por tantos años, como lo sienten en carne propia los habitantes de esta zona fronteriza de la república, que a través de un clan perverso ha esquilmado todos los recursos del municipio de la capital del Alto Paraná.

 

Este país es atípico. Aquí, las autoridades, políticos, empresarios y la gente común habla de democracia, libertad de expresión y de prensa, respeto al estado de derecho, etc., mientras los bandidos y corruptos disfrutan del dinero sucio y dulce acumulado, sin que sean castigados por la justicia. Al contrario, son mirados y tratados por la sociedad como ciudadanos de bien, mientras que el honesto es vilipendiado y hasta perseguido. Pero como reza aquel adagio popular: “No hay mal que dure cien años”, por lo que se aguarda que el principio del fin de esta humillación empiece a desvendarse el próximo 17 de diciembre. Y esto se puede percibir en el escenario político, con la desesperación en la carpa oficialista cartista.

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