El “mitaí” Peña es impuesto por HC para seguir negocios

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Escribe: Luis Alen.

 

A riesgo de generar una estampida en la dirigencia de su movimiento, Honor Colorado, el presidente Horacio Cartes busca imponer una candidatura como la del ministro de Hacienda, Santiago Peña, que le sirva para seguir manejando los hilos del poder.

Peña se convertirá en el “gerente” de HC que ocupe el sillón de López, como una demostración de que el estilo de gobernar cartista vino para quedarse, pese a la decisión del propio Cartes de apearse de la reelección, al no poder convencer con su propuesta de enmienda a la sociedad y a la potencia hegemónica, Estados Unidos.

La presentación a las bases coloradas del “delfín” de Horacio, en el inicio de una gira por todo el interior del país, no por casualidad tuvo lugar en Ciudad del Este. El comienzo del periplo para ganar a la sorprendida dirigencia republicana, tuvo la intención de mostrar a los seccionaleros que la negativa a apoyar a Peña tendrá sus consecuencias, como sería el caso del mismo Javier Zacarías Irún, que podría perder el blindaje que posee para evitar ser investigado por las irregularidades en la administración del clan en CDE, en el caso que desista de acompañar a HC en su elección del precandidato.

Zacarías Irún tuvo que aceptar a Peña a regañadientes, pese a saber que la dirigencia y el partido Colorado pueden pagar un alto precio por la imposición de HC.

El problema está en que el técnico deberá aceptar todas las directivas provenientes del poder real, aunque sean impresentables ante la opinión pública, ya que estará manejado por Cartes, quien al mismo tiempo que controla los negocios de la República -los santos y los no tan santos-, compartirá éstos últimos con Javier Zacarías Irún, en un maridaje no bien visto en los Estados Unidos, donde recelan del dúo, porque entienden que es un propiciador y protector de las operaciones de contrabando y lavado de dinero en la Triple Frontera, que a su vez resulta una fuente de recursos para el terrorismo internacional.

 

Maridaje a la fuerza

El maridaje de conveniencia HC-ZI goza así de buena salud, por obra y gracia de la ambición de Horacio, y ahora aparece un vástago de esta unión que promete ser fiel a la dupla que detenta el verdadero poder fáctico de los negocios más oscuros en la República. Si resultare electo, el próximo presidente del Paraguay sería un mero títere al servicio del hombre fuerte Horacio Cartes, lo que seguramente no será del agrado del Tío Sam.

El clan que domina el Alto Paraná no tuvo otra opción y lo arropó a Santi Peña, con el aditamento que el preferido de Cartes es apadrinado nada menos que por uno de los dirigentes colorados más acusados por hechos de corrupción, sin que ninguna de las denuncias haya sido dilucidada por organismo competente alguno.

Por supuesto, el apoyo del clan al ungido de HC tiene su precio, como es el caso de la continuidad del acuerdo existente del manejo conjunto de todo el entramado de tráficos y lavado de dinero en la Triple Frontera, al mismo tiempo que se evita una intervención opositora a la comuna de CDE.

Tras el agache de cabeza de ZI, se monta el escenario para dar el ropaje de una aceptación supuestamente de buena gana de parte de las bases. Es lo contrario a lo que había insinuado hace algunas semanas el mismo Javier Zacarías Irún, quien no disimuló su resquemor por una nueva imposición que se avecinaba desde Horacio, al renunciar éste a la reelección. El líder esteño había pedido que no haya una digitación sino un diálogo con la dirigencia para llegar a un consenso sobre el candidato.

Pero Horacio Cartes no se inclina mucho hacia el diálogo, y menos con una dirigencia que en el fondo detesta y sólo la consiente si existe una sumisión total a sus órdenes, como el caso del propio ZI. Por si acaso, el cartismo ya movió sus piezas en el Alto Paraná para armar una rebelión eventual contra el clan Zacarías, motorizada por el diputado Ramón Romero Roa, de Minga Guazú.

 

El plan B

El precandidato a la Presidencia de la República del agrado de Horacio Cartes es el mismo que ya se había insinuado desde hace bastante tiempo, como parte del plan B en el caso que no salía la enmienda.

Sin embargo, el rechazo al joven ministro por las bases republicanas resulta un obstáculo mayúsculo que ni siquiera la esperanza de que su figura cuaje en el electorado extrapartidario podrá compensar la pérdida de votos colorados que se daría, teniendo en cuenta la misma condición de Peña, como ex afiliado liberal por 20 años y con antigüedad en el Partido Colorado de apenas seis meses.

Nadie puede desconocer la preparación como técnico y economista de Santiago Peña, pero su escasa militancia política en la ANR causa la animadversión de una dirigencia que ya ha sido muy postergada por HC, especialmente al comienzo de su gestión.

La convención de octubre de 2016 fue utilizada por estas mismas bases para sugerir al presidente Cartes la expulsión de los ministros de extracción liberal, como el ministro del Interior Francisco de Vargas, y el de Hacienda, Santiago Peña. De Vargas tuvo que irse, pero Peña, en una hábil jugada del propio HC, anunció su afiliación con intención de quedarse en el puesto, sin que los convencionales hayan captado en una mínima proporción lo que se traía bajo la manga el jefe de Estado.

La intención de HC es clara: quiere un técnico que le maneje el día a día del Gobierno, con una formación académica y económica que pueda llevar adelante las cuentas fiscales en un país cada vez más endeudado y con grandes necesidades de inversión en infraestructura, que deberá ingresar a la década del 20 con la visión clara de ir superando los bolsones de pobreza que aún persisten en el campo y en las ciudades.

El gobierno de los gerentes se consolidará en el próximo gobierno, siempre que triunfe la propuesta de HC. Todo está montado para que ello ocurra, con Horacio en el Senado y liderando el partido oficialista, con los recursos del Estado en sus manos y con posibilidades de expandir el Grupo Cartes, además de los tráficos, el lavado de dinero, el contrabando y otros negocios grises y negros.

Tanto la disidencia colorada como la oposición, aunque tengan apoyos en el empresariado no cartista, se verán muy constreñidos en términos de recursos monetarios para la campaña electoral, pues no sólo deberán enfrentar a la generosa billetera de HC, sino también a los negocios ligados al Estado, como los de infraestructura y el próximo inicio de las obras adicionales en Yacyretá, tras el criticado acuerdo Cartes-Macri.

 

El actual ministro de Hacienda, Santiago Peña, reúne para HC las condiciones para ser candidato, no precisamente por su figura juvenil atractiva. El hasta hace poco desconocido técnico resultó ser muy aplicado para realizar la jugada del rechazo del presupuesto 2017 aprobado por el Congreso, para así emitir los bonos soberanos por US$ 500 millones, que servirán para financiar una buena porción de las necesidades financieras de la campaña por el poder en 2018.

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