Insisten en pisotear la CN

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El presidente de la República en un arranque de soberbia y autoritarismo continúa insistiendo en su reelección, presionando a los funcionarios públicos con la recolección de firmas, para una eventual supuesta enmienda constitucional, que jurídicamente es inviable, así como lo establece el artículo 229 de la Carta Magna.

Sin embargo, Cartes, atrapado por la obsesión de poder lleva adelante, junto a su entorno político, una feroz campaña de mentira al pueblo, para buscar de esa manera lograr introducir una enmienda a la Constitución, que desde todo punto de vista es ilegal, porque el proyecto ya fue tratado en la Cámara de Senadores en agosto del 2016, cuando fue rechazado y enviado al archivo.

Recién después de un año puede ser nuevamente discutido este plan de enmienda. Sin embargo, el entorno gubernamental actual está dispuesto a romper el orden jurídico del país, hasta conseguir el objetivo, cual es la reelección del presidente Horacio Cartes. ¿Qué deberá haber detrás de esta obsesión ciega del presidente? Hay muchos interrogantes, que muy pronto quizás saltarán a la luz pública nacional.

Nunca antes, en la era democrática, un jefe de Estado se empeñó tanto en buscar la reelección, por encima de lo que dictan algunos articulados de nuestra actual Carta Magna. Esta postura asumida por la principal cabeza del gobierno hasta se torna peligrosa y perjudicial para la imagen del Paraguay, tanto a nivel interno y externo.

Es penoso y vergonzoso que se esté discutiendo para desvirtuar nada menos que la propia Constitución Nacional, el orden jurídico que debe regir los destinos de esta república. Sin embargo, intereses mezquinos y sectarios, peligrosamente,  está haciendo retornar al Paraguay a la época oprobiosa, donde se pisoteaba y se violaba permanentemente las normas legales que regían en el territorio guaraní.

El presidente Cartes tiene que rever urgentemente esta aventura que esta emprendiendo con claro fin personalista, ya que pone en peligro la institucionalidad de la República. El mandatario debe darse cuenta que muy poco está haciendo con esta actitud para enaltecer la imagen del país, principalmente en el extranjero.

Solamente en una nación tercermundista se puede estar discutiendo el contenido de una Constitución, cual es la ley madre rectora en una república, que se jacta de demócrata. Si en un país más serio ocurriese esto, hace tiempo la justicia tomaba carta en el tema, y los escamoteadores, procesados por la justicia. La Constitución no se discute, sino se acata.

Un verdadero estadística se preocupa por el devenir de un país, y no antepone sus apetencias personales, como lo viene haciendo el presidente Cartes, que insiste por todos los resortes ilegales existentes lograr su reelección para el 2018.

Hay tantas necesidades de carácter social y económico, que el Gobierno tiene la obligación de resolver. Sin embargo, no hay una política de Estado que permita llevar a una solución razonable, como debería ser una administración seria y responsable. Aquí se priorizan los intereses políticos, por encima de los intereses de la nación.

 

Muy poco se está haciendo por la imagen del Paraguay, principalmente, en el campo internacional. Siempre se  nos tildó de “país bananero”, porque no hay respeto a las normas legales de la nación. La Constitución y las leyes no son cumplidas irrestrictamente, sino se aplican de acuerdo al humor de los más poderosos. La equidad y el equilibrio de la justicia sólo están en la teoría, mientras que en la práctica se hace todo lo contrario. 

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