Definitivamente, pareciera, que se institucionalizó la corrupción en la Dirección de Tránsito de la Municipalidad de Ciudad del Este, donde los “zorros” cada vez se tornan más voraces.
Los policías municipales continúan de manera desenfrenada aplicando su “golpe” a los conductores de todo tipo de vehículos, que circulan por el microcentro de la capital del Alto Paraná.
Mientras todo esto ocurre, bajo la “capitanía” del ex militar Carlos Florenciáñez, la responsable del ejecutivo comunal, Sandra McLeod de Zacarías, se llama al silencio y se hace de la desentendida. Todo ocurre bajo un manto de impunidad de las autoridades, quienes deberían de tomar medidas contra los inescrupulosos funcionarios.
El cinismo es lo que impera en la institución paranaense, donde de boca para afuera se enfatiza la “honestidad y transparencia”, pero al interior de la municipalidad se olfatea un olor pestilente, regada de una corrupción galopante.
Pareciera que el clan Zacarías no llega a dimensionar el hecho y continúa burlándose del pueblo, haciendo lo que se le antoja con el dinero de los contribuyentes.
Aquí es sencilla la ecuación. Si las autoridades municipales, liderada actualmente por Sandra McLeod, continúan ofreciendo impunidad a quienes deshonran la institución, son cómplices o encubridores; porque no se puede acallar los hechos de corrupción, en donde aparecen involucrados funcionarios municipales.
La intendenta tiene la responsabilidad de tomar las medidas pertinentes, a fin de ganar la confianza de la ciudadanía. Sin embargo, en este municipio fronterizo ocurre totalmente lo contrario, donde lejos de castigar a los inescrupulosos, se los premia, como en el caso de Florenciáñez, a quien Sandra McLeod de Zacarías le restituyó en el cargo, después de un año, tras destituirlo por flagrantes hechos de corrupción.
El clan Zacarías debe terminar con la hipocresía, si desea continuar ganando la confianza de la población. De lo contrario, terminará cayendo en el abismo, cuyas consecuencias puede tener un alto costo político para esta familia, que desde el 2001 se encuentra al frente del segundo municipio más importante de la República.
La municipalidad de Ciudad del Este no puede seguir siendo un mercado persa, donde todo el mundo lucra, y lo peor, no de una manera muy santa. El clan Zacarías prostituyó la institución, donde la excelencia del funcionario se mide por su grado de inescrupulosidad. Esto lo decimos con absoluta responsabilidad, amparado en casos de denuncias contra empleados comunales, salpicados por hechos irregulares en el ejercicio de la función.
El próximo gobierno que vendrá tiene la enorme responsabilidad de ordenar la casa, y exigir que el dinero del Estado sea distribuido correctamente en beneficio del pueblo, y no para privilegiar a grupos de poder, que a costa del sudor y sacrificio de la población se estén llenando los bolsillos.
La impunidad es una palabra que debe ser desterrada del diccionario del futuro inquilino del Palacio de López, si en verdad tiene la verdadera voluntad política de sanear el país. Es hora de acabar con el desangre de esta nación guaraní.




























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