EE.UU. exige a Marito fin de la narcopolítica

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Escribe: Luis Alen.

 

Después de un lavado de cabeza con abundante “shampoo” en la festividad de la Virgen de los Milagros de Caacupé, Marito sostendrá otro bravo examen con la primera potencia mundial en Washington en la visita a Donald J. Trump, quien le exigirá el fin de la narcopolítica protectora de la gran lavandería de dinero sucio en que se ha convertido el Paraguay.

 

Marito Abdo aceptó las críticas de la Iglesia sobre su falta de liderazgo que pone al país “al borde del abismo”, en palabras apocalípticas del obispo de Caacupé, Ricardo Valenzuela. Pero ahora viene la posible reprimenda de Donald J. Trump en la misma Casa Blanca, donde le preguntará al presidente paraguayo de visita en el Salón Oval, por qué no cayó preso aún ningún “pez gordo” por la protección política al lavado de dinero.

Como preámbulo del encuentro Trump-Abdo, Estados Unidos ya envió un duro mensaje a los corruptos paraguayos, con la negativa a conceder la visa “de por vida” al exsenador Óscar González Daher e integrantes de su entorno familiar procesados por corrupción y lavado de dinero, y al exfiscal general Javier Díaz Verón y familia, igualmente enjuiciado por los mismos delitos.

La “Lista de Tarragó” se irá ampliando, lo anunció el embajador norteamericano Lee McClenny y reafirmó el monitoreo muy estrecho que se realiza en las agencias de Washington encargadas de perseguir al crimen organizado, el lavado, el narcotráfico y la protección política a estos crímenes, que se considera sirven de sostén financiero al terrorismo internacional.

Abdo se halla atrapado en su propio laberinto, al no poder hacer gran cosa porque tanto el Congreso como la Justicia se hallan dominados por el poder de la corporación política que gerencia la gran corrupción y la impunidad. El problema de Marito no es precisamente carecer de las agallas de estadista por no poseer las cualidades para ello, sino otro más grave, como es no poder desembarazarse de las directivas de HC, que incluso ha tejido relaciones con la Iglesia al declararse “provida” y “profamilia”, como se apreció en su vuelta a un micrófono público, la semana pasada en la sede de la ANR.

Fue sugestiva la intempestiva reaparición de HC, en la víspera del 8 de diciembre, pese a que posiblemente con la protección al narcotráfico o al lavado de dinero, que florecieron durante su gobierno, más personas y familias habrían sido afectadas por los asesinatos llevados a cabo por el sicariato que siguen hasta hoy sin solución aparente a corto plazo, que las mismas vidas suprimidas por el aborto o la violencia de género.

 

Duro examen en Caacupé

Marito tuvo la valentía de afrontar los escraches y las críticas eclesiales en la multitudinaria misa de Caacupé, que se vuelve cada vez más una especie de radiografía del “estado de la nación”. Hay que resaltar también que otros connotados miembros de la clase política no se atrevieron a dar la cara en las misas de Caacupé, en el novenario o en la celebración central.

Otros como el titular de la Corte o el ministro del Interior, se animaron a enfrentar el “akä ky’o” (lavado de cabeza en guaraní) , sin que Marito dejara de ser el principal receptor del vendaval de críticas, donde se escuchó de todo, incluso se puso a la Justicia en el banquillo, pero, extrañamente no tanto a la narcopolíticos ausentes, ya sea por no aparecer como “hipócritas” al decir del autoevadido presidente del Congreso, Blas Llano, sino simplemente por no importarles el tirón de orejas de la Iglesia, o incluso por saberse inmunes a la reacción popular eventual en los días posteriores.

Precisamente, a Llano “le cayó el sayo” del obispo Valenzuela, cuando replicó a éste pidiéndole que no “generalice” para ponerles a todos los políticos en una sola bolsa corrupta, así como no se puede decir que por algunos pedófilos todos los curas sean de esa condición. Sin embargo, es un hecho que Llano representa lo más execrable de la política criolla corrupta, a estar por las muestras de repudio de los internautas a sus expresiones en los medios digitales el pasado martes.

Pese a que dejaron entrever la “blandura” del presidente para luchar contra los corruptos de su propio entorno y partido político, los obispos no se animaron a impetrarle al presidente por la inexistencia de sanciones firmes contra los políticos corruptos, aunque señalaron que la Justicia está al servicio de éstos.

