Juramento ciudadano

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El próximo gobierno no podrá cumplir ni una sola de sus promesas, que las llevó al poder, si no tiene la valentía  de invertir sus mejores afanes en el respeto irrestricto a la ley. Si continúa el carnaval de la injusticia en Paraguay habremos hecho el cambio de gobierno, sólo para que todo siga igual.
La república que nos  prometen será únicamente posible si es celebrada la libertad en el marco indiscutible del imperio de la ley. Los males que sufre nuestra sociedad y atrasa el desarrollo de la Nación tienen el común origen de la burla de que es objeto la Constitución,  ley madre de la república.
Los múltiples problemas que agobian al Paraguay, sean de la naturaleza que fuere,  se desprenden del irrespeto a ley, groseramente perpetrados por los responsables de las instituciones creadas para dar cumplimiento a ella .
Y a sabiendas de aquello que… “Si su Majestad dirige el pillaje”, el resto es una historia ya conocida. La corrupción corre como reguero de pólvora, acomodada en la moral hipócrita de los vasallos del gobierno, que no tiene empacho en cohabitar con los vicios y las perversiones, como si fuera lo más natural del mundo. 
La desalmada cleptocracia no será eliminada del próximo gobierno, allí de nuevo estará en primera fila junto al el elegido por el pueblo, más no debemos temerla, pero, la debemos tener muy identificada y ante cualquier golpe que se le antojara, la ciudadanía deberá, por dignidad y obligación, enfrentarla con toda la autoridad que le confiere la ley.
El gobierno electo por el pueblo debe saber que si la campaña proselitista fue dura, lo más  temerario recién empezará con el ejercicio del poder. Tendrá que enfrentarse cara a cara con el poder, tras el poder, aquella consabida burocracia obesa, viciosa e inepta, acostumbrada al menor esfuerzo y a la mieles de la corrupción, deberá convivir con ella, deberá domeñarla, antes que ella lo haga y finalmente deberá, con la ley en la mano, enderezarla o eliminarla.  
El gobierno que se respeta a sí mismo, a sus electores y a la república, tendrá que hacerse de una agenda, cuya prioridad básica deberá ser construir el imperio de la ley. Dentro de la ley todo, fuera de ella, nada.
El  día después de las elecciones, se nos cortará la fantasía propia del marketing político, desde ese día desaparecerán los rostros arreglados con photoshop y sonrisa  perfecta, propuestos para ocupar el sillón de López, las cámaras, las juntas departamentales y el Parlasur. 
Entonces tendremos a los nuevos servidores de la patria, ciudadanos comunes como cualquier anónimo vecino, a los que a través del voto les habremos investido de autoridad, la necesaria para hacer cumplir la ley. Si así no lo hicieren Dios y nosotros los demandaremos. ¡Lo juramos!

 

Escribe: José Martínez

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