Una cúpula de políticos, que desde un principio se adueñó del segundo municipio más importante de la república, Ciudad del Este, está viviendo sus horas más difíciles, desde que tomó el poder municipal de este distrito fronterizo, hace una década y media atrás.
Estamos hablando del clan Zacarías, que involucra al gobernador del Alto Paraná, Justo Zacarías, su cuñada, Sandra McLeod (esposa de Javier Zacarías), intendenta de Ciudad del Este, Alejandro Zacarías, actual concejal municipal paranaense e hijo de la primera autoridad departamental y el director de la orquesta, Javier Zacarías Irún, quien es el que ordena y ejecuta todo lo que sucede en esta localidad del décimo departamento. A esto hay que sumar varios adulones al servicio de este grupo político.
Los Zacarías tomaron el poder comunal en el 2001, y desde ese tiempo a esta parte han manejado y administrado a tambor batiente los recursos públicos de la municipalidad, sin que los verdaderos dueños del dinero (los contribuyentes) sepan a dónde va a parar lo que tributan anualmente.
El pueblo se ha levantado ante la imperante corrupción denunciada en la institución, sin que las autoridades responsables tomen carta en el asunto. Esto hace que se esté viviendo horas difíciles en esta capital fronteriza de la república. Y por primera vez en 15 años les empieza a temblar los pulsos al clan, que hasta el año pasado tenía todo bajo control en la institución municipal, con una mayoría obsecuente de ediles, que apañaban los robos y saqueos que se registran en la comuna.
No conoce
de control
Desde que el clan Zacarías se instaló en el poder municipal, en el año 2001, la institución no conoce de ningún control externo por parte de organismo fiscalizador del Estado, como de la Contraloría General de la República (CGR), que por una trasnochada resolución del entonces juez Manuel Seafildin impidió que el máximo órgano contralor de la República audite la sospechada administración de los Zacarías. Y lo más grave de todo esto, es que nadie ha reaccionado ante la violación de la ley y la propia Constitución Nacional.
La Corte Suprema se llamó al silencio, tampoco reaccionó el poder Legislativo y mucho menos el Ejecutivo. Al final, ¿para qué se creó entonces la CGR?
Autoritarismo, sería el final…
Desde hace unos años atrás el jefe del clan, Javier Zacarías Irún, como una especie de coraza, empezó a mostrar públicamente su hilaya de autoritarismo, donde sacó a relucir aquella frase célebre de varios dictadores: “Para mis amigos todo, para los enemigos, la ley”. Esto lo pronunció durante una de las movilizaciones ciudadanas, cuando se le exigió, como tantas veces, transparencia de gestión en la municipalidad de la capital del Alto Paraná.
El político esteño, cuando se instaló en la comuna fronteriza, pasó a convertir en un búnker la institución, sin que ningún órgano de control pueda ingresar y mucho menos la ciudadanía. Empezó a idear, gracias a la impunidad otorgada por la justicia, la manera de esquilmar las arcas públicas, que tras 15 años en el poder lo convirtió en uno de los hombres más ricos del país. Pero a diferencia de muchos otros que enriquecieron honestamente, el jefe del clan progresó gracias al despojo del dinero de los contribuyentes, que al final es de toda la población esteña.
La actitud de prepotencia y autoritarismo que comenzaron a crecer en el reducto del clan, liderado por Javier Zacarías, sería apenas el principio del fin de más de 15 años de un manejo absolutista y tirano, que le permitió saquear la municipalidad y dejar en la más absoluta desolación la otrora capital mercantil del Paraguay, Ciudad del Este.
Horas difíciles
Ante tantos abusos contra la ciudadanía, este perverso clan político capaz viva sus horas más difíciles, que inexorablemente lo conduce a un camino sin retroceso: su desaparición de la sociedad paranaense. El pueblo soportó estoicamente años de improperios y prepotencia de los Zacarías, y hoy sale a la calle a exigir justicia. Si no abandonan por las buenas, terminarán como otros tenebrosos dictadores de la historia reciente, como Stroessner, Hussein, Gadafi, por citar algunos.




























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