El “rumbo” cartista autoritario está dañando a la economía

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Escribe: Luis Alen.

 

Después de más de diez años de un crecimiento económico continuo que ronda el 4 por ciento anual, el Paraguay puede empezar a bajarse del sitial privilegiado que ostenta en Latinoamérica como una de las economías de mayor estabilidad y expansión, al generarse condiciones políticas diferentes a las que habían propiciado en la década precedente el modelo amigable para un clima de negocios dinámico.

Paradójicamente, los gobiernos de Nicanor Duarte Frutos y Fernando Lugo estaban más inclinados ideológicamente a los regímenes de izquierda boliviarianos que habían prevalecido en dicho período en el continente sudamericano, pero respetaron las reglas de juego para la inversión privada en la economía, sin que las decisiones políticas influyeran de gran manera sobre las reglas económicas y de negocios.

Con el gobierno del “nuevo rumbo” cartista, abocado en los últimos dos años a una carrera en procura de la hegemonía del poder, ocurre todo lo contrario. Pese a que es de extracción empresarial, el cartismo da señales de corte autoritario en la política que impactan en la economía, principalmente en sectores claves que poseen una participación importante en el total de la inversión y de la actividad productiva en general.

Además del emblemático caso de la falta de acuerdo político en el Congreso para poner en ejecución el presupuesto de 2017, debiendo estar en vigencia por ello el presupuesto de 2016 con consecuencias evidentes en el comportamiento de las inversiones estatales y en la contratación de préstamos externos, el Gobierno de Horacio Cartes ha tomado medidas inconsultas en el terreno tributario con una discutida reglamentación del Impuesto a la Renta Personal (IRP), al mismo tiempo que ha adoptado medidas monopolistas a favor de la empresa petrolera estatal Petropar, en detrimento de las inversiones privadas en el sector, tanto en la distribución de combustibles como en el gas que ahora se importa de Bolivia.

La falta de progreso en la lucha contra la guerrilla del EPP y la inseguridad creciente en todo el territorio nacional, han llevado también a los productores agropecuarios a aminorar sus inversiones en el campo, a la espera de una mejora de la situación en este sector económico vital para el país.

Bajan las previsiones del PIB

Tanto el Banco Mundial como el Banco Central del Paraguay están ubicando el crecimiento económico del Paraguay en 2017, en torno al 3,7 por ciento anual, que es levemente inferior al nivel alcanzado en 2016 de 4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB)

Sin considerar las binacionales hidroeléctricas y la agricultura (especialmente la producción de soja que rondará esta cosecha en el récord de 10 millones de toneladas), el BCP habla del débil desempeño a finales del año pasado de la ganadería y la industria cárnica, la construcción y algunas ramas del sector terciario, que están llevando a la baja la estimación del incremento del PIB en el transcurso de este año. De hecho, no dejó de mencionar el Banco Central la menor venta reportada por el comercio en el último trimestre de 2016, lo que se reflejó en un movimiento menos dinámico al esperado por los comerciantes.

En la frontera, existe la esperanza que el comercio repunte con la venida de compradores brasileños principalmente, motivados por la apreciación del real frente a la moneda norteamericana.

Mientras tanto, el Banco Central habla de “factores ajenos” a la política monetaria que están incidiendo en la desaceleración del ritmo económico, como queriendo expresar el dañino efecto que podrían tener a la larga en la estabilidad macroeconómica alcanzada mantenida hace más de diez años, las medidas políticas del Gobierno que influyen en forma negativa en las decisiones de inversión de los hombres de negocios en el país.

Después de bastante tiempo, la política empieza a marcar las pautas a la economía, lo que no habla muy bien del “nuevo rumbo”, que en vez de respetar las reglas claras y permanentes para la inversión privada, que habían prevalecido desde por lo menos 2004, quiere cambiar las normas a mitad del “partido”, lo que no llega a convencer a los inversionistas.

 

Como se sabe, el capital es el más cauteloso factor que existe a la hora de las decisiones de los agentes económicos. Si se cambian las reglas en forma súbita por el propio Gobierno, y para peor en beneficio de un grupo empresarial en el poder, lo que más se puede esperar es que los datos macroeconómicos empiecen a desmejorar, como está ocurriendo lamentablemente en este inicio de año.

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