
Escribe: Luis Alen.
Petróleos Paraguayos, la empresa del Estado que se encarga de la distribución de combustibles en el territorio nacional, tiene actualmente 170 millones de dólares depositados en el Banco Nacional de Fomento (BNF), pero el control y destino de estos fondos se hallan en entredicho.
Como demostración de que sin una efectiva e independiente fiscalización estos recursos que pertenecen al pueblo paraguayo podrían ser mal utilizados o incluso dilapidados antes de terminar la actual gestión cartista, en vez de privilegiar la cancelación de la deuda con la petrolera venezolana PDVSA por alrededor de 300 millones de dólares, los directivos del ente no tienen otra mejor idea que autorizar en forma totalmente arbitraria y sin ningún parámetro lógico, el pago de jugosas “indemnizaciones” por retiro voluntario, que alcanzan sumas astronómicas.
Los beneficiados son algunos paniaguados o dirigentes sindicales, que para los mandamases de turno del Gobierno estarían mejor fuera de la empresa, pero con el premio de mandarse mudar en algunos casos con 600, 800 y hasta 1.000 millones de guaraníes de compensación por su gesto de “renunciar en forma voluntaria”.
¿Así acallan las críticas?
Lo peor es que, en algunos casos, la administración petrolera recurre a estos pagos para desprenderse de ciertas voces críticas, como las de los sindicalistas, y de algunas secretarias o funcionarios caídos en desgracia que podrían patear la olla, en momentos en que Petropar mantiene su disponibilidad de decenas de millones de dólares en el BNF, que son fruto de la venta obligatoria de combustibles a los emblemas privados, gracias a los decretos de 2015 que le dieron la mitad del mercado del gasoil al ente.
La empresa estatal utiliza también estos fondos para competir en forma desleal con el mismo sector privado del cual se nutre de recursos, subsidiando el precio de la caña de azúcar para la planta alcoholera de Mauricio José Troche; para subvencionarlas estaciones de servicio que se van instalando con el emblema Petropar; para ofrecer por 20 mil guaraníes menos la garrafa de gas, que procede de Bolivia y es adquirida en el vecino país por precio similar al comprado por el gremio de fraccionadoras privadas; y para realizar en algunos días las ofertas de menores precios de combustibles en las estaciones de servicio de la entidad.
Pero el asunto no termina allí, porque los descuentos de Petropar al público consumidor de combustibles y gas estarían escondiendo no sólo el afán populista y electoralista de HC, sino también la posibilidad de groseros negociados con las compras de combustibles en el exterior.
Esto es así, porque el ente petrolero cuenta con vía libre del propio Horacio Cartes para compras directas sin licitación en el mercado internacional “spot” de combustibles, donde las fluctuaciones pueden traer aparejadas pingües comisiones para los administradores de la empresa y responsables de la conducción nacional.
El decreto de autorización de HC, el 5.520 del 27 de junio de 2016, se inscribe en otro eslabón más del proceso iniciado con la “reserva de mercado” de hace dos años, que le permite a Petropar no precisamente su saneamiento financiero, ya que continúa endeudada hasta la coronilla con PDVSA, sino para manipular los recursos del pueblo con total discrecionalidad y direccionado al cumplimiento de los fines de la permanencia del cartismo en el poder.
Propuestas populistas como el “Ñande Gas” o las campañas de un día de descuentos en los precios de combustibles, tienen el común denominador de “tranquilizar” al pueblo, a sabiendas de que en gran parte de la gestión de HC no hubo reducciones de precios en el gasoil, el principal combustible que mueve la economía del país, y sobre el cual se basa la “ganancia” obtenida por Petropar y cuya demostración se halla en el saldo de su cuenta actual en el BNF.
En definitiva, además de confiscar parte de sus recursos al sector privado con decretos inconstitucionales, los fondos así obtenidos son de la misma gente, a la que se privó de las reducciones del precio del petróleo en el mercado mundial, de los últimos dos años.




























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