Impacta fuerte en la economía la crisis del comercio fronterizo

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Escribe: Luis Alen.

 

En Ciudad del Este, están cerrando 1.000 comercios por año, por lo menos desde 2012, lo que se agravó aún más en 2015 con la profundización de la recesión en Brasil. Las condiciones externas de la economía paraguaya han sido particularmente poco propicias, pero las mismas podrían haber sido mitigadas por una política anticíclica de inversiones públicas en base a una planificación que incluya las acciones del sector privado.

El gran endeudamiento con los bonos soberanos se demostró insuficiente para frenar la reducción en el crecimiento de la economía, que llegó sólo al 3 por ciento, del 4 por ciento o más que era inicialmente la meta.

Si no fuera por la realización de los proyectos ya previstos en la construcción, por parte del sector privado, el ritmo de actividad económica podría haber tenido un freno mucho mayor aún.

 

Crisis en el intercambio comercial

El resultado negativo en el comercio exterior ha reflejado lo ocurrido en la economía en su conjunto. Se tuvo una contracción importante tanto en las exportaciones como en las importaciones lo que, para el perfil de la economía paraguaya, implica una disminución en el ritmo de desarrollo que no se consideraba en las expectativas optimistas de años anteriores. Adicionalmente, se debe considerar que se inicia un año muy complejo por el factor climático adverso con una economía que genera poco impulso positivo.

Las exportaciones en 2015 disminuyeron 16,5 por ciento en valor, mientras que en las importaciones la reducción fue de 14,6  por ciento.

Dentro de las exportaciones, la disminución fue general, en algunos casos más en valor que en volumen, pero se dio en todos los rubros principales.

El valor exportado fue el menor en los últimos cinco años. Pero la reducción en las reexportaciones fue aún mayor, de 26,5 por ciento, como reflejo de la crisis brasileña.

La conformación de la economía paraguaya aparece claramente cuando se distingue los tipos de exportación: predominan los productos primarios y sus manufacturas (65 por ciento del total), así como las exportaciones de energía eléctrica (25 por ciento). El sector de industrias que no tienen base agropecuaria aumenta su participación (9 por ciento del total, contra 7,8 por ciento en 2014), especialmente con las industrias de maquila, que se desarrollan con más preeminencia en la zona fronteriza.

Las importaciones también tuvieron un perfil decreciente, tanto las que se destinan al mercado interno (-10,8 %) como las que son para reexportación (-38,5 %).

La disminución de importaciones se da en casi todos los rubros, pero tiene especial significación la reducción en bienes intermedios y de capital, que son precursores de la dinámica económica futura: las importaciones de  bienes intermedios cayeron 17,9 por ciento comparado con 2014 y las de

bienes de capital disminuyeron 16,9 por ciento. Estos rubros incluyen los combustibles, insumos químicos agrícolas y maquinaria agrícola en general.

A estos factores, se debe agregar los impactos múltiples de la condición climática que ahora impone “El Niño” y el ciclo de crecida del río Paraguay que tendrá su pico entre mayo y junio.

Para la gestión del Gobierno, implica dedicar recursos y atención a la emergencia, sin descuidar la ejecución de obras públicas, que se considera imprescindible para lograr un efecto anticíclico, y que sea como un paliativo a los factores recesivos que inciden en el desempeño económico del país.

 

Un estilo de gobernar

Cada vez que hay una reunión entre empresarios de Ciudad del Este y, en general, de toda la frontera, los funcionarios del Gobierno prometen acciones a partir de las quejas y sugerencias de los hombres de negocios, que incluyen medidas como un nuevo régimen impositivo para el comercio de importación de productos reexportables (ej. Régimen de Turismo) o la ampliación de las listas de productos con trato especial, pero más allá de estos ítems obligatorios de la realidad del día a día de los comerciantes, las autoridades aparecen como siempre lo han sido, incluso en gobiernos anteriores: incapaces de ensayar un plan estratégico para la actividad comercial de frontera.

En el Gobierno de HC se ha vuelto crítica la situación, no sólo por la incapacidad de armar una política anticíclica para enfrentar los embates regionales provenientes de las devaluaciones de Brasil y Argentina, sino por el mismo estilo de gobernar del presidente, que definitivamente no está dispuesto a exigir a su “selección nacional” de ministros y técnicos la ejecución del plan de desarrollo nacional, ni a sentarse a plantear a los vecinos del Mercosur un nuevo relacionamiento consistente en un estatus de país con desarrollo industrial, con posibilidad de usar su excedente energético saliendo del esquema de mero exportador de materias primas y de país triangulador o contrabandista.

