El país del “cachiai”

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El país del “cachiai” es un rótulo que ya está patentizado. Los últimos hechos que sacudieron al Paraguay desnudan lo poco serio que somos en esta nación sudamericana.

Se intenta violar la Constitución Nacional, la Corte Suprema se abroga funciones del Congreso, la justicia y el Gobierno otorgan “protección” a personas sospechadas de corrupción, como el clan Zacarías,  “fabrican” una nota de renuncia contra el gobernador del Guairá, Rodolfo Friedmann, entre otros espectáculos circenses, que muy poco hablan favor de la imagen de esta nación guaraní.

Todos estos hechos poco auspiciosos ponen al desnudo el país que tenemos. Aquí nada se toma y se hace en serio. Todo gira en torno al amiguismo y a la influencia política. El respeto al estado de derecho no pasa de una cortina de humo, porque ésta es una nación que tiene el “folclorismo del mbaretereato”, expresión poco feliz, pero saca a flote cómo las normas vigentes en el Paraguay son pisoteadas alevosamente.

El país soporta una anarquía insostenible, a pesar de que el Gobierno de Horacio Cartes busca vender, que “este es el país de la transparencia”. Sin embargo, los vicios del pasado reciente continúan tan actuales, que, prácticamente, no ha cambiado nada. El clan Zacarías sigue gozando de la misma impunidad, que tiene desde que tomó el poder comunal paranaense (2001); se continúan “rifando” las grandes licitaciones para obras; los seccionaleros siguen ocupando cargos, que debían ser de personas idóneas; el presidente de la República antepone sus apetencias personales sobre los intereses generales, entre otras prácticas nefastas, que aun llevará muchos años para ser desterradas.

El país de esta manera no llegará nunca a lo que el pueblo sueña lograr; progresista, desarrollista y con oportunidad para todos. Mientras se siga con las improvisaciones, no se avizora un futuro promisor para los habitantes de esta República.

Alguna vez el Paraguay tiene que tornarse serio y creíble, para lograr atraer inversionistas extranjeros, que puedan emplear su capital y así contribuir con el crecimiento del país, hoy sumido en el más absoluto desorden político y social.

Pero este desorden se lo buscó el propio Gobierno, que comenzó a poner en peligro el propio estado de derecho, con la fuerte iniciativa de buscar subvertir el orden constitucional de la República. Pero un pueblo ya maduro cívicamente y decidido a defender la institucionalidad, salió a poner pecho para defender el atropello que estaba siendo objeto el país; lo peor, por sus propias autoridades.

El presidente Cartes tiene la magnifica oportunidad en dejar el Gobierno por la puerta grande, y así poder reivindicarse con el pueblo por errores visibles cometidos, y que son atribuidos a la falta de asesores competentes, que pudieran haber evitado que el mandatario haya llevado en colocar en peligro la institucionalidad del país.

 

Se debe renunciar al país del “cachiai”, del amiguismo, de la compra de influencia, de la corrupción, la impunidad, etc.  Bajo ningún caso así se puede pretender construir un Paraguay serio y responsable, donde impere el respeto al estado de derecho, como existen en todas las naciones democráticas y pluralistas, donde hay equilibrio de poderes e igualdad para todos, sin distinción alguna. Es hora en dejar atrás el país del vyrórei.

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