El abrazo letal de Cartes a ZI

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El folclórico “abrazo republicano” que Horacio Cartes le dio a mediados del año pasado al impresentable Javier Zacarías Irún hoy está repercutiendo negativamente en la credibilidad del presidente de la República, quien dio luz verde a un político cuestionado por la ciudadanía, por la corrupción imperante en la municipalidad de Ciudad del Este.

Cartes no encontró otro mejor aliado para “pactar” que con el hombre, quizás, más odiado en los últimos tiempos en la capital del Alto Paraná, y gran parte del territorio nacional.

Hasta algunos integrantes del entorno inmediato del mandatario quedaron sorprendidos, por ese abrazo con el jefe del clan Zacarías, sobre quien pesa un rosario de denuncias por presuntas irregularidades ligadas a la gestión comunal paranaense.

Pareciera que al presidente poco o nada le incomoda la galopante corrupción que invade, desde años, al segundo municipio más importante del país, para aliarse con el ideólogo del descalabro financiero en la citada institución pública, que hoy, prácticamente, se encuentra en quiebra técnica.

Pero curiosamente, quien la administra desde el 2001, el clan Zacarías, se ha tornado acaudalado, amasando una incalculable fortuna, producto del robo y saqueo perpetrado en perjuicio del pueblo y los contribuyentes.

Con todos los antecedentes funestos,  Cartes “tranzó” con el hombre que sintetiza el po karé, la soberbia y el mbareté. Estos “atributos” no fueron escollos para que el presidente reciba a Zacarías Irún en Mburuvicha Roga o el Palacio de Gobierno, como el “gentleman” y sentarse juntos a trazar planes políticos.

La ciudadanía no deja de ponderar la actitud asumida por el presidente, atendiendo que en todos sus discursos enfatiza la transparencia de gestión, pero al mismo tiempo otorga impunidad al hombre que dilapidó los recursos de la municipalidad de la capital del décimo departamento del Paraguay.

El jefe de gobierno paraguayo tiene que terminar con la hipocresía y encaminar la república hacia un derrotero creciente y desarrollista, que pueda generar beneficios y progreso a cada uno de quienes habitan el territorio guaraní. Hay que terminar con el encubrimiento e impunidad para los ladrones y facinerosos. De lo contrario, eternamente esta hermosa nación seguirá en el subdesarrollo. Todos juntos debemos luchar para salir de la faja del país tercermundista.

Para eso cada gobierno de turno tendrá que mostrar voluntad política para sacar del abismo a este golpeado país, que necesita de hombres probos y patriotas. Cartes parece importarse poco con el presente y futuro de su pueblo, y se pasa priorizando más los intereses sectarios y personales, como la reelección presidencial, a pesar del impedimento constitucional.

Entonces, si las propias autoridades que manejan el destino de una nación anteponen los intereses políticos sobre los intereses ciudadanos, existen muy pocas esperanzas de hallar la solución a los graves problemas sociales, de los que padece esta nación sudamericana.

Cada gobierno en el poder tiene el compromiso de campaña de materializar las promesas asumidas ante la ciudadanía en el porcentaje más alto. En ese sentido, el presidente Cartes tiene una gran deuda con los paraguayos, que vieron en él como el bálsamo a las graves dificultades que enfrenta esta república.

 

El mandatario tiene que dejar de lado sus obsesiones personales, de abrazarse con políticos inescrupulosos y ponerse a trabajar para transparentar el país y para que haya equidad en todos los órdenes. El abrazo con Zacarías Irún y otros personajes de la misma calaña, está desgastando innecesariamente su figura y gestión de gobierno.

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