Escribe: Luis Alen.
No resulta lo más acertado volver a cerrar la economía en Ciudad del Este tras el comprobado fracaso del Gobierno de Marito de reforzar la infraestructura hospitalaria. Si un peligroso y desconocido virus obligó a la inactividad comercial desde marzo, tras cuatro meses la incompetencia del Gobierno para fortalecer el sistema de Salud ya no debe afectar la economía.
Sin que se justifique la violencia vandálica contra personas y bienes materiales, la reacción de los habitantes de Ciudad del Este contra la vuelta a la cuarentena casi total es la lógica respuesta de una ciudadanía frustrada por el enorme tiempo desperdiciado que tuvieron las autoridades para poner a punto el sistema sanitario del Alto Paraná y de todo el país.
Hay que recordar que el Gobierno cerró la frontera y los comercios de las ciudades fronterizas por el riesgo de la expansión del coronavirus a todo el territorio nacional, como también por la necesidad de dotar a los hospitales de más terapias intensivas e insumos médicos, además de laboratorios con los cuales realizar con mayor rapidez los testeos indispensables para rastrear al patógeno.
El dilema de hierro de “salud o economía” se inclinó entonces hacia lo primero, pero ya se recordaba que no serviría bajo ningún sentido profundizar la dicotomía, priorizando un largo período de inactividad económica en aras de la defensa sanitaria, como precisamente ocurrió nuevamente en estos días, con un Gobierno de Marito Abdo manteniendo la única alternativa de la vuelta a la clausura comercial por el agravamiento de los contagios comunitarios.
Esto lleva a una desagradable constatación, como es el caso de la inutilidad del Gobierno para reforzar en los cuatro meses el sistema sanitario al tener sólo en la región unas 40 camas de terapia intensiva, sin aumentar al mismo tiempo como era de esperar la cantidad de los demás equipamientos hospitalarios, además de la escasez crónica de médicos expertos en UTI, recursos humanos auxiliares y los indispensables elementos de protección.
El hambre no espera
Es cierto que no es culpa del Gobierno la contagiosidad extraordinaria del nuevo coronavirus, pero ¿quién garantiza que con 15 días de nueva cuarentena general se aplanará la curva, si tras dos meses de apertura “inteligente” gradual no se logró nada?
Mantener la defensa sanitaria con una estrategia que matará más gente de hambre que por la propia enfermedad no aparece como la más indicada, a estas alturas de un tiempo precioso perdido por el Gobierno para reforzar la primera línea hospitalaria de combate al virus.
Se debe entender que hay resquemor de la gente ante la falta de un mea culpa del Gobierno por sus falencias en materia de ejecución del gran presupuesto destinado a Salud de US$ 600 millones con la emergencia, al ejecutar sólo US$ 7 millones. Pero también se acrecienta la contrariedad porque se vuelca todo el peso de la crisis sanitaria sobre las espaldas del sector más golpeado de la economía, como es el informal. Es decir, sobre el pueblo trabajador que araña para llegar no ya a fin de mes, sino al final de la jornada con su tarea de aplanar la calle todos los días.
Si ya hace tiempo se viene insistiendo en que todos los gobiernos desde hace unos 20 años no han tenido una estrategia adecuada para la reconversión de la actividad formal e informal de Ciudad del Este y las demás urbes fronterizas, ahora con más nitidez resalta la incapacidad gubernamental para encontrar una salida al acuciante problema actual de los pequeños negocios que viven del comercio fronterizo y de la entrada de compradores del otro lado.
Las promesas de paliativos asistenciales no solucionarán el problema de fondo de las ciudades fronterizas, por lo que el reclamo debe ser no sólo ya los consabidos “parches”, sino la adopción de un plan de largo plazo que lleve a un proceso de reactivación sobre la base de la industrialización y el aprovechamiento de la energía eléctrica de Itaipú, especialmente en el área metropolitana de CDE, la segunda mayor concentración urbana del país después de Asunción y el departamento Central.




























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