Inseguridad vs. incapacidad

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La inseguridad en el gobierno de Horacio Cartes se ha multiplicado de manera alarmante, marca nunca alcanzada en los gobiernos anteriores. Desde abril del 2014 hasta agosto del 2017 se han registrado 16 secuestros de personas, de las cuales dos fueron ejecutadas en pleno plagio.

Esto apenas es un dato de la terrible inseguridad que se vive en el país, y donde el gobierno no encuentra una vía de solución a los graves problemas que existe a nivel delincuencial. Curiosamente en la era Cartes los hechos delictivos se han disparado, y donde la contención es casi nula.

Las tareas de los organismos de seguridad no surten efectos y la población está a merced de los delincuentes. La zona norte del país está bajo control del autodenominado grupo criminal, Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), que no encuentra barrera para aplicar su “golpe”.

A pesar de que el Estado destina multimillonario recurso para el despliegue de tropas en esa zona,  hasta hoy no arrojó resultados muy auspiciosos. Al contrario, continúan produciéndose secuestros y muertes de uniformados y civiles en manos de facinerosos, que se autodeclaran guerrilleros, “luchadores por la causa social de la República” (sic).

Además se debe sumar en este gobierno el superlativo crecimiento del tráfico de droga, contrabando y curiosas muertes de políticos y periodistas. El mandatario paraguayo cuando asumió el poder, el 15 de agosto del 2013, había afirmado ante el pueblo paraguayo y el mundo, que la mafia no le marcaría su hoja de ruta. Pero a más de 4 años de gestión, ocurre totalmente lo contrario. La criminalidad, penosamente, maneja las riendas del poder en el  Paraguay.

Pero para lograr revertir esta complicada situación socio-política que soporta el país, debe existir una sincera voluntad política del gobierno de turno. Las autoridades deben tener respeto al estado de derecho, a la Constitución y la ley, abandonando el avasallamiento a las normas jurídicas, al que se nos tiene muy acostumbrados en los últimos tiempos.

Cada paraguayo y quienes habitan el suelo guaraní deben sentirse seguros en sus derechos y atribuciones. Debe haber respeto y el abandono, de una vez por todas, del “mbaretereato”, que a nada beneficioso conduce para el desarrollo de esta república.

Muy por el contrario, le conduce al atraso y al ostracismo, que nos ubica entre las naciones menos desarrolladas, como también la menos creíble y entre las más corruptas del planeta. Sin embargo, el gobierno de turno ni se inmuta, ni hace nada para intentar revertir la pésima imagen que deja esta combativa república sudamericana.

Está demostrado que al presidente Horacio Cartes poco o nada le importa el bienestar el pueblo paraguayo, al seguir anteponiendo sus intereses personales o sectarios sobre los grandes intereses de la nación. Practica un discurso cargado de hipocresías. Se pasa enfatizando seguridad para la población, pero ha disparado la delincuencia; se pasa hablando de transparencia de gestión, pero se no desliga de políticos y amigos involucrados en escandalosos hechos de corrupción, como Javier Zacarías, Víctor Bogado y otros próceres.

 

La única conclusión que se puede sacar de esta terrible realidad por la que atraviesa el país, es la espantosa incompetencia del Gobierno de Cartes, para solucionar la inseguridad y otros males que aquejan a la ciudadanía.

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