La ciudadanía esteña aguarda con expectativa que el futuro gobierno, liderado por Mario Abdo Benítez, que asumirá el poder el 15 de agosto próximo, honre la palabra empeñada durante la campaña electoral, en acompañar la intervención de la cuestionada y corrupta administración municipal del clan Zacarías.
Este espinoso tema es una piedra en el zapato de cada uno de los habitantes de este distrito fronterizo, que espera que las nuevas autoridades que tomarán las riendas del país demuestren una verdadera voluntad política de extirpar este mal, que se llama clan Zacarías. Esto apenas es una gota en el océano, porque casi todo el Paraguay sufre del cáncer, llamado corrupción.
A la administración de Marito le aguarda una difícil misión, cual es combatir este terrible mal, que tanto daño ya ha causado a esta república. La falta de patriotismo y la nula voluntad política de los sucesivos gobiernos de turno ha llevado a los paraguayos a la extrema pobreza, que sobrepasa el 50 por ciento.
Ya le tiene acostumbrado al pueblo, ese día en que el nuevo gobernante recibe la banda presidencial, se embriaga en hermosos discursos, prometiendo transformar el país, para generar el anhelado desarrollo, combatir la pobreza, la inseguridad, la corrupción, generar puestos laborales y oportunidad para todos los paraguayos, etc.
Sin embargo, a la hora en que debe poner en ejecución el programa de gobierno, nunca llega ese momento, como ocurrió con el actual mandatario Horacio Cartes, que constituyó una de las mayores decepciones como gobernante para la ciudadanía. Cartes, lejos de preocuparse por el devenir de sus compatriotas, se pasó priorizando impunidad para sus “amigotes” de turno, a quienes “liberó” para que perpetren todo tipo de tropelías, en perjuicio de las arcas públicas y del estado de derecho.
El cuestionado presidente no tuvo empacho para defender públicamente a los “ladrones” amigos, como Javier Zacarías Irún, Víctor Bogado, Oscar González Daher, Luis Canillas, por citar algunos facinerosos.
Estos errores históricos deben servir de ejemplo al electo presidente Marito, para que no caiga en estos graves desaciertos. La ciudadanía depositó su confianza en el líder de Colorado Añetete, y él es consciente de la gran responsabilidad asumida ante la nación y la debe honrar con trabajo y voluntad política, para quitar a esta república del ostracismo en el que está sumido, desde hace años.
Está visto que el actual gobierno no tiene la mínima voluntad política de transparentar la gestión pública, a pesar de que Cartes con un discurso hipócrita durante todo su mandato enfatizó la transparencia. Pero lejos de que esa palabra se transforme en verdad, se pasó otorgando impunidad a varios políticos, parlamentarios y autoridades que ocupan altos cargos en su gobierno.
Marito ahora tiene la magnífica oportunidad de reivindicar los errores de su antecesor y de otros gobiernos anteriores. De lo contrario, también será juzgado por el pueblo paraguayo. Uno de los compromisos asumidos es respaldar la intervención de la comuna paranaense, lo que no ocurrió en esta administración de Cartes, que muy por el contrario, otorgó blindaje al clan Zacarías. Los esteños claman, ¡intervención ya!




























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