Escribe: Luis Alen.
Las amenazas a Marito Abdo que no va a terminar su mandato si sigue desobedeciendo las órdenes emanadas del “quincho del patrón”, serían meros pataleos caprichosos en la medida que se debilita el poder del mismo HC, cuando es inminente que Darío Messer “cante” en Brasil sobre sus conexiones en Paraguay.
El famoso “cogobierno” tendría así sus días contados, a juzgar por la gradual vuelta al intercambio de munición gruesa entre abdistas y cartistas. Esto muestra que Horacio Cartes se convence que la desobediencia de Marito a sus órdenes ya no implica sólo una mera descortesía del presidente.
Ante la grave crisis de la seguridad interna se convocará a los militares a ocupar los espacios dejados por una Policía sobrepasada por el crimen organizado y la delincuencia común, con el manifiesto desagrado de HC por esta decisión del presidente, en un episodio que marcará finalmente el rumbo de una alianza pegada con engrudo.
Hay señales claras que el “cogobierno” abdo-cartista es un simple matrimonio de conveniencia que está pendiente tanto de las derivaciones en Brasil del caso Messer como de la urgente necesidad de poner término a la crisis de la seguridad interna.
Amenazas desde el “quincho”
Azuzados por el “patrón del quincho”, voceros del cartismo como Enrique Riera y Sergio Godoy volvieron a lanzar por enésima vez la advertencia de que Marito Abdo no terminará su mandato, lo que revela un indisimulado malestar de Horacio Cartes por los pasos que va dando con determinación el jefe de Estado para plantar cara a la mafia en la guerra contra el crimen organizado.
Lo que más frustra a HC es que no fue consagrado por el presidente como el “hombre fuerte” del país, tal vez a instancias de la misma embajada norteamericana, ya que en Washington no le quieren dar a Horacio la anhelada patente de corso, más aún que ahora estaría muy vinculado a lo que “cante” Darío Messer ante la fiscalía brasileña sobre el paraíso del dinero sucio en Paraguay.
En la cumbre cartista del domingo pasado en Minga Guazú se le notó muy sonriente a HC, en ocasión del festejo de cumpleaños del intendente local Digno Caballero, estando rodeado en todo momento por los cabecillas del clan ZI, Javier y Justo.
Pero la sonrisa cedió pronto a la cara de preocupación, con la noticia de la red Globo de Brasil, que afirmaba la proximidad del testimonio de Messer sobre sus conexiones en Paraguay para el lavado de dinero, a cambio de una reducción de la pena de decenas de años de cárcel que le aguarda.
Los medios brasileños no ahorran calificativos a lo que se avizora, porque podría producirse un “terremoto” en ambas orillas del río Paraná, y especialmente en la margen paraguaya.
Entre los “abrazadores” de HC, apareció también Celso “Kelembu” Miranda, éste último actual presidente de la junta municipal de Ciudad del Este y anterior opositor acérrimo de HC y ZI.
Pero tanto Zacarías Irún como Cartes podrían ser investigados en el caso que Messer cuente con lujo de detalles cómo operaban en CDE para blanquear la plata de los diferentes tráficos de frontera, así como el dinero procedente de las coimas que recibían los políticos brasileños que luego iban a parar a paraísos fiscales, con bancos “piratas” establecidos al efecto por el mecanismo.
A mal “puerto de piratas” habría ido a parar el oportunista “Kelembu”, porque en vano HC haría alarde de un poder que ya no parece tener, cuando se bate en retirada con amenazas de retomar el juicio político como única arma que le quedaría para seguir mostrando los músculos, frente a un Marito que va recobrando los bríos perdidos tras el lamentable episodio entreguista del acta bilateral de Itaipú en el que le metiera el sinuoso vicepresidente Hugo Velázquez, hoy prácticamente desaparecido de la escena.
Pero el hábil de Velázquez volvió aparentemente a una senda de buen comportamiento con la primera potencia mundial, que está muy preocupada por la falta de acciones en Paraguay para meter adentro a los “factótum” de la protección al lavado de dinero y el financiamiento al terrorismo, crímenes que son los enemigos públicos “number one” de Washington.
Precisamente, en la capital norteamericana estuvo esta semana el vicepresidente rindiendo cuentas de su promesa y de la de Marito antes de asumir en agosto del año pasado, de combate frontal a “la pesada”, pero con muy flacos resultados, porque hasta el principal capo narco del Norte, Samura, se ha escapado de la cárcel.
El poder esquivo
El poder real en el país en estos momentos es como una pelea para controlar una tierra de nadie. Ocurre esto por la indefinición de un “cogobierno” que no pasa tanto por el liderazgo de la ANR, que aún está por verse en las compulsas electorales internas que se encuentran a la vuelta de la esquina, sino por el control del aparato de seguridad del Estado, casi copado por la delincuencia organizada.
Si bien el ministro del Interior, Juan Ernesto Villamayor, tiene asegurada su silla “por ahora”, según el propio Marito, lo notable es el mensaje que le envió el presidente a propios y a extraños, pero principalmente a HC. El “comandante en jefe” es Abdo y punto, más aún con el envío al Congreso del pedido de iniciar el proceso para la enmienda constitucional, con el fin de establecer el paraguas jurídico para la incursión de los militares en la seguridad interna de la República.
De hecho, las Fuerzas Armadas ya están presentes activamente en la colaboración con la Policía Nacional en la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) del Norte del país, y últimamente en el resguardo de las cárceles, para evitar nuevas insurrecciones de las facciones brasileñas del PCC (Primer Comando da Capital) y el Comando Vermelho, el que estuvo detrás del “rescate” del ahora prófugo Jorge Samudio.
Pero la plena operatividad de los militares en un terreno propio de la Policía, aunque involucra una definición constitucional necesaria llegado el caso, implica en términos prácticos y políticos la subordinación de los policías a la cadena de mando de las FF.AA. y a la inteligencia militar. Lo que cambia radicalmente el panorama de la apremiante lucha contra el crimen organizado.
Esto es lo que incomoda al cartismo y de allí su negativa a acompañar la enmienda constitucional, porque saben que el comando unificado militar-policial en manos de Marito Abdo cambia esencialmente el escenario político, pasándose del “cogobierno” a un poder real en manos del presidente.
De esta manera se pasa de un escenario de una aparente falta de liderazgo del presidente, por no controlar la ANR, a otro diferente, donde al hacer uso de la “ociosidad” militar, utiliza el aparato de seguridad completo para que pueda haber una sola orden, la del presidente, en detrimento del comando bicéfalo compartido con HC, quien todavía contaría dentro de la policía con gente nostálgica de la época de bonanza del gobierno anterior, que hacía la vista gorda ante el avance de la mafia de todos los colores y pelajes, según las versiones dadas tanto por policías retirados como por conspicuos miembros de las facciones criminales, como el tristemente recordado Marcelo “Piloto”, el criminal narco brasileño expulsado del país a fines del año pasado.
Más allá de los nombramientos en ministerios de políticos muy cuestionados pero leales a él, Marito concentra toda la artillería en el control del poder, no dejando que HC meta las narices en el aparato de seguridad del Estado. Por las dudas, suspende hasta sus viajes al exterior, con tal de no dejar el territorio nacional al “Partido Liberado”, cuyas órdenes inequívocamente provienen del quincho de la avenida España.




























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