El clan Zacarías sobrevive sólo por su apoyo a reelección de HC

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Escribe: Luis Alen.

Desde que asumió el poder, Horacio Cartes prefirió contemporizar con el líder esteño Javier Zacarías Irún, evitando ir a un rumbo de colisión con éste. Cuando parecía ya inminente la intervención a la comuna de Ciudad del Este para investigar a fondo a la administración de Sandra McLeod, el presidente no llegó a bajar el pulgar. En estos días se habría dado un encuentro entre Cartes, ediles del G7 y parlamentarios detractores a Zacarías Irún.

¿Qué pasó a pesar de las múltiples evidencias de malos manejos en el uso del Fonacide y de otros recursos financieros? Esta vez no fue por el blindaje judicial y fiscal, o por la condescendencia de una Contraloría que viene de ser manejada por sus ex socios oviedistas, pero lo cierto es que ZI encontró la tabla salvadora en apoyar la reelección de HC.

Cartes conoce muy bien la forma en que el clan maneja a su antojo la administración de CDE, pero prefiere por ahora no chocar con Zacarías Irún, hasta tanto tenga asegurada la reelección, que ahora incluso hasta podría tener respaldo regional si la oposición brasileña logra destituir a Dilma Rousseff de la presidencia en el país vecino.

A nivel nacional, empero, no es mucho lo que puede aportar Zacarías por ejemplo en materia de votos en el Congreso, pero de cualquier forma HC necesita del apoyo de dirigentes como el patriarca del clan esteño, a la vista de la emergente candidatura presidencial del líder disidente colorado Mario Abdo Benítez, titular del Congreso, así como por la posibilidad real de una fractura en la bancada oficialista en la Cámara de Diputados, donde por primera vez en todo el período de gobierno el cartismo podría perder la mayoría.

La reelección no prende

Horacio Cartes se cuida de decirlo a viva voz, pero entre bambalinas está moviendo todos los resortes para hacer posible la declaración por los diputados de la necesidad de la enmienda constitucional para la reelección presidencial, que está prohibida expresamente en la Carta Magna de 1992.

Pero, hasta el momento, el dirigente con peso propio dentro de la ANR y potencial candidato, Javier Zacarías Irún, ha sido el único en declarar públicamente su adhesión a un eventual rekutú de HC, lo que le ha brindado sin lugar a dudas el apoyo del presidente para que ZI y su clan familiar continúen libando las mieles del poder regional del Alto Paraná, pese a las múltiples denuncias contra los manejos administrativos de los Zacarías en esta zona del país.

Javier vio que su situación en Ciudad del Este se tornaba complicada y no vio otro recurso que arriar sus propias banderas para pasar a las filas de Horacio, que como toda respuesta evidentemente le prometió la impunidad que también le proporciona a otros leales. Además, hay que apreciar quién le garantiza a quién un futuro sin mayores sobresaltos más allá de 2018, si en un hipotético caso que no corriera la reelección o HC perdiera la elección.

Es evidente que Zacarías lleva la delantera en cuanto a conseguir la impunidad judicial, por sus numerosos contactos con magistrados y fiscales. En ello podría ser una gran ayuda para HC en el post-2018, porque con seguridad el jefe de Estado deberá enfrentar un tendal de denuncias sobre los manejos de fondos actuales, especialmente en materia de obras públicas y el uso de los bonos soberanos.

La idea de la reelección no está cuajando en el pensamiento popular, debido a que el pueblo se da cuenta que es un tema que sólo interesa a tres hombres: Horacio Cartes, Fernando Lugo y Nicanor Duarte Frutos, para los que corre el veto actual de la Constitución. Es en este contexto que hay que ubicar la posición de apoyo de Zacarías Irún a HC.

ZI, además de urdir la estrategia que le sirva para su sobrevivencia en el actual período nacional y municipal, utiliza en forma astuta la “declaración de amor” a Cartes para demostrar a sus detractores en el Este del país que cuenta no sólo con el conocido blindaje judicial y fiscal, sino también con el beneplácito del Ejecutivo, con el fin de sortear cualquier posibilidad de investigación seria de la Contraloría y del Congreso a la gestión de su esposa Sandra al frente del municipio de Ciudad del Este.

