Despegarse de los “impresentables”

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Terminó las elecciones el pasado domingo 22 de abril, y ahora el electo presidente de la República del Paraguay, Mario Abdo Benítez, tiene el gran compromiso de honrar la palabra empeñada durante la campaña electoral. La ciudadanía aguarda con expectativa el mejoramiento de la calidad de vida de todos los paraguayos, pero eso es posible sólo con una voluntad política sincera y patriótica de los futuros gobernantes.

Hoy, al escenario político nacional rodea una enorme expectativa y al mismo tiempo incertidumbre, sí en verdad Marito cumplirá sus promesas electorales, que la ciudadanía paraguaya aguarda con renovada esperanza, que permita a la nación guaraní salir del terrible estancamiento socio-económico en que se encuentra atada y que ha llevado a esta república al crecimiento de la pobreza.

El Paraguay ha llegado al pico máximo en ese sentido, y el futuro gobernante tiene una enorme responsabilidad y una difícil misión, primero de unir al país, y en segundo lugar, trabajar arduamente para quitar a la nación del eterno sub desarrollo, cuyas dos principales barreras han sido la corrupción y la impunidad, males que deben ser erradicados, si verdaderamente los próximos gobernantes desean un Paraguay con equidad social.

Es sabido que a Marito no le espera un país en el paraíso. Muy por el contrario, deberá empezar a poner en práctica su plan de gobierno desde el primer día en que es investido como presidente de la República, para tratar de lograr el soñado despegue económico y social de esta nación sudamericana.

El nuevo gobernante tiene el otro compromiso y el más importante, comenzar, desde el inicio, a despegarse de los llamados “impresentables” que tanto daño ya vienen ocasionado a este país. Los corruptos, aparte de que deben ser investigados, procesados, no pueden, bajo ningún sentido, formar parte del nuevo gobierno de Mario Abdo Benítez.

Por ejemplo, aquí en el Alto Paraná la ciudadanía aguarda con suma expectativa que el próximo gobierno y parlamento acompañen la intervención de la corrupta administración comunal del clan Zacarías, que desde el 2001 goza de una asombrosa impunidad, que recibe de los sucesivos gobiernos de turno. Ojala, por el bien del Paraguay,  que Marito empiece a actuar con convicción y firmeza.

Porque si el gobierno de Marito continúa apañando a los corruptos y mafiosos le aguarda un negro panorama a su gestión. El actual presidente Horacio Cartes cuando tomó el poder, el 15 de agosto del 2013, asumió muchas promesas ante la ciudadanía, como el combate a la corrupción. Pero, curiosamente, lejos de buscar erradicar el mal, hizo diametralmente lo contrario, se dedicó a proteger a los facinerosos, como Javier Zacarías, Víctor Bogado, Oscar González Daher, Luis Canillas, por citar a algunos impresentables.

De esta manera ningún gobierno puede pretender lograr el desarrollo de una nación. El Paraguay debe dar el esperado salto al progreso. De lo contrario, seguiremos sumido en el sub desarrollo, que lo único que multiplica es la pobreza, la delincuencia y el retroceso.

 

Con cada gobierno que asume el poder, el pueblo cifra una gran esperanza, de que vendrá el cambio y la transformación. Todos aguardan que Marito dé el golpe de timón, para así salir del estancamiento económico y social. Para eso, debe tener firmeza en sus acciones, no debe haber amigos ni parientes a la hora de tomar decisiones. El flamante nuevo presidente de la República debe despegarse de los impresentables, para empezar a creer en su gobierno.

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