El papelón del mundial

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Escribe: José Martínez

A una semana de instalado el Mundial de Fútbol Brasil 2014, el acontecimiento dejó ver que en torno al mismo gira mucho más que el inocente interés por la pelota y los malabarismos truculentos que con ella realizan los crack elevados a los más altos picos de idolatraría popular, induciendo a las multitudes a experimentar esta suerte de cautivante delirio colectivo que se define como pasión deportiva.

En esta ocasión el fútbol desató en Brasil lo habitual y propio, a más de la ola de protestas  en contra del gobierno de la presidenta Dilma, que jamás hubiera imaginado que el juego bonito del fútbol,  dejaría abiertas las compuertas de un nivel de conciencia popular en relación a las falencias y debilidades de su gestión gubernativa que  no pudieron ocultarse esta vez, tras el ruidoso entusiasmo de los fanáticos  de todas partes del mundo  coreando la victoria o enmudeciendo ante la derrota de sus delegaciones.

El pueblo brasileño, usó el placer que le produce el fútbol para manifestar su descontento y exponer sus heridas sociales más profundas, y lo hizo, probablemente porque sintió que la presente edición del Mundial Brasil 2014, no solo trajo al fútbol planetario a sus lujosos estadios deportivos, también desnudó la pornografía de todos los pecados capitales del poder político.

La Copa del Mundo del 2014 ha costado a Brasil 11.000 millones de dólares, y hoy en día hay brasileños que viven en campamentos después de haber sido expulsados de sus hogares en el periodo previo al torneo, por no contribuir a la imagen que el gobierno pretende ante el mundo.

Los problemas estructurales de Brasil; corrupción, falta de educación, poco acceso a la salud pública y al transporte de calidad, son más importantes que el fútbol para los ciudadanos.

Y he aquí probablemente lo que el gobierno ha subestimado. El pueblo ama al fútbol, pero más, un nivel de vida digno y por ello es que reclaman más acción a Dilma Rousseff. Sin duda en una actitud de madurez que muestra al pueblo del Brasil entre los pocos del mundo, capaces de diferenciar entre el valor insustituible del pan y el divertido pasatiempo del circo.

Al parecer se dio un enfoque incoincidente de prioridades en el gobierno y el pueblo, el primero priorizó al mundial, la gente, que la inversión llegue en mejores sistemas de servicios, y se hace escuchar con estas protestas que le sacan el sueño y la tranquilidad al gobierno de la Rousef.

Desde las sobrefacturaciones millonarias hasta las negociaciones sospechosas con la FIFA, además de la trágica vida de miles de brasileños que no tienen para comer y viven de lo que encuentran en la basura, fueron los ingredientes de una bomba popular que aun no sabemos si será desactivada o explotará antes de que se sepa el nombre del nuevo campeón.

 

De antemano, lo que ya se sabe es que el gran campeón del mundial Brasil 2014 es el pueblo y ello no significa precisamente que su equipo de fútbol logre el título mundial.

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