La ciudadanía esteña aguarda con expectativa lo que una mayoría opositora de los concejales comunales prometieron durante la campaña electoral, impulsar la intervención de la municipalidad de Ciudad del Este.
El pueblo paranaense hace una década y media que viene soñando en un nuevo amanecer y así tratar de desalojar a una rosca corrupta que se apoderó del patrimonio público, esquilmando todo el dinero de los contribuyentes, sin generar beneficios importantes para el desarrollo del municipio.
Hoy Ciudad del Este, el segundo distrito más importante de la República está a la deriva, abandonada a su suerte. Una crisis socio-económica se apoderó de ella, y lejos de recuperarse, cada vez se va hundiendo más, sin que hasta ahora aparezca una tabla salvadora por parte del Gobierno Nacional.
A pesar de que la crítica situación económica de la capital del Alto Paraná es una responsabilidad exclusiva de las autoridades nacionales, tampoco el gobierno local o municipal ha contribuido para intentar paliar el grave problema.
Ante que ayudar para revertirlo, emprende una sistemática persecución contra los contados turistas que se llegan hasta los centros comerciales de Ciudad del Este, fomentando así para que los mismos no quieran regresar nunca más a esta región fronteriza. A pesar de las reiteradas denuncias contra los policías nacionales y municipales, los responsables de las instituciones nunca tomaron medidas. Y lo peor, gozan de impunidad por parte de los propios jefes, para “desplumar” a los incautos visitantes extranjeros.
Volviendo al tema central de la intervención, los concejales municipales no deben dejar que se enfríe esa efervescencia de la ciudadanía para realizar el pedido de intervención de la cuestionada gestión del clan Zacarías, que desde el 2001 maneja la institución comunal como un negocio privado.
Tras la victoria de Horacio Cartes, Zacarías se apoyó en este Gobierno, a fin de conseguir respaldo, para evitar así la anhelada intervención. Cartes tendrá que alejarse de Zacarías, porque aparte de ser un aliado peligroso, no puede estar apañando una gestión corrupta, que está plagada de irregularidades, que se observan a simple vista, con la inmensa riqueza acumulada, fruto de la plata de los contribuyentes.
Por otro lado, los ediles tienen la sagrada misión en cumplir la palabra empeñada ante la población, en trabajar para transparentar la gestión del ejecutivo comunal, ejerciendo el papel de contralor. Como primera medida deben pedir al pleno de la Junta Municipal la intervención de la comuna paranaense, que desde hace 15 años no conoce de una auditoría de gestión contable.
Los concejales no tienen que esperar que la ciudadanía comience a perder la confianza en ellos para ejercer su papel de contralor de las cosas públicas. Para tal efecto fueron electos, y están obligados a realizar sus tareas, y no repetir los vicios del pasado, en donde los anteriores ediles se pasaron durante 15 años arrodillándose ante el amo, que se llama Javier Zacarías Irún, cuyo reinado, gradualmente, está llegando a su fin.
Los legisladores comunales se han comprometido con el pueblo, por lo no tienen otro camino que honrar sus labores de concejal. De lo contrario, la ciudadanía le pasará la factura, porque ya no está para seguir soportando penurias y humillaciones por parte de las autoridades insensibles y corruptas. Por tanto, la única expresión que tiene grabada en la mente la población esteña, es ¡Intervención ya!




























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