Pese al recurso de duplicar la deuda externa en dos años y medio de gobierno, no evitó la actual administración el menor ritmo de actividad, aún cuando se benefició al mismo tiempo del hecho de que el Paraguay venía teniendo desde los mandatos de Lugo y Franco una buena fama internacional por tener un amigable ambiente receptor de inversiones privadas, lo que se ha plasmado en las abundantes construcciones en curso de realización y terminación.

Especialmente con Brasil la relación no ha pasado de los discursos de buena vecindad, con la esperanza puesta en que más inversiones del vecino país vengan a radicarse aquí. Pero el hecho cierto es que las autoridades de Brasilia no tienen la menor predisposición de conceder al Paraguay la zona franca Mercosur a la cual tiene derecho, y a ubicarse eventualmente en Ciudad del Este, o a subir la cota de compras de los turistas brasileños. Por el contrario, han puesto en peligro todo este sistema de intercambio y complementación con la ley de los “duty free shops” de frontera.

A esto se agregan los periódicos operativos militares de cerrojo en la frontera, para detener el contrabando de cigarrillos, de electrónicos  y de otros productos, así como drogas y armas provenientes del Paraguay, lo que lleva a pensar que subyace una agenda intocable y no sujeta al buen trato diplomático entre las autoridades paraguayas y brasileñas.

El presidente Cartes, por su parte, pese a sus discursos en los cuales pide a los empresarios brasileños “usar y abusar” del Paraguay, no ha escatimado el riesgo de hacer correr a los inversionistas con medidas como el freno al interés de las tarjetas de crédito, que afectó a uno de los principales bancos de Brasil, el Itaú, y de paso también produjo un importante bajón en las ventas de los comercios, afectando a la vez el consumo de la población, en el último tramo del año 2015.

Otra medida a la cual se opuso tenazmente la compañía brasileña Petrobras, fue el monopolio parcial dictado por HC a favor de Petropar, al terminar con la libre importación naftas que regía desde 2000.

Este modo de proceder de Cartes explica de algún modo la falta de un plan genuino de desarrollo y de reactivación del aparato productivo, al estar sujeta la programación económica a los vaivenes políticos y a las prioridades para mantener el poder que tiene el presidente de cara a la coyuntura política.

Esta manera de controlar la economía con medidas “políticas” esconde indudablemente el “lado oscuro” del cartismo, cuyo fin inconfeso ha sido siempre la permanencia en el poder.

El riesgo es muy grande, porque puede llegar a desestabilizar la macroeconomía, como ya se está evidenciando con la medida de las tarjetas, que invadió atribuciones del Banco Central sin que el directorio del ente monetario siquiera atinara a oponerse a una medida que se sabía podía afectar el consumo y el ritmo de crecimiento económico.

O, peor aún, que la “persecución” a Petrobras ahuyentara a otros hombres de negocios que estaban pensando invertir en el país por la fama que venía adquiriendo el Paraguay de ser estable y abierto a las inversiones, con seguridad jurídica y normas predecibles que no se cambien en un abrir y cerrar de ojos, como ocurrió en el caso de los combustibles.

 

El costo político

Después que en 2015 el presidente Cartes priorizara durante meses la interna política partidaria del coloradismo, así como las elecciones municipales, al final del año se encontró con la realidad de un creciente descontento popular por los magros resultados económicos y sociales del gobierno.

Comenzaron así las tímidas movidas en el gabinete, en los inicios de este año, ante la falta de resultados en el sector productivo, como el caso del despido al ministro de Agricultura, Jorge Gattini, o de la ministra de Justicia, Sheila Abed, por la crisis carcelaria irresuelta en años, a pesar de que fue “premiada” con un puesto en el consejo de la binacional Yacyretá, supuestamente para liderar el nuevo proceso negociador con la Argentina.

Se le va a hacer cuesta arriba a HC levantar su alicaída popularidad, porque para la reelección tendrá que utilizar no sólo su billetera, sino deberá convencer a los líderes del partido Colorado, lo que no le será fácil.

El único recurso que le queda en 2016 es la reforma constitucional, mientras que su potencial rival en 2018, Fernando Lugo, está pendiente de su habilitación para competir de un dictamen de la Corte Suprema, que ya se sabe desde ahora tiene la sartén por el mango para definir el futuro político del país.

 

Mientras tanto, en las encuestas Lugo le supera holgadamente a Cartes, por lo que en los mentideros políticos se habla de que éste último necesariamente deberá pactar con aquél una alternativa válida que le permita al cartismo seguir vigente después de 2018, ya sea para seguir gobernando o, por lo menos, para contar con alguna protección o impunidad ante lo que vendrá después, es decir los consabidos reclamos, judiciales o de otra índole, originados en su gestión.

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