Pero a Marito se le viene ahora otra dura prueba: tendrá que explicar a Estados Unidos por qué no llevó aún preso a ningún conspicuo regente de la gran lavandería de dinero sucio en que se ha convertido el Paraguay.

Para demostrar la Justicia excesivamente condescendiente con los “peces gordos”, llamativamente Óscar González Daher y Javier Díaz Verón, los sancionados por EE.UU., tienen prisión domiciliaria mientras confían tranquilos en alguna mano amiga en la hora de sus juicios orales, aprovechando argucias legales para salir a pasearse de nuevo por las calles asuncenas libres de polvo y paja, hasta llegado el caso por la avenida Estados Unidos.

Mientras, otros políticos como Javier Zacarías Irún, miembro de la claque del “Patrón”, pasan meses y años con chicanas admitidas por la Justicia “pronta y barata”.

 

Un fracaso anunciado

La gestión de Mario Abdo Benítez se puede resumir algo así como “la crónica de un fracaso anunciado”, porque cayó en la trampa que le tendió la misma clase política de la que él por lo visto es un fiel exponente, como disciplinado ejecutor de las órdenes que emana de la corporación político-mafiosa enquistada en el poder de la República.

El aplazo del jefe de Estado en su gestión se ha debido más por ser “flojo”, como lo definió otro obispo, Mario Melanio Medina, que por su responsabilidad directa en la impresión generalizada en la ciudadanía acerca del fracaso en la lucha contra la corrupción y la impunidad de la clase política de donde precisamente proviene Abdo.

En el casi año y medio de mandato presidencial, Marito no consiguió enfrentarse con éxito a los países socios en las binacionales hidroeléctricas, y hasta arriesgó un juicio político por ello, siendo salvado in extremis por el “Patrón” Horacio Cartes.

La Iglesia lo definió exactamente al señalar con el dedo acusador, diciendo que el presidente y los políticos deberán hacer gala de una gran honestidad para encaminar una negociación con Brasil y Argentina que devuelva la soberanía energética al Paraguay así como el pleno uso de los recursos por la venta de la energía a precio de mercado, para beneficio de todos los habitantes del país y como única forma de salir de la pobreza para casi la mitad de la población.

Marito no tuvo, es cierto, las suficientes agallas para negociar con la oposición una suerte de coraza que le ayude a neutralizar el creciente poder paralelo de la corporación, tal vez porque dentro de su mismo movimiento Añetete existen componedores del doble juego con HC, como se demostró tanto en la crisis del acta bilateral de Itaipú como en la falta de una operación sorpresa para derribar la estantería del poder cartista en ocasión de la investigación de la bicameral sobre el contubernio Darío Messer-Horacio Cartes, que bien podría haber adelantado el Lava Jato “paraguayo” y complementar así la eficaz acción de la fiscalía brasileña que ya se venía preparando también desde el año pasado.

Con el ultimátum que seguramente vendrá de Estados Unidos, más el lavado de cabeza de los obispos de la Iglesia Católica, Marito debe sacudirse de una buena vez el pretexto de estar atado a otros poderes fácticos, como la mafia política, la Justicia cooptada o la dependencia de HC, para proponerse por el resto de su mandato el cumplimiento de un programa de acción que privilegie llevar a la práctica las recomendaciones de la potencias del mundo, la hegemónica norteamericana y el poder espiritual en la Tierra, representado por la institución eclesial mundial.

En primer lugar, ya no puede ser cómplice de sus socios políticos y de la corporación encargada de la protección a los negocios no santos del crimen organizado, como el narcotráfico y el financiamiento de estos flagelos a través del lavado de dinero que luego va a parar a manos de las organizaciones más criminales del mundo.

Tiene que ser duro a más no poder con funcionarios, policías, fiscales y magistrados que toleran o dan espacio a las mafias, previo pago de dádivas; asimismo, luchar sin tregua contra la corrupción política y estatal, de tal forma a poner fin a poses groseras en las redes sociales o en los informativos, de narcopolíticos empapados con billetes procedentes de sus compinches traficantes.

Al mismo tiempo, emplazar a los legisladores a sacar todas las leyes pendientes para limpiar de corrupción la administración del Estado y el Presupuesto nacional; los instrumentos legales que faltan aún contra el lavado de dinero y poner en acción la legislación para evitar la financiación de las campañas políticas por los narcos, en las internas y en las generales, previa confirmación del desbloqueo de las listas sábanas con el voto a través de las urnas electrónicas.

Todo esto contribuirá sin dudas para combatir a las mafias y a su brazo protector de la narcopolítica.

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