Las constantes lluvias registradas en la región como consecuencia del fenómeno El Niño, permite a las Cataratas del Yguazú ofrecer un gran espectáculo natural, aumentando su caudal en promedio unas 7 veces más de lo normal.
Este recurso natural, compartido entre Brasil y Argentina, de un caudal promedio entre 1,2 y 1.5 mil metros cúbicos de agua por segundo la semana pasada llegó al pico de 9,5 mil metros cúbicos de agua por segundo. Por momentos la administración del Parque Nacional de Yguazú suspendió el paso por la pasarela central.
A pesar del clima, el atractivo permanece abierto al público, sorprendiendo por su belleza a quienes la visitan. El aumento del volumen de agua en la zona de las Cataratas es por las constantes y fuertes precipitaciones que se registran en esa área desde hace 15 días.
Esta situación torna aún más bonito el atractivo, que va camino a lograr otro record en cuanto a cantidad de visitas recibida este año. Entre enero y noviembre de este año, el Parque Nacional de Iguazú tuvo el mejor movimiento. La previsión es que hasta el 15 de este mes la cantidad de visitantes llegue a los 1.550.607. En noviembre, fueron 149.373 visitantes, bien superior a los 138.350 registrados en noviembre del 2014.
Caída
Los turistas que ingresaron en estos días en el lado argentino pudieron disfrutar del estruendo que provoca el agua tras despeñarse desde 80 metros de altura sobre la renegrida roca, para luego seguir su curso hacia la desembocadura en el río Paraná.
Se encuentra dentro del Parque Nacional y es compartida entre Brasil y Argentina. El río que las forma, también llamado Iguazú, nace en el estado de Paraná, en Brasil, y luego de recorrer unos 1.200 kilómetros por una meseta, absorbiendo el caudal de los afluentes que se topa en su camino, llega a un punto donde una falla geológica forma una grieta en la llanura. Como si una gigante pala se hubiera hundido en la tierra separando sus lados.
Un río que viene recorriendo una geografía tranquila, sin demasiados sobresaltos, que de a poco encuentra en su transitar una seguidilla de saltos. Y de repente, unos 80 metros de desnivel que se convierten en una violenta sensación de vértigo: la Garganta del Diablo, combinada con un constante tronar ensordecedor que se sumerge en lo más profundo de la asfixia, para luego mansamente, desembocar a pocos kilómetros en el río Paraná. El visitante encontrará más de 270 saltos a lo largo de los acantilados e islotes, repartidos en la media luna que forma este accidente geográfico.
Fueron descubiertas por los exploradores europeos en el año 1541, por el adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca. En 1984, la UNESCO las declaró como patrimonio natural de la humanidad y en 2011 un certamen internacional las nominó como una de las 7 Maravillas Naturales del Mundo.
Una de las varias leyendas cuenta de la existencia de una serpiente gigante, «Boi», la cual vivía en el interior del río. Para aplacar su ferocidad, los aborígenes una vez por año sacrificaban a una dama arrojándola a las aguas como ofrenda hacia la bestia. En una de esas ofrendas un valiente guaraní raptó a la doncella elegida, para salvarla del tradicional rito, escapándose en canoa por el río.
Al enterarse de la osadía, Boi entró en cólera y encorvando su lomo partió el curso del río, creando así las cataratas y de este modo separó a ambos indígenas.




























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