Así como es patente la orfandad popular del proyecto reeleccionista, la posición proclive al oficialismo de Zacarías Irún revela que desesperadamente está recurriendo a la tabla de salvación cartista como una forma de detener la marea por la transparencia en CDE, ejemplificada en las denuncias que contra la administración de Sandra han hecho los concejales del G-7 de la junta municipal.

Por ello no se entiende la actitud de HC, de seguir dejando que persista el liderazgo esteño de los Zacarías, sabiendo que resulta nada más que un “sálvese quien pueda” la posición del dirigente de CDE. Zacarías a la postre es el más beneficiado, mientras Horacio no agrega nada a su arsenal dirigido a convencer sobre las bondades de la reelección.

La jugada de ZI contrasta así con un HC que deberá enfrentar en las urnas un creciente descontento con su gestión, a nivel nacional, mientras que los votos pueden aguarle la fiesta al jefe Estado, un motivo mucho más serio para considerar dos o tres veces la continuidad de incómodas adhesiones como las que hizo Zacarías en varias ocasiones.

Dos frentes: interno y externo

Una evidencia de la pérdida de poder de Cartes es el frente armado en el Senado para que la iniciativa de destituir a los tres ministros de la Corte Suprema en capilla no  cuente con los 30 votos necesarios. En cierto modo, intereses de la clase política en su conjunto, tanto oficialista como opositora, se conjugaron para no juntar los votos, pero el que más salió perdiendo al final es el presidente, no sólo al no poder nominar más miembros de la Corte a su medida, sino también por el hecho de que su liderazgo político ha quedado seriamente afectado.

El virtual empantanamiento del juicio político a los miembros de la Corte también ha revelado de paso que ya no correrán otros juicios o investigaciones sobre hechos de corrupción en la administración pública, como el sonado caso que envuelve a los ministros del Tribunal Electoral.

Las necesidades políticas y los tiempos electorales, ya le están haciendo pasar un mal momento al proceso de transparentar la gestión estatal y a cualquier intento serio de bajar al país del incómodo puesto que ocupa en el segundo lugar del ránking de corrupción en América latina.

Resulta entendible que el presidente Cartes, apremiado por el proceso reeleccionario en plena efervescencia y por la necesidad de aglutinar apoyos en la dirigencia colorada, no quiera romper con Zacarías Irún, incluso como una demostración de unidad interna frente al reto del contexto internacional.

Causó fuerte impacto en el plano regional la negativa de HC de firmar el manifiesto de apoyo del Mercosur y la Unasur a la presidenta Dilma Rousseff, jaqueada por un inminente juicio político llevado adelante a tambor batiente por una oposición que ya acaricia la toma del poder que no había alcanzar en las elecciones de 2014.

El desafío brasileño

Posiblemente ha sido una jugada calculada de HC, no tanto por una especie de “devolución de favores” a Dilma por la suspensión de Paraguay en 2012 del Mercosur tras la destitución de Fernando Lugo también por un “impeachmet”, sino por estar casi seguro del triunfo opositor brasileño, con un Poder Judicial que en su mayor parte ya se está embanderando con la causa de lavar la imagen del Brasil, muy afectada tras la escandalosa corrupción detectada en el caso Petrobrás.

Cartes se aleja así en forma decidida de la posición adoptada por los gobiernos bolivarianos y de izquierda que aún restan en el continente, para pasar a formar un frente con el gobierno de centro derecha de Mauricio Macri en la Argentina.

Pero este posicionamiento del Gobierno paraguayo puede tener consecuencias adversas e imprevistas en las negociaciones en las represas binacionales de Itaipú y Yacyretá, así como en otros temas referentes a la integración, como el caso de la Hidrovía y el Mercosur mismo.

Todo lleva a suponer, sin embargo, que HC calculó la jugada en base al escenario regional que viene, donde regímenes similares de centro derecha podrían tener hegemonía en poco tiempo más, especialmente en los dos grandes países de Sudamérica, Argentina y Brasil.

 

La pregunta que queda flotando es qué pasará si no cae Dilma, fundamentalmente porque Paraguay puede tener problemas por el lado del relacionamiento comercial fronterizo y Cartes con el tema del negocio tabacalero, ya que en Brasil lo tienen marcado como el referente principal del contrabando de cigarrillos que ingresa al vecino país.

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