¿Dónde reina unión e igualdad?

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Escribe: Lic. Soledad Céspedes Robadin.

 

Nuestro país definitivamente  es un país sui generis y por ende no deja de sorprendernos con el caudal financiero con que cuenta desde hace años. Obviamente la liquidez a la cual me refiero, sólo  está destinada a unos cuantos parásitos estatales que abundan, carcomen, desangran, saquean y corroen las arcas del Estado, de forma incontrolable e incalculable, esos que ni cuentan se dan de que llega fin de mes, pues no viven como el resto de los paraguayos y paraguayas honestos, de bien, que sobreviven para llegar a cada fin de mes; o de esos otros que subsistente  con menos de un dólar  por día; o de nuestros compatriotas que tuvieron que emigrar en busca de un futuro mejor y envían, dentro de las limitaciones, dependiendo del país y trabajo que ejecutan, remesas para tratar de mitigar de alguna manera la realidad de cada una de esas familias. Era más que una bofetada para la ciudadanía toda el alevoso festejo de los empleados de la Cámara de Diputados con la aprobación de los tres aguinaldos, sin contar con las gratificaciones, bonificaciones y quién  sabe cuántos otros beneficios más, en detrimento del erario público y más aún tratando de justificar lo injustificable, pues alegaban tanto los empleados como los diputados que en los demás entes públicos gozaban de los mismos beneficios, descabellados por cierto,  y ¿por qué sólo a ellos se les negaba esto? Los docentes, policías, enfermeros, etcétera, etcétera, también cuentan con estos beneficios, entonces obviamente si todos accedemos a eso ¿por qué ellos no?; más aún teniendo en cuenta el  trabajo que realizan en la forma más infrahumana que existe, a juzgar por  las reivindicaciones solicitadas. No obstante, el ministro de Hacienda siguió al compás de este carnaval financiero asegurando y justificando a la vez que esto es un premio merecido y que sus funcionarios lo merecen y que si se eliminasen  esos premios se generarían renuncias masivas, en dicha cartera de Estado. Pues bien, esperamos ansiosas esas renuncias masivas para depurar el estado de estas alimañas, para que así de una buena vez ingresen a la institución paraguayos al servicio del país y no al del mandamás de turno. La indignación ciudadana no tardó en hacerse eco de todo lo acontecido y a raíz de ello el Presidente con un populismo sin precedentes, decreto mediante, eliminó los beneficios señalados anteriormente, para los funcionarios del Poder Ejecutivo, ¿y los demás  poderes? Bien gracias, es más, el propio presidente del Senado, cual Poncio Pilatos, se lavaba las manos diciendo que estos beneficios ya estaban presupuestados, así que a confesión de partes relevo de pruebas,  dicen los abogados.

Lo que en el país no está presupuestado es el mejoramiento de la calidad de vida del resto de los habitantes, esos paraguayos de segunda o tercera clase, que ni aunque los astros se alineasen en más de una oportunidad gozaríamos de los mismos privilegios que los otros.

La ecuación  matemática del problema sería gobernantes de quinta, con subalternos y hurreros de cuarta y con sueldos de primera. Es muy fácil  y placentero ser generoso con el dinero del pueblo para unos cuantos, menos para el resto de los paraguayos, para los sectores más vulnerables y cuyas necesidades son cada vez más acuciantes.

Recortar el presupuesto para los policías, para la salud, para la educación, es lo más sencillo, pues, de hecho, esa práctica se viene llevando acabo desde antaño.

Ver para creer es la frase atribuida a Santo Tomas y muchos de nosotros pensamos lo mismo, es decir, ver que se concrete dicho decreto presidencial y allí la prensa en general debe ser el fiel custodio de la información acerca del cumplimiento del mismo, aunque también  gracias  a la prensa sabemos que muchos de esos privilegios ya se hicieron efectivo en diferentes períodos de este año, en otros entes.

Es hasta irónico nuestro himno nacional cuando hace alusión a la frase del coro donde menciona Unión  e Igualdad, Unión  e Igualdad. Debería ser más bien una pregunta de tipo existencial ¿Dónde  reina Unión  e Igualdad…? Porque en ese Paraguay, ¡yo ni usted, apreciado lector, no vivimos!

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